Ficha

País

USA, Hong Kong

Año

2009

Título original

Dragonball: Evolution

Duración

84min

Dirección

James Wong

Guión

Ben Ramsey

Reparto

Justin Chatwin, Jamie Chung, James Marsters, Joon Park, Emmy Rossum, Chow Yun-Fat

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Crítica de Dragonball: Evolution
Autor: malabesta
Fecha: 12/04/2009.
Póster Dragonball: Evolution

Dragonball: Evolution

Digerido por malabesta

Presas de las impías garras de los grandes estudios -que todo lo corrompen- pero seguidores del original japonés, James Wong y Ben Ramsey (director y guionista de "Dragonball: Evolution"), que no querían mancillar su bienamada saga, optaron -junto con el resto del reparto y equipo- por la única solución honrosa: el suicidio ritual. Grandes conocedores de la cultura japonesa, optaron por el seppuku artístico a través de una película tan sumamente mala cuyo inevitable y estrepitoso fracaso en taquilla mantendría a productores avariciosos (y a sus hijos y allegados) alejados de posibles secuelas y de cualquier otro intento de adaptar "Dragonball", que descansaría feliz en el nirvana de los comics. He aquí la épica crónica.

Todo comenzó con el guión. Habida cuenta de Akira Toriyama no había tenido tampoco problemas en prostituir su propio material con hijos, padres, abuelos, extraterrestres, magos, muertos resucitados, fusiones y qué se yo, Ben Ramsey pronto fue consciente de que habría que llevar el libreto más allá de una mala adaptación. Tendría que ser malo en general. Como el suyo era un espíritu puro incapaz de todo mal, para ello no le quedó otra que reciclar otras malas películas (que por suerte abundan) para su obra. Así que decidió transformar a Goku (Justin Chatwin) de un chaval un tanto feral a un adolescente. De esta manera podría apropiarse de toda una tradición de espantosas telenovelas de instituto, una fuente casi inagotable de material para el horror. Optó por incluir a Chi Chi (Jamie Chung) como la chica popular de la que el protagonista se enamoraría. Cómo no, estaba liada con el típico matón chuleta. Sin que nadie supiese muy bien cómo a mitad de película se transformaría en una luchadora que se entrena en el medio del desierto. Esas cosas siempre exasperan a la crítica, y el primer paso para el fracaso en el  cine es tener a los críticos en contra. Cuántas películas defenestradas por el público han sido resucitadas años despues por la prensa especializada, y ¡zas! remake al canto. Era un riesgo que no estaba dispuesto a correr.

No bastaba con convertir a los protagonistas en los chavales de "Sensación de vivir" que se habían apuntado al club de kung-fu, también había que hacer algo con los secundarios. Dado que Piccolo (James Marsters) era necesariamente uno de los puntales de la trama, y todos sabemos los peligros que un antagonista carismático plantea, la opción fue desposeerlo de cualquier traza de personalidad. Algo así le pasó a Yamcha (Joon Park), el típico ladrón de buen corazón que se enamora de la chica buena (la Bulma de Emmy Rossum). Aquello sonaba mucho a Han Solo, así que lo mejor minimizar su papel en la película. Un par de planos, unos cuantos chistes malos y ya está. Lo mismo para el maestro Roshi (Chow Yun-Fat), una de las estrellas del material original, del que lo único que se pudo conservar fue la camisa hawaiana.

Sólo restaba la historia, pero eso era fácil: bastaba con coger unas cuantas ideas de "Dragonball", añadir por ahí unos cuantos alienígenas, magia, artes marciales de baratillo y la ya mencionada trama de instituto. Así cualquiera que viese la película (fans del cómic, de la ciencia ficción, de las artes marciales, de la fantasía o chavales que habían ido a ver la última de "High School musical" y se habían quedado sin entrada) sentiría mancillado su género más querido, y el boca a boca lo es todo en la promoción de una película. El toque maestro terminó de darlo -a pachas con el director y el equipo de casting- consiguiendo que todos los actores principales fuesen occidentales. Ya sabemos cómo son los japoneses cuando se emperran con algo, y mejor ir sobre seguro. Habiendo hecho todo lo posible, Ramsey descansó.

James Wong lo tenía mucho más fácil. Nunca había sido un gran director, así que sólo tenía que hacer lo que mejor se le daba: nada. Era suficiente con mantener bajo control los elementos que no dependían directamente de él, así que puso empeño en rodar las peleas de la manera más desapasionada e incómoda posible, quitándole todo el interés y la emoción, y emborronándolas de tal manera que los efectos especiales (que tampoco eran muy buenos) no llamasen la atención. Para contrarrestar su efecto tuvo la genial idea de convertir a Piccolo y a sus secuaces en villanos de los "Power Rangers", completos con su maquillaje, sus trajes brillantes y sus secuaces de usar y tirar.

Y aunque en su plan inicial también estaba el estropear la labor de los actores, se encontró con la sorpresa de que al documentarse para sus respectivos papeles todos ellos habían leído y amado el cómic de Akira Toriyama, así que se prestaron gustosos a la operación. Todos ellos sacaron a relucir lo peor de sus capacidades. Fíjense si lo dieron todo que incluso uno puede percibir que James Marsters, a pesar de estar cubierto de pies a cabeza por un disfraz, actúa mal. El único que se salió de la disciplina fue Justin Chatwin, empeñado en que su personaje tenga algo de vida y un mínimo de carisma. Caiga el oprobio sobre él.

Descansad en paz, vuestro sacrificio no será en vano. Recomendada para nadie.

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