Ficha

País

USA

Año

2009

Título original

The ugly truth

Duración

96min

Dirección

Robert Luketic

Guión

Nicole Eastman, Karen McCullah Lutz, Kirsten Smith

Reparto

Gerar Butler, Katherine Heigl, Eric Winter, Kevin Connolly, Cheryl Hines, Bree Turner, John Michael Higgins

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Crítica de La cruda realidad
Autor: bronte
Fecha: 25/10/2009.
Póster La cruda realidad

La cruda realidad

Digerido por bronte

La cruda realidad. ¿Cuál es a estas alturas la cruda realidad? ¿Va a resultar ahora que Hollywood se va a convertir en contra-cultura? ¿Guerra de guerrillas palomitera? Esta película consigue ser subversiva y complaciente con lo supuesto a la vez, lo cual, teniendo en cuenta que no es muy buena, más tirando a mediocrilla, es todo un logro.

Desde que en el ámbito de lo bien pensante se ha instalado esta idea del hombre descafeinado, como de plástico, alejado de cualquier rasgo genuino (que no troglodita, cuidado), con su pelo engominado y sus camisas a lo Bisbal con las mangas muy ajustadas, las mujeres ya no saben qué pensar. Huir del modelo anterior, ciertamente castrado en su esfera emocional, ha hecho a la mitad de la población caer en el estereotipo artificial de un hombre que ya no es hombre ni nada que se le parezca. ¿Y qué piden ellas? ¿Este nuevo producto de facturación comercial y ampliamente aceptado por el movimiento new age o se conforman de nuevo con el australopitecus gruñidor? Ni tanto ni tan poco: "La cruda realidad" juega al cliché puro y duro para al final, albricias, dar a entender que aunque los hombres sean hombres y las mujeres, mujeres, eso no significa que tengan que convertirse en Barbie y Ken, y que aún con sus peculiaridades pueden llegar a un entendimiento.

La manera en que el filme se estructura es ciertamente tan formuláica que da vergüenza o bostezos, aún no me he decidido. El personaje absolutamente sonrojante de Gerard Butler, hablando de las mujeres como muñecas hinchables, y de los hombres, peor aún, seres unicelulares incapaces de ver en una mujer más que una muñeca hinchable, sólo es superado en repelencia por el Katherine Heigl, la enésima ejecutiva frígida, con la edad mental de un niño de cuatro años, entrándole al trapo a cualquier tontería que diga el troglodita. Cuando uno necesita en una comedia que su personaje haga estupideces una tras otra sin estar en una screwball, para forzar el gag, ahí tenemos un mal guión. "La cruda realidad" lo es. Si bien Gerard Butler es un muchacho con encanto, que acaba siempre dignamente, ésta que les escribe no puede decir lo mismo de Katherine Heigl, la cual en ningún momento logra hacerse digna de que ningún ser vivo se enamore de ella, mostrando la humanidad de una patata, sino que además tiene la vis cómica de un tábano, de esos que pican y se ven rayos y centellas. Vista así la cosa, nos encontramos con una película cortita, cortita, cortita, sin un ápice de gracia y que sólo sirve para reflexionar diez minutos sobre los roles sexuales en nuestra sociedad, su modelado, su adecuación a los tiempos, y si sobre todo eso no serán más que tonterías y más nos valdría a todos volver un poco más a lo natural y a lo que salga.

Lo más insoportable de "La cruda realidad" aparte de lo tópicos alrededor de los cuales han sido construidos los personajes para mostrar la infinita guerra de sexos, en vez de hacerlo de manera honesta, sin forzarlos hasta lo ridículo (cosa que es una trampa si no estamos en una farsa), es que todos sus gags están basados en el sexo puro y duro, y peor aún, son previsibles hasta la extenuación. Imaginen que una ejecutiva lleva a una cena de negocios, por error (¿por error? ¿pero cómo es posible?) una braga vibradora, manejada con un mando a distancia. El planteamiento no puede ser más desalentador. ¿Qué creen que va a pasar? Efectivamente, pierde el mando a distancia. Si no lo encuentra nadie, se acaba la película, así que lo tiene que encontrar un ser vivo irresponsable, véase un animal, un mono, por ejemplo, o un niño. Como rodar con animales puede ser pero que muy abominable, y está visto que en esta producción nadie quería sudar la camiseta, aquí tenemos a un niño solo en una mesa de un restaurante megapijo encendiendo y apagando el aparato repetitivamente como si estuviera lobotomizado. Bien, ese es el gran gag de la película. Los demás también van de lo mismo, pero aún son peores. Ítem más, ver a Katherine Heigl mimando un orgasmo es lo más parecido a que te quiten una muela sin anestesia. No sé cómo va su vida íntima, pero creo que esa escena le habrá quitado un buen puñado de pretendientes. De ambos sexos.

A Gerard Butler se le está poniendo una cara de torta que dentro de poco le vamos a tener sacándose filetitos de los mofletes en plan Nicholas Cage, pero desde luego como hombretón da el pego. Digamos que, como es una estrella, los guionistas han tenido la deferencia de mostrarle prácticamente desde el minuto uno como un auténtico ser humano en la intimidad de su casa, aunque en su programa de televisión sobre cómo ligar (esto hace su personaje), sea monofásico. A eso se agarra el pobre Gerard como a un clavo ardiendo para intentar dar al menos dos dimensiones a su personaje, cosa que no es capaz de hacer Katherine Heigl, ni aunque entre medias le hubieran dejado recitar el monólogo de Laurencia en "Fuenteovejuna", que no es el caso. No me referiré a los alivios cómicos, porque si lo que se va a decir no es más bello que el silencio es mejor callarse. Y lo que diría no sería en ningún caso bello. Aunque también es cierto que casi son invisibles, así que ni siquiera para una buena línea me daría el criticarlos.

Explico que no se lleva el dedo hacia abajo porque no he visto el micrófono en ninguna secuencia, ni ha habido saltos de eje y porque a mí no me parece mal que se reclame un poco de verdad en esto de los "gender" visto como está la cosa de confusa. Aunque también diré que el guión debe estar basado en mucho libro de "Cómo triunfar en el bareto de al lado" cuando al final el modelo que nos ofrecen es el del supermacho adaptado al hogar, lo cual, digo yo, pero estoy abierta a la discusión, es el sueño de cualquier mujer. Ese hombre muy hombre, requetetierno cuando llega a casa. Vamos, capaz de ir a cazar mamuts, pero también de cuidar a la progenie. No existen, no. Si saben de alguno, háganmelo saber, que estoy haciendo un experimento sociológico.

Recomendada para gente aficionada a los recortables.
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