Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

The lost city

Duración

143min

Dirección

Andy Garcia

Guión

Guillermo Cabrera Infante

Reparto

Steven Bauer, Andy Garcia, Dustin Hoffman, Bill Murray, InÚs Sastre

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Crítica de La ciudad perdida
Autor: bronte
Fecha: 31/10/2006.
Póster La ciudad perdida

La ciudad perdida

Digerido por bronte

Va a haber que concluir que la única diferencia entre una dictadura de derechas y una dictadura de izquierdas reside en un aspecto puramente formal. Mientras que en las dictaduras de derechas parece que no necesitan de justificación para machacar a la gente y las atrocidades se suelen cometer en virtud del "porque sí", en las de izquierdas no tienen reparos a la hora de elaborar toda una prosopopeya grandilocuente instalada en el surrealismo para justificar sus atropellos. Por eso mismo en "La ciudad perdida" la escena cumbre es sin duda aquella en la que los camaradas exigen que se deje de utilizar en una orquesta el saxofón por ser un instrumento imperialista. Si alguien se pregunta qué tiene que ver un saxofón con el imperialismo ahí va la explicación: El saxofón fue inventado por un belga llamado Sax, y los belgas practicaron el imperialismo en el Congo. En resumen: en una dictadura de izquierdas no sólo aniquilan la libertad de los ciudadanos sino que además los denigran tomándolos por deficientes mentales. Porque tiene guasa que todas ellas se instauren en nombre de la libertad.

Puede que sea el aspecto político el más reseñable de esta película dirigida por Andy García. No porque el discurso sea intenso o ingenioso sino porque es novedoso. En un mundo dominado por la bienpensante progresía supone un respiro que un cineasta se atreva a retratar al Che Guevara como un iluminado maquiavélico, capaz de llevarse por delante a quien hiciera falta en nombre de ese concepto tan intangible y difuso como es la revolución, y no con el aire mesiánico, hacedor de milagros con el que se acostumbra a retratar iconográficamente, como por ejemplo en "Diarios de motocicleta". Mientras que directores tanto europeos como americanos, todos conocemos los nombres, se descancanillan en su intento de convencernos de cuán bondadosa es la revolución cubana y qué bien viven todos los cubanos, García prefiere dar un toque filosófico al tema preguntándose cómo es posible vivir bien en un país donde ni siquiera está permitido votar. Eso sin contar el expolio y la violencia que acarreó y que sigue acarreando.

Lamentablemente, para formular todas estas hipotésis, Andy García realiza una película demasiado larga y demasiado morosa. Casi dos horas y media en las que el factor musical, sinceramente, sobra en gran medida. Tanto baile, tanta salsa, y tanto cantante a lo Compay Segundo, acaban amargándole la vida al más pintado (o bailado). Si lo que quería el director era mostrar la equivocación de un país tan preocupado por el baile y por la fiesta que les ha faltado tiempo desde su emancipación para establecer una auténtica democracia, unas pinceladas habrían sido suficientes en vez de convertir la cinta en un semi-musical.

El guión de Guillermo Cabrera Infante, tampoco ayuda en exceso al buen discurrir del filme. Al parecer inicialmente de 300 folios fue reducido a la tercera parte con lo cual la dimensión profunda de la historia y sobre todo de los personajes queda un tanto desdibujada. La única idea que permanece es la defensa a ultranza de la democracia en su sentido pleno con la crítica implícita tanto a Batista como a Castro. Claro que no hay ocasión para mostrar la opresión batista, y aunque todos los personajes se refieren a ella, no da atiempo a plasmarla, porque los números musicales consumen todo el metraje, dando lugar a una de las grandes paradojas del filme: los revolucionarios luchan contra una situación que el espectador no puede ver. Anecdóticamente les contaré que una cosa graciosa del filme es que un personaje asegura: "Castro también pasará". A estas alturas, cuarenta años después, todos empezamos a dudarlo.

La película está rodada con un gusto estético indudable, enseñando una Cuba sofisticada y bella que mucho contrasta con la decadencia del país después de cuarenta años de revolución castrista. Porque lo cierto es que antes de llegar Fidel, Cuba era un país con un índice de inmigración altísimo. En la actualidad más de un millón de cubanos han escapado de semejante paraíso, convertido en la actualidad en un burdel principalmente de españoles. Sin embargo, y con todo, tal grado de sofisticación, lograda con cuatro perras, porque las majors no apoyaron este proyecto (tan políticamente incorrecto), no logra hacer que "La ciudad perdida" cuaje, debido a variadas inconsistencias. La mayor de ellas, la poca profundidad psicológica de los personajes, en especial el de Inés Sastre, que no sólo demuestra una vez más que lo suyo no es la interpretación, sino que además rivaliza en acento inglés con el gran éxito de "El príncipe gitano", "In de gueto", por todos bien conocido.

Una película meritoria y valiente, aunque sólo sea porque se atreve a llevar la contraria al pensamiento "mainstream". Recomendada para gente que sí que sabe en que consiste una democracia.
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