Ficha

País

Italia

Año

2005

Título original

La febre

Duración

108min

Dirección

Alessandro D'Alatri

Guión

Alessandro D'Alatri, Gennaro Nunziante, Domenico Starnone

Reparto

Fabio Volo, Valeria Solarino, Vittorio Franceschi, Massimo Bagliani, Arnaldo FoÓ

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Crítica de La febbre (La fiebre)
Autor: bronte
Fecha: 12/11/2006.
Póster La febbre (La fiebre)

La febbre (La fiebre)

Digerido por bronte

No lo digo yo, lo dice el director, Alessandro D'Altri: "Es una película política pero en sentido positivo, no como acto de acusación. Es necesario mancharse las manos con la realidad, tener el valor de decir que así no se puede continuar. [...]Hoy la industria cinematográfica es industria de Estado, una forma de comunismo. No tiene sentido dar algunos billetes a alguien para realizar un pequeño filme, sino ayudar a crecer a quien tiene talento".

A primera vista, "La febbre", "La fiebre", es otra comedia italiana contemporánea; vista con un poco más de detenimiento es una crítica muy dura a la situación actual del país italiano, que bien asimilable es al caso español. De hecho, es curioso que en infinidad de ocasiones el cine italiano esté mucho más cercano de nuestra realidad con mayúsculas, de lo que lo está el propio cine patrio. Quizás porque en Italia sí que hay una intención clara de bajar a la tierra, liberados ya de determinados lastres, y de retratar a pie de calle, desde una perspectiva más o menos crítica, la realidad circundante, mientras que el cine español pulula en gran medida por una virtualidad sesentera (los sesenta que nunca vivimos) que se salda con sus pobres resultados de taquilla.

Viendo esta película, el espectador medio europeo mediterráneo tendrá la sensación de que hace falta empezar de cero, o por lo menos hacer una buena limpieza. En "La febbre", el título se refiere principalmente al dicho italiano (citado en el filme) "Se l'invidia fosse febbre, tutto il mondo ce l'avrebbe", que viene siendo equivalente a lo de "Si la envidia fuese tiña...". Así, a través de la historia de Mario, un joven aparejador de la hermosa Cremona, lleno de ideas y ambiciones, el director nos va dando cuenta de rasgos característicos de estas nuestras culturas. Desde la fijación por conseguir un trabajo fijo, lo que deriva de una actitud funcionarial mucho más marcada que en los países del norte o anglosajones, hasta la consecuente mentalidad funcionarial tan recelosa de todo aquel que pueda moverse un poco más que los demás evidenciando el estatismo general. Pasando por el no moverse de casa de los padres hasta que se tienen espolones, y, esto es lo peor de todo, la envidia a todo aquel que pueda tener ideas innovadoras o talento tangible, personaje al que hay que abatir de manera sistemática, para que todo el entramado de ayudas, despachos y burocracias pueda mantenerse intacto en una inercia que camina hacia no se sabe dónde, elevando fundamentalmente a la caterva instalada en la mediocridad y que no supone un gran peligro mutuo entre los sujetos que la componen.

Mario gana un concurso de funcionariado público gracias a las gestiones de su padre, en el estilo de esta especie de sociedad estamental que mantenemos en esta margen del Mediterráneo. Lleno de ilusión y de proyectos, comienza a resucitar el departamento que le ha tocado, el del cementerio, por paradójico que pueda parecer. Hete aquí, que su jefe despliega toda la envidia humanamente ejercible hacia tanto dinamismo y comienza a hacerle la vida imposible.El acoso laboral que ahora se llama "mobbing". Y aunque este asunto aparece en la película, no es el tema principal de la misma. "La febbre" al mismo tiempo se refiere a los síntomas de una enfermedad letal que está consumiendo las posibilidades de futuro del país. Con este percal, finalmente Mario llegará a una conclusión ya bastante generalizada: cuando el ambiente es tan kafkiano, cuando el exterior está dominado por la irracionalidad y el jefe siempre es el más tonto de la oficina por aquello de que todo el mundo asciende hasta que alcanza su nivel de máxima ineptitud en este sistema, no queda más que hacer de tripas corazón, cerrar los ojos, y centrarse en los propios planes intentando huir como del demonio de todo proyecto socializado o comunitario.

Todo esto a través de unas imágenes que resultarán al espectador español muy familiares. Reconocerá en gran parte su forma de vida y sus ciudades en la cámara de D'Altri, y notará que le sobra mucha cancioncita íntegra (italiana para más inri, con esa ronquera tan característica), mucho videoclip, y mucho relleno que desluce la historia en gran medida. Sin ir más lejos, el amorío, como casi siempre, innecesario. Los admiradores del cine "de la bota" agradecerán por otra parte la inclusión de secuencias oníricas, tan del gusto de los italianos desde que Fellini diera un giro un giro de 180º a la cinematografía de su país. Resumiendo, D'Altri tiene una gran idea de partida, pero Gennaro Nunziante no es capaz de construir un guión chispeante y articulado sobre ella. El actor principal, Fabio Volo, se hace con el público en pocos minutos, debido a la simpatía (estamos en una comedia) que desprende su sola presencia en pantalla y posiblemente debido a la empatía, la solidaridad en el sufrimiento, igualmente. Aunque eso, sí, siempre parece que no sabe muy bien de qué va la historia.

Recomendada para individualistas emprendedores. Puntuacion