Ficha

País

Francia, Italia

Año

2006

Título original

La science des rêves

Duración

105min

Dirección

Michel Gondry

Guión

Michel Gondry

Reparto

Gael García Bernal, Charlotte Gainsbourg, Alain Chabat, Miou Miou Emma de Caunes

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Crítica de La ciencia del sueño
Autor: malabesta
Fecha: 11/02/2007.
Póster La ciencia del sueño

La ciencia del sueño

Digerido por malabesta

Después de sorprender a casi todos con “¡Olvídate de mí!”, parece que Michel Gondry quería dar rienda suelta a su espíritu creativo, lejos de las ataduras que imponen Hollywood y los espectadores, así que se vino a Europa. Su nueva obra, “La ciencia del sueño”, es una película experimental: experimenta, principalmente, con el aguante del espectador. Y si éste es francés, con su dinero también.

Stéphane (Gael García Bernal) es un joven mejicano que vuelve a París, la ciudad de su madre, a trabajar como creativo en una imprenta. Lástima que la supuesta creatividad se limite a pegar títulos en calendarios de mujeres desnudas. Para compensar esta decepción, al piso de al lado se mudan dos chicas, Zoé (Emma de Caunes) y Stéphanie (Charlotte Gainsbourg), por la que Stéphane empezará a sentir cierta atracción.

Lástima que el chaval tenga un pequeño defecto; además de estar como una cabra, no es capaz de distinguir claramente sueños y realidad. Así que la película se zambulle en el universo onírico de Stéphane, que además se mueve en “stop motion” y está hecho de cilindros de cartón y de cajas de detergente. Al igual que el protagonista confunde los dos mundos, Michel Gondry no establece ninguna estructura en su película, de manera que las imágenes oníricas de Stéphane y la realidad se entremezclan continuamente. Al menos en la primera mitad. A partir de los cuarenta minutos, más o menos, se entremezclan continuamente la realidad, los sueños de Stéphane y los del espectador.

“La ciencia del sueño”, con su premonitorio título, es un espectáculo eminentemente visual. Es como un vídeo de Björk del que uno no puede despertar jamás. A los que le gusten este tipo de emociones, probablemente les parecerá la película del año. A la gente normal, por otro lado, la total carencia de historia terminará por hacer que les parezca la cosa más aburrida del mundo. La trama se podría escribir sobre una servilleta de papel, pero aún así Michel Gondry la estira hasta el infinito, que en este caso dura una hora y cuarenta minutos, a base de los ya mencionados sueños (que generalmente no aportan mucho al desarrollo dramático) y también haciendo que sus personajes actúen de manera surreal, de manera que para ir de A a B, den cincuenta pasos intermedios, en los que probablemente aparezca un pony de peluche, un muñeco de cartón y un payaso que llora, y que además se llevan treinta minutos de metraje.

Aunque hay que decir que tiene momentos que rozan la genialidad más absoluta, no sólo en el plano de lo visual, el fuerte de la película, si no en su protagonista. A pesar de su comportamiento irreal y el planteamiento psicodélico general, es uno personaje increíblemente humano; tiene ciertos momentos de lucidez y ciertas reacciones tremendamente realistas y que hacen que, durante unos segundos, sea imposible no empatizar con él. Claro que estos ascensos son sólo para coger altura y que luego “La ciencia del sueño” se zambulla en lo más profundo de la intelectualidad vacía, y la ininteligibilidad estúpida que tanto gusta a la chavalada.

Quitando a Stéphane, el resto de los personajes no tienen ni desarrollo ni presencia, y a unos cuantos se les podría definir con una sola frase. Al resto, ni así, porque no tienen ni personalidad, ni objetivos, ni siquiera coherencia. Como en los sueños de Stéphane se comportan como él quiere, y en la realidad no tienen mucho que hacer, terminan convertidos en unas marionetas sin demasiada forma que al espectador mayormente le impiden ver el fondo.

Como corresponde, el reparto actúa estos personajes con bastante desgana, intuyo que pensando para sus adentros en qué clase de pitorreo me he metido y cinco años de estudios dramáticos para esto, cuánta razón tenía mi madre. Los únicos que sobresalen un poco son Gael García Bernal y Charlotte Gainsbourg, más que nada por que sus papeles son los únicos que requieren estar vivo. Gael da bastante el pego de chaval frágil y sensible perdido en un mundo de hombres que usan Barón Dandy, y Charlotte parece la mujer soñada por cualquier gafapasta.

En fin, una película muy pretenciosa, sólo recomendada para aquellos a los que los vídeos de Amaral les parezcan el no va más del arte moderno. Puntuacion