Ficha

País

Alemania, UK

Año

2005

Título original

Shooting dogs

Duración

115min

Dirección

Michael Caton-Jones

Guión

David Wolstencroft

Reparto

John Hurt, Hugh Dancy, Louis Mahoney, Nicola Walker, Dominique Horwitz

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Crítica de Disparando a perros
Autor: malabesta
Fecha: 11/04/2007.
Póster Disparando a perros

Disparando a perros

Digerido por malabesta

“Disparando a perros” vuelve a retratar el conflicto hutu-tutsi en Ruanda, partiendo de una situación bastante similar a la de “Hotel Rwanda”, pero centrándose mucho más en retratar los eventos del momento y en criticar a la comunidad internacional por la no intervención en el genocidio. Así es el mundo del cine, que con una mano te da un cachete por ir a la guerra y con la otra una colleja por no intervenir.

La película de Michael Caton-Jones se centra en la matanza de la Ecole Technique Officielle, en la que bajo el amparo del padre Christopher (John Hurt) y su ayudante y joven profesor Joe Conor (Hugh Dancy) se refugiaban unos dos mil tutsis, aprovechando la presencia de una delegación de Cascos Azules bajo mando belga, a las órdenes del capitán Delon (Dominique Horwitz). “Disparando a perros” trata siempre de hacer un retrato realista del genocidio ruandés, y una de las maneras que tiene de intentarlo es dar una visión negativa de todo el mundo; eso sí, sin inventarse nada. Los europeos residentes en Ruanda son unos cobardes que sólo piensan en volver a sus casas; los hutus son una cruel masa embrutecida y los tutsis no son mucho mejores. Su relación con la otra etnia pasa del desprecio racista al terror, y luego al deseo de venganza. Y por último la ONU, que citando a la propia película, esta allí “para observar que se cumple la paz, no para imponerla”, y que no llega a intervenir porque al fin y al cabo la matanza organizada de casi un millón de tutsis no era un genocidio, sino “actos de genocidio”. “Disparando a perros” es una de las películas que mejor retrata el ridículo papel que muchas veces les ha tocado representar a los cascos azules.

A lo mejor se le puede reprochar a la película el hecho de que no se moleste demasiado en explicar de dónde sale tanta violencia y tanto odio entre hutus y tutsis. En lugar de mostrar que gran parte de la culpa la tienen las ocupaciones coloniales alemanas y belgas, que colocaron (según algunos) o mantuvieron en el poder (según otros) a la minoría tutsi, cosa que a los hutus mucha gracia no es que les hiciera. En “Disparando a perros” todo esto se obvia bastante, y uno se lleva la impresión de que todo es fruto del barbarismo tribal, y que lo mismo les da por correr con una botella de Coca-Cola vacía durante kilómetros y kilómetros que por liarse a machetazos.

Quizá el único personaje auténticamente positivo sea el del padre Christopher, que al igual que el Paul de “Hotel Rwanda” se lo juega todo para intentar salvar a los refugiados, y que además representa esa otra cara del catolicismo, de la que nunca se acuerdan los que por aquí siguen traumatizados porque el párroco de su pueblo les dio unos azotes y desde entonces claman por la desaparición de la iglesia.

El realismo también se intenta alcanzar a través de la meticulosidad en la dirección, que a veces hace que el ritmo de la película sea demasiado lento. Caton-Jones pasea la cámara con el mismo detenimiento sobre las escenas más dramáticas, las más cruentas matanzas o las más aburridas tareas domésticas; todo tiene la misma importancia. Así, al poco de empezar la película uno se encuentra con minutos de metraje dedicados a ver cómo los soldados belgas fortifican el colegio, llenando uno por uno muchos sacos de arena. Hasta tal punto llega la cosa, que uno llega a perder el norte y a esperar que aparezca el buen mozo de “Bricomanía” para hacer algo con la sierra de calar.

Las actuaciones están capitaneadas por la de John Hurt, que hace un papel bastante bueno. Lástima que a medida que avanza la película parece que se iba dando cuenta y se viene arriba, afectando mucho más su actuación y quitándole bastante naturalidad. Hugh Dancy da bastante bien el pego de europeo perdido, en África y en su vida en general, aunque no se arriesgue mucho a la hora de afrontar ciertas escenas en las que Gary Oldman, por ejemplo, se hubiese revolcado por el suelo espumeando por la boca.

En fin, una película interesante aunque un poco pesada de ver. Recomendada para interventores. Puntuacion