Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Cry_wolf

Duración

90min

Dirección

Jeff Wadlow

Guión

Jeff Wadlow, Beau Bauman

Reparto

Julian Morris, Lindy Booth, Jane Beard, Jon Bon Jovi, Jared Padalecki

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Crítica de Cry wolf
Autor: malabesta
Fecha: 31/01/2007.
Póster Cry wolf

Cry wolf

Digerido por malabesta

“Cry Wolf”, como película no vale mucho. Pero, porque siempre hay un pero, tiene ciertas virtudes que aunque no alivian la experiencia del visionado, al menos hacen que no se le coja mucho asco. Está hecha con un presupuesto bastante apañadito, un millón de dólares. ¿Y de dónde sale ese dinero? Del bolsillo de algún productor, que hizo una película con las vueltas del pan, dirán unos. Del bolsillo de todos, subvención que te pego, temerán otros. Pues no. El dinero lo ha puesto Chrysler, que además de vender coches, todos los años organiza un concurso de cortos, y al ganador le producen su primer largo. Una empresa privada invirtiendo en cine, y así sin que la obliguen.

La historia en sí no tiene nada que ver con los coches, principalmente porque los protagonistas son en gran medida menores de edad. A un instituto internado de alto postín llega Owen (Julian Morris). Allí conoce a Dodge (Lindy Booth), la guapa del lugar, y a sus decadentes amigos. No tienen otra cosa mejor que hacer por las noches que irse a una capilla abandonada a jugar a un extraño juego en el que uno de ellos miente y el resto ha de adivinar quién. Como son decadentes y se aburren, deciden darle una vuelta de tuerca más, y aprovechando un reciente asesinato, inventar un asesino en serie que estaría detrás de él y cuya siguiente víctima estaría entre los alumnos. Cómo pasan de su insulso juego a la psicopática nueva versión es algo que se me escapa. Pero el caso es que al poco, todo el instituto está envuelto en él, hasta Rich (Jon Bon Jovi), uno de los profesores. Y aún hay más, porque así de improviso y con mucho susto, Owen empieza a recibir mensajes de alguien que se hace pasar por el asesino inventado... vamos, lo que sería el capítulo de Scooby-Doo, que escribiría uno de los guionistas de la serie tras ser despedido.

Los diálogos son bastante malos, los personajes podrían pasar por debajo de las puertas en más de un aspecto, y el ritmo no está demasiado bien llevado. El antagonista no tiene ninguna presencia hasta casi el final, por lo que el guión se limita a ir devanando las sucesivas paranoias del protagonista, respecto a quién puede o no puede estar de todo. Y termina por resulta un poco cansino. Usa muchos de los recursos de prestidigitador de feria a los que recurren las películas en apuros para mantener la emoción, y en general no llega a enganchar demasiado. No obstante, tiene sus cosas buenas. Jeff Wadlow, guionista y director, da muestras de una imaginación poco común entre el cineasta común, y sabe integrar de maravilla dentro de su trama elementos relativamente nuevos en el mundillo del cine de terror occidental, pero presentes en cualquier casa. Así, las mejores escenas de la película están montadas en torno a un móvil, a una ventana de Messenger o a una de esas luces que se encienden con el movimiento y que el protagonista perseguido ha de tratar de no activar...

Visualmente, Wadlow no lo hace mal, pero tampoco será recordado como el director que cambió el cine. Es competente y poco más. Probablemente su mayor mérito sea darle a su película de un millón el acabado que podría tener cualquier producción de presupuesto mucho más elevado, aunque sin el relumbrón del reparto, claro.

En “Cry wolf” los actores cojean bastante. Bon Jovi, que siempre ha tenido la capacidad actoral de un filete de merluza, en esta película está peor de lo habitual. La sección infantil del reparto y sus dos protagonistas principalmente, Booth y Morris, son muy artificiales ambos. Ella muy afectada y él bastante inerte; ambos parece que están haciendo un anuncio de dentífrico o imitando a Penélope Cruz, más que en una película seria.

En fin, una película bastante mediocre, que será olvidada bastante antes de que su coche tenga que pasar la ITV. Recomendada para lectores de “Las Torres de Mallory”.

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