Ficha

País

USA

Año

1939

Título original

Mr. Smith goes to Washington

Duración

129min

Dirección

Frank Capra

Guión

Sidney Buchman, Lewis R. Foster

Reparto

Jean Arthur, James Stewart, Claude Rains, Edward Arnold, Guy Kibbee, Thomas Mitchell, Harry Carey

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Crítica de Caballero sin espada
Autor: bronte
Fecha: 29/05/2009.
Póster Caballero sin espada

Caballero sin espada

Digerido por bronte

En un mundo que encuentra su mayor satisfacción en señalar las miserias, poco futuro tiene un tipo de cine como el de este director ítalo-americano, basado en dejar al espectador con una buena sensación, con la creencia de que dentro de cada ser humano hay un algo de bondad, que por mucho que "la sociedad le oprima", acaba saliendo a flote. Curiosamente "Caballero sin espada", "Mr. Smith goes to Washington" en el original, fue recibida con grandes pitadas de la prensa y de la clase política. Hasta fue acusada de pro-comunista, por su denuncia de las corruptelas del ámbito público y su puesta en solfa de las cámaras legislativas estadounidenses. Acusar a Capra de pro-comunista tiene la misma lógica y justificación que acusar de lo mismo a Ronald Reagan o al Papa. Y no va tan desencaminada la comparación, porque Capra, además de católico, era bastante republicano.

Con todo, se dice que esta película marcó un antes y un después en su carrera. De una confianza ciega en la bondad del género humano, pasó a denunciar aquellas ocasiones en que esa bonhomía no se manifestaba tan claramente o simplemente estaba ausente. De esta manera, en "Caballero sin espada", Capra nos cuenta la historia de un joven explorador "elegido a dedo" como senador, durante tan sólo dos meses para sustituir a otro senador fallecido, que de pronto se da de bruces con la realidad de que no es más que una marioneta en las manos de políticos corruptos a su vez en las manos de malvados hombres de negocios. El título en español les dará una pista sobre el desarrollo de la trama: un hombre solo que se enfrentará a toda la maquinaria de depravación en que ha degenerado el sistema. ¿Por qué digo degenerar? Porque en la cosmografía de Capra sí que existen unos valores reales por los que merece la pena luchar. En las antípodas del relativismo, esos valores reales se expresan en este filme en el respeto a los valores americanos, o dicho de otra manera, la Constitución redactada por los padres fundadores en la que se habla del derecho "a la búsqueda de la felicidad". Por eso, a más de uno se le atragantará el almuerzo cuando compruebe el tono patriota/patriotero (a su elección queda), que desprende toda la cinta, con muchas banderas, mucho documento fundador y mucho Lincoln y discurso de Gettysburg por aquí y por allá. Por ello, porque la película va dirigida a todos los americanos, a esos valores abstractos que hacen de ellos una nacion pese a las diferencias raciales, religiosas o ideológicas, por eso jamás sabrán ustedes qué estado representa como senador Mr. Smith y mucho menos a qué partido pertenece.

Además de eso, aquellos familiarizados con la filmografía de este director, verán los elementos básicos de la cosmovisión cristiana/católica tan elementales en Capra. Personajes buenos y malos, que no maniqueos, sin medias tintas, desprecio al dinero, sacrificios y creencia ilimitada en el poder de un sólo individuo para cambiar el mundo entre tantas otras características. Ahora que se acercan las elecciones, también merece la pena reflexionar sobre el duro retrato que la película hace sobre el mecanismo de nuestras sociedades democráticas que poco se ha alterado en estos setenta años. El último tramo de la cinta se recrea certeramente en señalar cómo la democracia está prácticamente secuestrada por los medios de comunicación, en el sentido de que ya son ellos los que crean la última realidad. Si están lo suficientemente vendidos, no hay verdad que se sostenga si ellos no dan su visto bueno. De ahí la necesidad de mantener al poder tan lejos de la prensa y de lo imprescindible de que haya medios de todos los colores, posturas e ideologías para asegurar la salud democrática.

Los admiradores de Capra están enterados también de lo que cuesta ver una de sus películas sin llorar una lágrima o dos. Esa hábil mezcla capriana de humor, ternura e inocencia vuelve a funcionar de nuevo. Una vez más James Steward conmueve al público con su lucha davítica y titánica en contra de todo el senado de los Estados Unidos, en un intento hercúleo de defender unos valores con los que todos nos sentimos identificados. Una agonía emocional y física que sin lugar a dudas dará sus resultados porque en las películas de Capra, ganan los buenos.

Una joya imperecedera. Recomendada para todos aquellos que crean que aún existe redención posible para la política.
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