Ficha

País

España

Año

2007

Título original

Caótica Ana

Duración

118min

Dirección

Julio Médem

Guión

Julio Médem

Reparto

Manuela Vellés, Bebe Rebolledo, Asier Newman, Charlotte Rampling, Matthias Habich, Nicolas Cazalé, Raúl Peña

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Crítica de Caótica Ana
Autor: malabesta
Fecha: 28/08/2007.
Póster Caótica Ana

Caótica Ana

Digerido por malabesta

Tras “La pelota vasca: La piel contra la piedra”, por todas partes se ha presentado “Caótica Ana” como la vuelta a la ficción de Médem, de la que en realidad nunca llegó a salir.

Ana (Manuela Vellés) vive en una cueva de Ibiza con su padre, Klaus (Matthias Habich), vendiendo los cuadros que pinta en un mercadillo. Allí es descubierta por Justine (Charlotte Rampling), una mujer que se autodenomina mecenas, y se la lleva a una residencia de artistas en Madrid, en la que Ana conocerá a Linda (Bebe), a Said (Nicolás Cazalé) y comenzará un proceso de maduración al ritmo de las hipnosis regresivas del “psicólogo” Anglo (Asier Newman), que le irán mostrando sus vidas -y sus muertes- pasadas.

Es innegable que se trata de una película de Médem, se repiten ciertos motivos (las puertas que atraviesa Ana para recuperar sus vidas pasadas rompen la continuidad un poco como lo hacía el agujero de “Lucía y el sexo”), o la estructura cíclica del guión, o la presencia de dos espectadores por sala y proyección, pero aún así resulta curioso como se parece en cierto modo a “Yo soy la Juani”. Ambas protagonizadas por dos actrices primerizas en manos de directores consagrados, ambas contando la historia de niñas que se convierten en mujeres, ambas un alegato feminista de chicha y nabo, ambas un retrato de ciertas tendencias sociales (la tunningmanía del extrarradio obrero en la de Luna y un asomo al perriflautismo alternativo en ésta) y ambas apuntan alto y caen bajo. Al menos en “Caótica Ana” no hay que escuchar ni a Haze ni a Chimo Bayo.

Sorprendentemente para lo que suele ser Médem, que suelen tener una factura visual casi impecable, “Caótica Ana” tiene momentos auténticamente sonrojantes por lo chapucero. Tanto en lo técnico como en lo mental. Comienza la película con una escena en la que una paloma se cisca encima de los ojos de un halcón, que luego la mata (delante de su dueño, es de suponer que un terrateniente, y unos curas, claro, que se van de caza). Y no han usado dobles, ni para los curas ni para la paloma, ni para el halcón. La agonía de la blanca ave está rodada en un primer plano, del que la parte inferior del cuerpo del ave se sale, de manera que la mano del cámara puede mover el cuerpo sin vida para simular los estertores finales. Como se lo cuento. Sinceramente espero equivocarme, que la paloma muerta fuese un CGI de Weta o ILM, porque que en pleno siglo XXI se le haga eso a un animal para rellenar treinta segundos de película es estúpido y retrógrado, y debería ser delito. Al igual que pasó con Trier y su burro, que un cavernícola capaz de estos comportamientos emprenda discursos moralistas, pacifistas o coleguistas es como tener, en lugar del clip de MsWord, a Jesulín de corrector ortográfico.

El final de “Caótica Ana” lo componen los peores quince minutos de cine rodados por españoles en mucho, mucho tiempo.
A primera vista, “Caótica Ana” es una película feminista. Pero en cuanto uno examina un poco su guión, muy new-age, se da cuenta de que el lema del mismo es la dualidad destructiva de lo masculino frente al poder creador de la mujer. Al fin y al cabo la virtud de la mujer, al menos el mayor poder de Ana, es que puede tener hijos. Frente al hombre, que anda por ahí matándose, estudiando y contaminando, lo que hace la mujer es parir. Esto estaba muy bien para las tribus de cazadores-recolectores, pero yo creo que ya va siendo hora de ir espabilando un poco.

Este simplismo, y a veces ignorancia (se hacen ciertas diatribas religiosas en la película que válgame Dios), se extiende al resto de la película, que hace suyas las ideologías que más fuertes vienen esta temporada: la situación saharaui, la guerra de Irak, lo malos que son los americanos, la opresión machista. Pero todas con la misma profundidad. Mucha defensa de la libertad de los pueblos, pero luego no tiene ningún reparo en mostrar a todos los indígenas norteamericanos (y salen bastantes) gordos, feos, borrachos y textualmente tirados por el suelo. Y el final, amigos míos, el final de “Caótica Ana” lo componen los peores quince minutos de cine rodados por españoles en mucho, mucho tiempo.

Me sorprendo a mí mismo diciendo que, sin duda, lo mejor de la película es Bebe. Quizá sea porque su personaje tiene mucho de ella misma, la mayoría de los diálogos parecen sacados de sus canciones, pero es un personaje muy vivo, bastante real y hasta en ciertos momentos -unos cinco segundos- tierno. La principiante Manuela Vellés, que por momentos parece la reencarnación de Silke, cumple bastante bien, aunque tiene momentos muy complicados que inevitablemente le vienen grandes. Del lado masculino, destacar a Lluis Homar, que aunque aparece muy poco es el único que parece profesional.

En fin, una película pretenciosa, simplista y aburrida. La próxima triunfadora de los Goya. Recomendada para seguidores de Médem. Ellos sabrán.
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