Ficha

País

Japón

Año

2006

Título original

Gedo senki

Duración

115min

Dirección

Goro Miyazaki

Guión

Goro Miyazaki, Keiko Niwa

Reparto

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Crítica de Cuentos de Terramar
Autor: malabesta
Fecha: 23/10/2007.
Póster Cuentos de Terramar

Cuentos de Terramar

Digerido por malabesta

Con "Cuentos de Terramar" se produce el relevo generacional en el estudio Ghibli. Al ver la película de Goro Miyazaki uno no puede evitar sentirse como cuando le pide una receta a su padre/madre, que tras años detrás del fogón tienen por costumbre medir las cantidades en "puñaos", "hasta que tú veas" y "un poco". Así le debe haber enseñado el arte Hayao Miyazaki a su hijo Goro, que trabajando con los mismos ingredientes que su padre, no consigue que el soufflé suba.

Arren es el heredero al reino de Enlad, metido a vagabundo tras verse obligado a huir de su casa. Su camino se cruza con el de Gavilán, un poderoso mago del que acaba convirtiéndose en compañero. Gavilán intenta descubrir qué es lo que está rompiendo el Equilibrio en el mundo, haciendo desaparecer la magia, sembrando la sequía, el hambre, la enfermedad y la muerte. Su investigación lo reencuentra con Cob, una bruja pero mala, mala, y que tiene un particular interés en Arren. También hay dragones.

Cualquiera que haya visto expuestas en una librería las novelas de Terramar de K. Leguin se habrá dado cuenta de que son unas cuantas. En "Cuentos de Terramar" Goro Miyazaki intenta condensar un par de ellas, pero sin demasiado esfuerzo de síntesis. No sólo no se molesta en introducir al espectador lego en la literatura original en el mundo de Terramar y sus reglas, además la propia historia da la impresión de estar hecha con retazos pegoteados sobre los personajes centrales. Así eventos que en un principio parecen muy trascendentales, como la huida de Arren de su casa, desaparecen por completo de la película, mientras que por ejemplo a escasos diez minutos del final se producen cambios radicales -con la trama principal ya completamente resuelta- que dejarán a más de uno echándose la boina hacia delante, como haría Paco Martínez Soria.

Los personajes parecen hormas sin desarrollar; así Arren es el "príncipe huido de su pueblo con secreto", tenemos el "sabio viajero con misión" o la "joven salvaje e independiente", sin nada más; mientras las películas de Miyazaki Senior rellenaban estos armazones aunque hubiese que sacar historia de la más anodina de las anécdotas, como en "Suspiros del corazón", su hijo Goro parte de un original muy rico pero parece que ha desencuadernado los libros y perdido su película entre toneladas y toneladas de papeles.

Así, por ejemplo, respondiendo al mismo arquetipo, tenemos a Arren y a Ashitaka de "La Princesa Mononoke"; este último tiene una misión clara que es la que guía sus pasos, se explican todos los pormenores y motivos de su huida forzosa y conocemos en detalle los efectos de la maldición que lo persigue. Arren, en cambio, parece estar más perdido en el mundo de Terramar que el espectador, sufre una extraña enfermedad/maldición/enajenación mental de la que no se nos explica nada y todas sus decisiones parecen fruto del azar más puro. Si al menos tirase una monedita o un dado de vez en cuando, para sacarnos de dudas...

No obstante, para los que sí conocen la obra de Le Guin, hay esperanza. Puede que en el Estudio Ghibli otra cosa no, pero de diseño saben un rato largo, y esto se deja ver en personajes y escenarios, que además de ser fieles al estilo del estudio (quizá recuerden un poco mucho a "La princesa Mononoke") pues son más que vistosos. La posibilidad de ver recreado en la pantalla grande el mundo de Terramar probablemente sea recompensa suficiente por el dinero de la entrada, siempre que sea día del espectador.

Puede que en el Estudio Ghibli otra cosa no, pero de diseño saben un rato largo.
Como suele ser habitual en las producciones Ghibli, la banda sonora es notable, aunque el compositor no sea el genial Joe Hisaishi. De nuevo resulta complicado no comparar a padre e hijo. Mientras que Hayao era capaz de introducir la música de Hisaishi dentro de su película sin que la secuestrase, en "Cuentos de Terramar" la banda sonora de Tamiya Terajima parece omnipresente, a veces imponiéndose de manera forzosa al espectador, que llega a sentirse como el que pasea por la calle y es adelantado por uno de esos coches con las cuatro ventanillas bajadas y alguna canción del verano a todo trapo.

En fin, una película aceptable, pero incapaz de mantener sus casi dos horas de metraje. Recomendada para amigos del cualquier tiempo pasado fue mejor.
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