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Autor: malabesta
Fecha: 20/01/2008.
Los crímenes de Oxford
Digerido por malabesta Tras los siete minutos de créditos de producción, que si TeleCinco, Canal +, el ministerio de turno, etc., que preceden -y subrayo el preceden- a cualquier película española, "Los crímenes de Oxford" arranca con una escena en la Segunda Guerra Mundial bastante prometedora, seguida de una conferencia un poco peor, tras la que se produce una presentación de personajes no demasiado buena. Continúen ustedes la serie.
Basada en un libro ("Crímenes imperceptibles"), "Los crímenes de Oxford" parece no haberse deshecho muy bien de la discursividad propia de la novela, de manera que la acción de la película, en lugar de ser fundamentalmente visual, es transportada sobre los diálogos de los personajes, que se explican unos a otros -a veces aderezados con un flashback o flashforward- qué es lo que ha pasado, cómo creen que irán las cosas o cuáles son sus sentimientos. Algo así como que la portera te cuente el libro, siempre y cuando los encargados de fregar tu portal sean Elijah wood y John Hurt.
Martin (Eljah Wood) es un estudiante americano, recién llegado a Oxford con la esperanza de terminar su tesis doctoral bajo la dirección de Arthur Seldom (John Hurt), popular, poco paciente e innacesible profesor de matemáticas. Para aumentar sus posibilidades, Martin se aloja en la casa de Mrs. Eagleton (Anna Massey), antigua amiga de Arthur. El destino de ambos, y el del público -al menos durante dos horas- se une cuando aparece muerta en su sillón, al parecer asesinada por un psicópata que sigue una complicada serie lógica que ambos matemáticos intentarán resolver para pararle los pies.
Del director mañoso que colgó a gente del anuncio de Schweppes aún se pueden apreciar algunos detalles, quizá los primeros instantes ambientados en la Segunda Guerra Mundial (con la factura "Salvar al soldado Ryan", un poco más oscura, que ya es clásica para estas situaciones) y luego un largo plano secuencia impostado en el que la cámara sigue a diferentes personajes realizando acciones más o menos inocentes pero que tendrán su peso en la historia y que resulta -probablemente- lo mejor de la película.
La historia en sí, aunque heredada del libro, se convierte en humo al final de la película, que termina con los dos protagonistas ante una reproducción del Pórtico de la Gloria -a la que desde luego no llega- resolviendo la trama de manera dialogada. Se convierte así toda la película en humo y sólo queda un resto de intento de meditación sobre la verdad, el determinismo, el caos y muchos otros conceptos grandilocuentes pero tratados de manera burda y algo simplista.
Los actores tampoco están de órdago. John Hurt cumple con su papel como quien lleva el coche a pasar la ITV, y Elijah Wood se la pasa con un extraño tick: en cuanto a su personaje le pasa algo, se pone a mover la boca como quien habla y no dice nada -así en plan "mi tesoro"-, gesto que resulta no menos misterioso que los asesinatos. Leonor Watling tampoco puede hacer mucho, y aunque desde esta página solemos alzar la voz ante la gratuidad y la escasa necesidad de la escenas de sexo que suelen poblar "nuestras" películas, y el desnudo de Watling (no se apuren, también hay desnudos masculinos indeciblemente más desagradables y gratuitos) en "Los crímenes de Oxford" es gratuito e innecesario, casi viene a ser lo mejor de la película. Y con eso lo digo todo.
En fin, una película de intriga que, aunque no llega al tedio, sí que resulta decepcionante. Recomendada para amigos del sudoku. Q.E.D.
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