Ficha

País

USA

Año

2006

Título original

Blood diamond

Duración

143min

Dirección

Edward Zwick

Guión

Charles Leavitt

Reparto

Leonardo DiCaprio, Jennifer Connelly, Djimon Hounsou, Arnold Vosloo, Jimi Mistry

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Crítica de Diamante de sangre
Autor: bronte
Fecha: 08/02/2007.
Póster Diamante de sangre

Diamante de sangre

Digerido por bronte

Podría empezar esta crítica con un chascarrillo tipo: "pues vaya, con la cantidad de diamantes entre flores que llegan a esta redacción...", pero la verdad es que no está el horno para bollos. "Diamante de sangre" es una película extremamente dura por estar basada estrictamente en hechos reales. Puestas así las cosas se pueden calibrar claramente dos niveles en este filme. Por un lado su clara denuncia y por el otro, la película en sí.

En cuanto a lo primero, "Diamante de sangre" viene a realizar una excelente labor de divulgación. Porque no parece que mucha gente esté enterada de las masacres que provoca el comercio de diamantes en África. Igual que no está enterada de muchas cosas, ya que los últimos años nos han ratificado en que la gran mayoría de la población occidental sólo se quiere enterar de lo que les dan por la tele a la hora de comer, y únicamente se movilizan si la cosa tiene mucho marketing, que si no también suele importar bastante poco. No hay más que fijarse en el nulo número de reportajes lacrimógenos que está generando el chapapote de Algeciras. La ausencia de democracias en África, el hecho de que los corruptos gobiernos controlen mayoritariamente los recursos, y la alarmante tendencia que se observa a nivel de cruentas guerras civiles, favorece todo un mercado negro de materias primas en las que todo el mundo toma parte. Con el dinero que sale luego del caucho, del petróleo o de lo que sea, se financian más armas, y puede continuar la guerra entre diferentes bandos. Todo esto queda nítidamente explicado en "Diamante de sangre", sin que los responsables quieran dejarse nada en el tintero. Desda la crueldad suma (la película empieza con una secuencia de mutiliaciones sobrecogedora), hasta los niños soldados, los esclavos, los campos de refugiados, las mafias, y porque no, la labor de los voluntarios, cuerpos de paz y organismos de la ONU, "Diamante de sangre" repasa someramente, pero con decisión, todo lo que se mueve en un continente con una deriva más que trágica.

La película, como estadounidense que es, pone el acento explícito en la tradición americana del anillo de pedida, y acusa a todas esas americanitas de ser unas frívolas indocumentadas que colaboran a tanto sufrimiento. Pero al mismo tiempo, aunque más implícitamente, apunta con su dedo a Europa, donde se mueven los mayores centros mundiales de comercio de diamantes. Quien haya estado alguna vez en Bélgica, o en Holanda más concretamente, sabe a lo que me refiero. Pero, aparte de hacer una necesaria autocrítica, tampoco tiene reparo en señalar las propias fallas de los sistemas políticos africanos, que algo tienen que ver ellos también, aunque esto encaje peor en la filosofía del "flower power". Son los propios nativos los que alimentan las guerras y los odios (habitualmente con la ayuda de Francia), y son los propios nativos los que torturan a sus compatriotas. Y esa es una realidad que conviene no sea soslayada. Siendo el mercado negro una práctica despreciable, y más aún cuando tiene estas consecuencias funestas, lo cierto es que los hay que se dedican a comprar para ganar dinero, y los hay que se dedican a vender para poder mantener sus políticas de genocidio.

De esta manera nos encontramos con un filme de esos con una vocación última de documental, y donde se aprecia una labor de investigación salvaje. Pero sigue siendo un producto dramático y como tal tiene su protagonista, su coprotagonista, el antagonista, y la chica, claro. Es la fórmula. Aunque seguir la fábula no sea claramente el fin primordial de sus creadores. Cada una de las situaciones expuestas en "Diamante de sangre" no sirven tanto para explicar el recorrido propio y mutuo de los personajes, sino para mostrar toda esa variedad de situaciones dolorosas que nunca son portada en los medios. Y es aquí donde justamente se resiente la película, pues se hace ciertamente tediosa y un poquito muy larga. Cuando no se está explicando diáfanamente aquella situación social, o aquellas circunstancias políticas, la cinta se deleita en numerosos tiroteos y escenas violentas que pueden llegar a hacerse más que repetitivas. Es tal la prisa por llegar al meollo de cada cuestión, que a veces los diálogos son precipitados, como aquel en el que la periodista interpretada por Jennifer Connelly, y el traficante Leonardo DiCaprio, se conocen, solucionando el guionista exactamente en tres frases que se empiece a hablar de la ocupación de éste último. No son tan extrovertidas las personas que se dedican a estos menesteres.

Quizás haber sido tan fieles a la realidad acaba quitando efectividad a la historia y acaba pasando un poco como en las noticias. Tantos niños se han visto famélicos en la televisión, que uno más ya no importa. Ante el último tiroteo, y ante tanta injusticia, puede que el espectador acabe perdiendo empatía y se dedique a interesarse por si DiCaprio y Connelly se enrollan o no, o en admirar las formas de los protagonistas. En todo caso, el director no da posibilidad de aferrarse a eso. Pero sería injusto no reconocer que es una película muy profesional, muy notablemente ejecutada en todos los sentidos y con una denuncia clara y sincera, libre de panfletarismo o sectarismo, que venía siendo ya muy necesaria. Quizás este filme evite que algún diamante se compre en el mundo. De hecho, en la muy americana tradición, un rótulo final advierte de que es responsabilidad del consumidor asegurarse de la procedencia legal de los diamantes que compra. Porque esa es la grandeza del libre mercado y el poder del comprador. La venta no existe si no existe la demanda.

Podrán leer ustedes por ahí que la interpretación de Djimon Hounsou es comparable a la de Leonardo DiCaprio. Yo, humildemente discrepo. Con ser buena la del actor africano, lo cierto es que el papel del rubio de "Titanic" es mucho más lucido, y DiCaprio sabe aprovechar bien la oportunidad, como excelente actor que es (no hay más que fijarse en su trabajadísimo acento), aunque sin igualar otras de sus interpretaciones. Jennifer Connelly está correcta, y aunque posiblemente el doblaje lo corrija, en su versión original hace un trabajo de voz de "gran dama de la interpretación", que quizás sobre un poco. Algo más de naturalidad no le habría venido mal. Pero teniendo en cuenta que casi todos sus diálogos son intensamente profundos por eso de que hay que dar todos los datos económicos, sociales y políticos implicados, tampoco hay mucho sitio para el matiz. Por otra parte, la dirección no olvida en ningún momento el "that's entertainment", pese a que no siempre lo consiga.

Una película que claramente merece más la pena ser vista por lo qué dice, que por cómo lo dice. También recomendada para ese amplio sector de público al que la película no le va a causar una duda existencial sobre si comprarse un superdiamante o no. Puntuacion