Ficha

País

USA, España, Francia

Año

2008

Título original

The Argentine

Duración

110min

Dirección

Steven Soderbergh

Guión

Peter Buchman

Reparto

Benicio del Toro, Demián Bichir, Rodrigo Santoro, Catalina Sandino Moreno, Santiago Cabrera, Jorge Perugorría, Unax Ugalde

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Crítica de Che: El argentino
Autor: malabesta
Fecha: 06/09/2008.
Póster Che: El argentino

Che: El argentino

Digerido por malabesta

"Che: El argentino" es una aproximación a la biografía del personaje más camisetero de la historia, la primera parte del proyecto de Soderbergh, que recoge lo que sería la llamada a la lucha, la conversión de Ernesto en Che y el ascenso de éste a lo más alto del socialismo cubano. La siguiente entrega, "Guerrilla", previsiblemente dará cuenta de su caída.

La película, de manera fracturada pero no confusa, cuenta más o menos la revolución castrista desde la primera vez que se encuentran Fidel y el Che hasta que este último da su discurso en la ONU como representante del nuevo gobierno. Todo, claro desde el punto de vista de Guevara.

Soderbergh sale del brete que es un biopic del Che airoso, ofreciendo un relato lo más desapegado posible. Así, al igual que pasa con la historia, cada uno cogerá las partes que le interesen o que más apoyen lo que pensaba cuando entró en el cine, y con eso se formará una opinión respecto al personaje y la película. Que el director se intente alejar un poco del personaje no implica que la película sea neutra o apolítica. Cierto es que lo que muestra parece una aproximación -hasta donde yo sé- bastante buena y equilibrada a la historia, pero "Che: El argentino" no deja de ser una reivindicación.

El guión de Peter Buchman no puede evitar cierta romantización del personaje, a veces a costa de retocar un poco la realidad. Así por ejemplo, cuando el Che visita Nueva York para dar su arenga en la ONU, en la película tiene un careo con McCarthy en el que le agradece el intento de invasión en Bahía Cochinos, puesto que gracias a él la unión de los cubanos -que empezaba a ser frágil- es ahora más fuerte que nunca. El momento ayuda a que el público sea testigo del carisma que sin duda tuvo que tener Guevara, pero en realidad tal encuentro jamás sucedió y tal conversación se produjo por carta, lo que sin dejar de ser cierto es mucho menos chulo.

Así, tampoco nos escamotea los momentos más oscuros del guerrillero, pero intenta hacerlos lo más suaves posible. En plena Sierra Maestra, Che se hizo famoso por su disciplina militar, y entre sus tropas la densidad de flautistas porreros y fabricantes de pulseras era muy baja. Parte de esta disciplina consistía en la aplicación de la pena capital a desertores y traidores. En "Che: El argentino" podemos ver cómo el Comandante se convierte en juez y jurado de estos elementos díscolos, pero jamás en verdugo; ordena la ejecución pero jamás aprieta el gatillo. Y por supuesto, los soldados ejecutados habían abandonado la tropa para violar, robar, matar y entregarse a todo tipo de vicios capitalistas entre los que seguramente estaba también el de bajarse películas. Al final, el fusilamiento hasta pasa por justicia.

A pesar de todo, el Che jamás se convierte en un Braveheart, santo varón liberador de los oprimidos por el invasor anglosajón. De hecho, los enemigos de la revolución apenas ocupan tiempo en pantalla; ni los americanos ni Fulgencio Batista pintan mucho aquí, y la presencia del adversario se encarna en tres o cuatro secuaces de poca monta que le proporcionan a los protagonistas la oposición necesaria para que la película tenga un destino. Así es mucho más sencillo mantener la neutralidad, pues no es necesario mostrarlos cometiendo las tropelías inhumanas que justificasen la justicia socialista, que el protagonista no duda en administrar firmando penas de muerte con la efectividad y la deshumanización de un funcionario.

El retrato psicológico del revolucionario que nos da la película es uno de los puntos fuertes del guión. Ernesto Guevara es la personificación del fanático, un hombre que lucha por sus ideas no tocando los bongos delante de la sede de un partido político o tirándole piedras a un McDonald's; está seguro de que la utopía que persigue bien vale el sacrificio de vidas humanas, incluida en última instancia la suya. Poco sabía él que su cara iba a terminar en el catálogo de invierno de Zara Hombre.

...la utopía que persigue bien vale el sacrificio de vidas humanas, incluida en última instancia la suya. Poco sabía él que su cara iba a terminar en el catálogo de invierno de Zara Hombre.
Todo lo hace el Che con la blancura de conciencia que sólo alguien así es capaz de conseguir; el motivo recurrente de su discurso es culpar a los elementos externos de todas sus tropelías e infortunios. Así en su discurso ante las Naciones Unidas proclama sin tapujos que su régimen fusila a presos políticos, pero en sus palabras lo hace porque el imperialismo norteamericano no le deja otro remedio. De igual manera, ante la perspectiva de asaltar una fortificación enemiga, parlamentando con el coronel de los soldados allí acuartelados le dice que si no se rinde, la matanza que sin duda ejercerán sus hombres será culpa suya. Resulta sorprendente ver cómo esta línea de razonamiento es la que siguen manteniendo los Castro hoy en día.

La grandeza del libreto es conseguir que alguien así le resulte aceptable al espectador medio sin tener que recurrir a trucos baratos como mostrar a niños hambrientos o soldados viciosos, apelando lo menos posible a los sentimientos del que mira, habilitándole entonces la posibilidad de que se forme un juicio respecto a lo que ha visto. Quien ha de decidir sobre la moralidad de los actos de Guevara no es ni Soderbergh, ni Peter Buchman, ni Benicio Del Toro, sino el que ha comprado, sin saberlo, tal derecho con la entrada del cine.

Benicio del Toro presenta su candidatura al Oscar con su retrato del Che. Supongo que al igual que muchos, no he visto u oído ninguna grabación del argentino, hecho que sin duda facilita la recreación del personaje. A mí personalmente el acento de Del Toro muy argentino no me ha parecido (aunque al ser de Rosario y no porteño vaya usted a saber), sin llegar a ser una cosa estilo Mortensen en "El capitán Alatriste". Físicamente la cosa parece funcionar mucho mejor, aunque el actor mantiene algo de esa especie de perenne somnolencia que lo acompaña. El que da la auténtica campanada es Demián Bichir, que interpreta a Fidel Castro de manera excelente, imitando cada uno de sus gestos y muletillas, y hasta aportando cierto parecido físico. También hay que destacar a Únax Ugalde, que tiene ahí un papel de cierta importancia, con acento cubano un poco a lo Cruz y Raya, eso sí.

En fin, una muy buena película. Eso sí, aquellos que vayan a verla harán bien en repasar un poco la historia del personaje; "Che: El argentino" es escasa en presentaciones, sean de eventos o personajes, y uno corre el riesgo de perderse algún que otro detalle si no sabe de qué se está hablando. Recomendada para todos los que hayan olvidado que delante de Che, por norma iba la palabra Comandante.
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