Ficha

País

Japˇn

Año

2001

Título original

Katakuri-ke no k˘fuku

Duración

113min

Dirección

Takashi Miike

Guión

Kikumi Yamagishi

Reparto

Keiko Matsuzaka, Naomi Nishida, Takashi Matsuzaki, Kiyoshiro Imawano, Tamaki Miyazaki

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Crítica de La felicidad de los Katakuri
Autor: malabesta
Fecha: 06/12/2006.
Póster La felicidad de los Katakuri

La felicidad de los Katakuri

Digerido por malabesta

Takashii Miike se hizo famoso en estos mundos de Dios cuando se estrenó "Audition", que por lo visto dividió al público entre los que la admiraron y los que hicieron uso de las bolsitas de mareo que se repartían en algunas proyecciones como maniobra de marketing. Miike ha dirigido más de sesenta películas en quince años, una cifra muy alejada del estándar occidental, que anda más por las quince películas en sesenta años. Así que aunque la casquería más explicita suele ser recurrente en su carrera, en 2001 rodó una película cada dos meses (incluida "Ichii the killer"), así que le ha dado tiempo a probarlo todo. "La felicidad de los Katakuri" supone su incursión en el género de las comedias negras musicales de plastilina y volcanes.

El visionado de "La felicidad de los Katakuri" requiere cierto estado mental. La película abre con un largo plano de una mujer intentando comer un plato de sopa, en el fondo del cual hay algo sospechosamente sólido. De Miike, uno se espera que de ahí salgan unos genitales de mono, o algo igualmente casquero y desagradable, pero en su lugar aparece un demonio hecho de plastilina, que da comienzo a un largo montaje musical de animales comiéndose unos a otros. Termina esta escena sobre la posada de los Katakuri, familia que se ha mudado desde la ciudad arrastrada por el padre, Masao (Kenji Sawada), a un recóndito lugar en las montañas por el que se rumorea pasará algún día una carretera llena de turistas. Claro que entretanto, la cosa no va demasiado bien. Masao y su mujer Terue (Keiko Matsuzaka) intentan mantener a Masayuki (Shinji Takeda), el hijo rebelde, y Shizue (Naomi Nishida) la hija divorciada y enamoradiza. Las otras dos generaciones conviviendo en la casa están formadas por Jinpei (Tetsuro Tamba), el padre de Masao, y si bisnieta Yurie (Tamaki Miyazaki), hija de Shizue y que ejerce como narradora ocasional. Todos se entusiasman cuando llega el primer huésped, al que no se le ocurre otra cosa mejor que suicidarse en la habitación. Los Katakuri, desesperados, deciden enterrarlo en el monte para evitar la mala publicidad. Y a partir de entonces se suceden las extrañas muertes de aquellos que se alojan en la posada, a la par que empiezan a aparecer las canciones en la película.

En general, la película es muy desenfadada, lo cual no quita que el guión esté bien escrito. Se mueve en torno a una historia bastante simple (sacada, parece ser, de una película surcoreana llamada "The silent guests"), en la que se integran siempre las canciones, que al contrario que en muchos musicales no hacen que la trama se pare; en "La felicidad de los Katakuri", a los protagonistas les da, de vez en cuando, por cantar sus diálogos y bailar sus actuaciones, pero nada más. Además, Miike no hace mucho caso de las normas del musical (como tantos otros): para él todo es susceptible de ser cantado, como el amor, el asesinato, la muerte o los fideos. Además, tampoco ve demasiado necesario que sus actores sepan cantar o bailar. A pesar de ello, en lugar de ser un horror monofónico como "El otro lado de la cama", las canciones de la película tienen cierto encanto. Aunque la película es una comedia, es recontrajaponesa, y su sentido del humor hace uso intensivo de ese absurdo tan típico del cine nipón, que en occidente de humor absurdo puede pasar a simple absurdo. También toca muchos de los iconos de la cultura moderna de Japón, como el karaoke, las idols o las artes marciales, casi siempre ridiculizándolos, claro.

Visualmente, la película también es bastante sorprendente. Con las imágenes digitales se alternan escenas stopmotion a lo "Wallace & Gromit", auténticamente demenciales. Recuerda un poco a las películas de los Monty Python, en tanto que uno tiene esa sensación de que cuando los requerimientos iban más allá de lo que el dinero o la técnica les permitía, tanto ellos como Miike echan mano sin dudar de los muñequitos o los dibujos, escudándose en que el tono de comedia surrealista hará cómplice al espectador. También hay en "La felicidad de los Katakuri" escenas brillantemente planeadas, que saben transmitir de manera sencilla y muy efectiva la información, especialmente a la hora de presentara sus personajes.

Lástima que en general todo se diluya un poco en la excesiva duración de la película, que con casi dos horas da la impresión de que llegados a un punto se empieza a meter relleno en la historia, que le quita un poco de fuerza al conjunto. No obstante, sorprendentemente, la película termina con un final feliz, detrás del que se esconde, eso sí, la visión siempre oscura que Miike parece tener sobre la vida, y que un poco se podría resumir en el chiste de Woody Allen, en el que una anciana se queja a otra de lo horriblemente mala que es la comida de la residencia, a lo que la otra contesta: "Sí, pero las raciones son tan pequeñas...".

En fin, una agradable y rompedora comedia, recomendada para los que escriben la Guía Campsa. Puntuacion