Ficha

País

España

Año

2006

Título original

Goya's Ghosts

Duración

106min

Dirección

Milos Forman

Guión

Milos Forman, Jean-Claude Carrière

Reparto

Javier Bardem, Natalie Portman, Stellan Skarsgard, Randy Quaid, Blanca Portillo, Cayetano Martínez de Irujo

Enlaces

Externos

Críticas

por autor

por título

# A B C D E F G H
I J K L M N O P Q
R S T U V W X Y Z
Crítica de Los fantasmas de Goya
Autor: malabesta
Fecha: 11/11/2006.
Póster Los fantasmas de Goya

Los fantasmas de Goya

Digerido por malabesta

"Los fantasmas de Goya" es la nueva superproducción del cine español, pero no como lo fueran "El reino de los cielos" y "Sáhara", si no que esta vez es de verdad. Aunque dirigida por Milos Forman, y dominada por actores extranjeros, parte del dinero (gran parte del dinero, a juzgar por la lista de productores) sale de nuestras subvenciones, que allá van derechas a se acabar e consumir.

Al menos en ésta, tras tener que pagar la entrada por segunda vez, uno no se siente indignado. Aunque el juicio sobre la calidad de la película pueda ser dispar, al menos estamos delante de una producción digna y que gira en torno a nuestra historia, gloriosa o no. La época es la del final del siglo XVIII, en la que Goya (Stellan Skarsgard) ya es el pintor de la corte; gracias a su afamada posición, es contratado por Fray Lorenzo (Javier Bardem), un eminente miembro del Santo Oficio que quiere ser retratado y por la familia Bilbatúa, que también quiere una pintura de su hija Inés (Natalie Portman). La trama personal de la película gira en torno a los tres; Inés será juzgada por la Inquisición, sin que ninguno de los dos hombres, Lorenzo y Goya, pueda hacer nada para evitar el proceso. Ambos terminarán obsesionados con ella, y a raíz del incidente, el Fray habrá de abandonar España, para terminar regresando triunfador como parte de las tropas invasoras/liberadoras, según se mire, de los Bonaparte. La trama histórica, entonces, gira en torno a la caída del Santo Oficio y Carlos IV, el periodo de invasión francesa, la posterior expulsión y la vuelta de Fernando VII.

Condensar todo esto en poco más de hora y media no es fácil, y ello se nota principalmente en el tratamiento de los personajes. Están todos bastante mal desarrollados, y los que no forman parte del trío protagonista tienen cierta tendencia a desaparecer de la película sin más explicación. Goya no tiene mucha vida, y se limita más que nada a contemplar los acontecimientos. Nada del obsesivo Goya que se vuelve loco y pinta "Urano devorando a su hijo" en la pared de su casa. Aquí las obsesiones de Don Francisco parece que no pasan de leves molestias estomacales, a juzgar por cómo es retratado. Incluso su supuesta fijación por Inés pasaría desapercibida de no ser porque es voceada por el propio Stellan. Fray Lorenzo e Inés tampoco quedan mucho mejor. Aunque son los que más evolucionan en la película, todos estos cambios se producen tras un cartel de "15 años después...", que rompe bastante el desarrollo de la trama.

Todo cede tiempo al retrato de los eventos históricos del momento. No está claro cuál es el mensaje de la película de Forman, a pesar de que no se ande con sutilezas de ningún tipo. Si en la película se habla de la validez de "La Cuestión" (el proceso interrogatorio de los inquisidores) para extraer verdaderas confesiones, por si alguien no había cogido los paralelismos, un personaje dirá "¿Entonces está usted diciendo que la tortura como método para extraer información no es válido?"; sólo falta que lo diga mirando al público y guiñando un ojo mientras nos indica con sus dedos índice y corazón que hay un doble sentido. Lo mismo ocurrirá con las tropas francesas, que llegan a liberar a España de la tiranía a golpe de cañón. Goya tampoco termina por ser un personaje demasiado positivo. Como muchos intelectuales/artistas, se limita a contemplar sin intervenir más allá de sus dibujos, incapaz de ayudar a sus semejantes. Tampoco quedamos los españoles muy allá. A los ojos de Forman, el pueblo del s.XVIII está formado por ignorantes y brutos que gritan alegremente "vivan las caenas", van con las palomitas a las ejecuciones y luego se echan un baile en el cadalso mientras retiran al reo. Y no exagero nada.

Este retrato de "tan malos son unos como otros" es heredero tal vez de la obra del propio Goya, que en cuadros como "La carga de los mamelucos" retrata tan violentos e inhumanos a los defensores como a los atacantes, y es el mayor lastre y la mayor virtud de la película. Se agradece que no ofrezca una versión maniquea de la historia, pero también se echa de menos algún personaje positivo al que agarrarse.

Aunque el guión pueda ser algo desastroso, la mano de Forman lo arregla, de manera que la película nunca deja de ser entretenida. Incluso tiene sus momentos brillantes, especialmente cuando Goya comienza a sufrir los efectos de la sordera, que Forman muestra al público mediante juegos con el sonido bastante meritorios.

El trabajo de los actores es una de las flojeras de la película. Ha dicho Bardem que ha intentado reflejar en su Fray Lorenzo la particular manera de hablar que tienen los miembros del clero. Bien se ve que no ha ido mucho a misa. Su trabajo de voz es espantoso. Para reflejar la dualidad de Fray Lorenzo/Lorenzo el funcionario, al primero lo ha dotado de una insoportable y artificial voz, engolada y dulzona, que hace que parezca Petete con una subida de glucosa. La cosa aún resulta peor al tener que compararse con Ramón Langa, que interpreta a otro de los inquisidores. Con su presencia física y su increíble voz (de las mejores del panorama español), Ramón sí que parece capaz de poner el temor de Dios en el cuerpo de los infieles juzgados por la Inquisición, y de paso, venderles "El mundo en guerra". En cambio, el Lorenzo funcionario francés racionalista es más o menos el Bardem de siempre, con su voz de siempre y su mirada "acero azul", al modo Zoolander, pero con la camisa puesta. Eso sí, se mete la mano mucho bajo la solapa de la chaqueta, para que se vea que es partidario de Bonaparte.

Natalie Portman parece que fue escogida por Milos Forman debido a su parecido con un retrato de Goya, "La lechera de Burdeos". Y se parece tanto a dicha lechera como a un botijo. Se enfrenta a uno de los papeles más ridículos de su carrera, pues en la segunda mitad de la película, tras pasar por las manos del Santo Oficio, lleva un maquillaje espantoso, cuya estrella es una bola de algodón (o sucedáneo) en el lado izquierdo del mentón. Puede que Marlon Brando pueda meterse unas nueces en la boca y crear un personaje inolvidable, pero si Portman lo hace, termina la cosa en personajillo.

Skarsgard interpreta a Goya de la misma manera que lo retrata la película. El grabador de "Los horrores de la guerra" o "Los fusilamientos del 3 de Mayo" parece tener la vida interior de un panadero disgustado. En absoluto es una mala interpretación, sólo está fuera de lugar. Detrás de él se mueven una infinidad de secundarios, entre los que destacan Blanca Portillo, y Únax Ugalde, más que nada porque aparecen unos cinco minutos entre los dos. También cuenta "Los fantasmas de Goya" con la estelar aparición de Cayetano Martínez de Irujo interpretando a Wellington, del que probablemente sea pariente. Desde luego, no es el peor actor del reparto.

En fin, una película demasiado complicada. Recomendada para quienes hayan ganado uno de sus premios y no sepan quién es Goya. Tal como está el mundo del cine español, habrá más de uno.
Puntuacion