Ficha

País

UK, USA

Año

2008

Título original

The Chronicles of Narnia: Prince Caspian

Duración

144min

Dirección

Andrew Adamson

Guión

Andrew Adamson, Christopher Markus

Reparto

Ben Barnes, Georgie Henley, Skandar Keynes, William Moseley, Anna Popplewell

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Crítica de Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian
Autor: bronte
Fecha: 04/07/2008.
Póster Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian

Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian

Digerido por bronte

Yo no sé si está película es menos mala que la anterior o que una ya tiene callo. En esta nueva entrega aquí volvemos a tener a los reyes Peter,  Edmund, Susan y Lucy más feos y repelentes que nunca. Si en la del armario la cinta pivotaba básicamente sobre la total incoherencia y el enfrentamiento dialéctico contínuo entre los cuatro hermanos, en esta más y peor. Los cuatro Reyes de Narnia siguen pegándose y discutiendo de manera compulsiva y enfermiza en cada bendito diálogo que sale de sus bocas, y aquí la cosa se complica porque a la trama se añade un quinto príncipe/rey con el que también se pegan en una secuencia detrás de otra. Vamos, como en un programa del corazón. Y es que aquí hay más realeza que en la baraja.

A mí la cosa me deja más que anonadada porque me consta que C.S. Lewis no era ningún tonto, y yo sigo sin dar crédito a que historias tan malas salieran de su pluma. Con todo, no puedo dejar de sentir cierta empatía entrañada porque "Las crónicas de Narnia" son exactamente lo que yo hubiera escrito si me hubiera dedicado una sola noche de indigestión a la fantasía épica: o sea, un despropósito. Mi única teoría plausible, que los libros estén cargados de metáforas crísticas, que los responsables cinematográficos posiblemente desconozcan y que tiren por la calle de en medio con resultados tan paupérrimos. Por ejemplo, valga que Aslan represente al redentor, pero hombre, va mucha diferencia de aceptar que Dios, como creador, no intervenga en los conflictos de los hombres, y tener que tragar con lo mismo cuando hablamos de un león de poderes ilimitados, que no aparece, y no hace nada porque no se muera la gente, básicamente porque no le sale de la melena. Mucho esfuerzo de teodicea hay que hacer con Narnia y ni aún así.

Como en la primera de las películas el humor apesta. "Gracias a nuestro pequeño amiguito" dice una y responde un enano "espero que eso no vaya por mí". Pero hombre, pero hombre. "Esperaba alguien más alto" le dice un ratón a un enano, y éste se defiende "Mira quién fue hablar". Pero a ver, a ver. También como en la primera, en cada nueva secuencia aparece una nueva criatura, cada una de su padre y de su madre, todas hablan y no paran de asomar la jeta. Minotauros, centauros, bichos de todas las especies. Asimismo como en la primera, los cuatro reyes dudan de todo pese a encontrarse en un mundo de fantasía. "¡Oh, estamos en Narnia a donde hemos llegado por una ruptura del continuo espacio-temporal, pero me niego a creer que una pócima pueda curar el dolor de cabeza!". ¿Metaforizará esta incredulidad constante que muestran los niños en cualquier circunstancia la falta de fe? Yo intento buscar explicaciones. De la misma manera quiero pensar que la tensión insoportable e irreal que existe entre todos los personajes perpetuamente significará las luchas entre los hombres o similares.

La construcción del héroe también es penosa. El héroe tiene que equivocarse, claro. Y tiene que aprender. Pero la equivocación del héroe nunca puede consistir en la muerte de la mitad de su pueblo y menos en una historia de estas características. Pues menuda equivocación. Que tiren una bomba nuclear, ya puestos. Hay que tener cierta mesura, hay que dosificar los tiempos. La heroína tiene que enamorarse pero, por favor, todos los afectos son artificiales en esta historia. Si se llevan todos a matar, si casi no se tratan, si no hay tiempo que se va todo en sacar más y más criaturas. En eso o en luchas, que la última dura cuarenta minutos y una quiere morirse. La CGI otro desastre. Quizás algunos se emocionen con la criatura del agua, pero en general dejan mucho que desear.

Aunque se acuerden de la primera entrega tampoco encontrarán sentido a esta segunda. Los niños vuelven a Narnia porque el príncipe Caspian sopla un cuerno. Cuatro reyes son muchos incluso para la tierra ésta y las criaturas los tratan con poco respeto según mi humilde opinión. Claro que tampoco se lo merecen porque no dan una. Vienen a ayudar a Caspian pero discuten mucho y se ponen verdes los unos a los otros. Aslan está por ahí de campo y todos dudan casi de que exista y eso que lo vieron y requetevieron en la entrega anterior. Luego hay muchas luchas e interpretaciones malísimas. Eso sí, bajan todos muy bien la cabeza; reverencian muy bien. Sobre todo el jefe de los centauros que baja la cabeza dos mil veces en el largo metraje. De los niños no me decido quién es el peor, aunque la cosa se debate entre Lucy, Georgie Henley, con sus dos registros, qué pena, me alegro mucho, o Susan, Anna Popplewell, que sólo tiene una cara, una cara de pan con unos labios que parecen los culos de dos mandriles. Yo cuando vi tantos españoles en el reparto, ya me malicié lo peor y no me equivocaba. Que por cierto, habría que saber las intenciones de C.S. Lewis, pero yo para mí que los malos de este filme, los telmarinos, son españoles, porque no sólo son todos morenísimos sino que van vestidos como los tercios de Flandes. En fin, qué pejiguera en el mundo anglosajón con los españoles.

Al final unos dicen que no van a volver nunca a Narnia. A mí no me pregunten por qué. Yo no entiendo nada. Pero cuantos menos vuelvan mejor. Menos películas que sufrir. No le pongo dedo para abajo porque ya "Miguel y William" dejó el pabellón muy bajo.

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