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Autor: malabesta
Fecha: 20/04/2009.
Déjame entrar
Digerido por malabesta A pesar de no ser un consumidor habitual de este tipo de cine, del que no tengo mucha necesidad (cuando quiero sustos voy al banco), cada cierto tiempo aparece una película como “El sexto sentido” o “Déjame entrar” y uno ha de replantearse sus principios. Al menos hasta que una nueva entrega de “Saw” o Eli Roth lo vuelven a poner todo en su sitio.
Oskar (Kåre Hedebrant) es un chaval debilucho y amargado que vive en un barrio obrero de Estocolmo, constantemente acosado por sus compañeros de trabajo. Una noche, jugando en el patio de su casa, conoce a Eli (Lina Leandersson) su nueva y misteriosa vecina. Junto con un hombre llamado Hakan (Per Ragnar) se acaban de mudar al piso de al lado. A pesar de las reticencias de ella, acaban siendo amigos, puesto que comparten muchas cosas: Oskar es un apestado social (es pobre e impopular, y tiene un gusto un tanto malsano por las necrológicas) y Eli es un vampiro bicentenario con cuerpo de niña, lo que no arreglan ni todas las toneladas de purpurina de “Crepúsculo”.
Más allá de la premisa y del hecho de que ambas son adaptaciones de una novela, poco o nada tiene en común con la cinta americana. “Déjame entrar” es bastante más oscura y adulta que el folletín vampírico de Stephenie Meyer. John Ajvide Lindqvist, autor del libro original y del guión, no ha querido renunciar a la complejidad de su obra original; dado que en un libro por lo general uno tiene más libertad para explorar el pasado, los pensamientos de los diversos personajes, etc. en la transposición a la gran pantalla, medio bastante más sacrificado en lo que al tiempo y al ritmo, mucho del libro se ha quedado en meras sugerencias, planos que al lego le resultarán un poco incomprensibles y confusos.
Tampoco es que moleste mucho. A pesar de su realismo, la película tiene un aire irreal (fomentado por la omnipresente nieve y la constante noche de Estocolmo) bajo cuyo abrigo caben este tipo de desvaríos argumentales.
Además, si por algo merece la pena ver “Déjame entrar” es por cómo está rodada. A pesar de contar con un presupuesto limitado (que sólo se hace notar en un par de escenas que el espectador fácilmente olvidará) la factura visual es envidiable en todos los aspectos. La recreación de los ochenta, la iluminación, el manejo increíblemente reposado de la cámara (que a estas alturas es ya un auténtico gusto)... Pero aún por encima de ello está la capacidad de Tomas Alfredson de plantear unas escenas increíblemente impactantes con unos ingredientes mínimos y sin miedo de visitar los lugares comunes del género, que es capaz de presentar de manera sorprendente.
Además “Déjame entrar” es un crescendo continuo que culmina con su escena final, tan inolvidable como la anagnórisis de “El sexto sentido”, y que sin duda será imitada (al igual que el estilo de la película) en más de una y de dos producciones. Por lo pronto Matt Reeves (“Cloverfield”) ya está trabajando en el remake, cuyo rodaje debería comenzar parejo con el estreno de ésta.
La pareja protagonista supone ante todo un acierto de casting; poco necesitan ambos actores para hacer creíbles sus personajes, lo que añadido a la pericia que puedan tener y al indudable buen hacer del director consigue que la labor de los dos aparezca como sobresaliente.
En fin, muy recomendable película, especialmente para todos los que habíamos perdido la fe.
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