Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

The end of the spear

Duración

108min

Dirección

Jim Hanon

Guión

Bill Ewing, Bart Gavigan, Jim Hanon

Reparto

Louie Leonardo, Chad Allen, Jack Guzman, Christina Souza, Chase Ellison, Sean McGowan

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Crítica de El final del espíritu
Autor: bronte
Fecha: 21/06/2007.
Póster El final del espíritu

El final del espíritu

Digerido por bronte

Una prueba más, por comparación, de lo paupérrima que es a nivel de ideas nuestra cinematografía. Pero, ¿acaso España no puede hacer ciento y pico mil películas sobre misioneros por el mundo? ¡Pero si hemos dado misioneros al mundo para parar a un tren! Que se puede hablar bien de ellos, ponerlos a caldo, lo que sea. Pero anda que no hay temas por ahí desaprovechados. Los americanos, que son muy cucos, no dejan ni uno libre. Y aquí tenemos una película de clara influencia cristiana, aunque no se hable prácticamente nada sobre el cristianismo en el filme.

"El final del espíritu" está basada en una historia real que puso los pelos de punta al mundo en los años 50. Bueno, al menos a aquellos que se enteraron, entre los que no me encuentro. Lo cierto es que los Waodani, una tribu de Ecuador, llevaban eones matándose los unos a otros en venganzas interminables diezmándose su población de manera criminal hasta estar al borde de la extinción. En ese contexto aparecieron por ahí unos misioneros cristianos, aunque no puedo determinar ahora mismo de qué familia del cristianismo (católicos seguro que no porque eran todos como muy anglosajones) y decidieron hacer contacto con estos amerindios, a ver si educándoles en las enseñanzas de Jesús dejaban de matarse los unos a los otros. Primero se fueron acercando poquito a poco, y dejándoles regalos y tal, porque estos Waodani al parecer no dejaban a un forastero vivo (creyendo que eran seres monstruosos y caníbales), hasta que al final allí se plantaron. Todo iba bien, pero ay, triste la hora, en última instancia aparecieron los indios taparrabos y lanza en ristre y se cargaron a los cinco caballeros. Moraleja: aún no ha llegado.

La parte interesante de la historia es que las viudas de los muertos, en vez de ir allí con un bazooka y cargarse de mala manera a los "salvajes" en venganza feroz, se adentraron de nuevo en la selva, para con su acto, mostrarles la enseñanza, según ellos, más importante del cristianismo: poner la otra mejilla. Huelga decir que Mincayani (el protagonista macizo), y el resto de los nativos no entendían la mano tendida de los misioneros de ninguna de las maneras y durante mucho tiempo creyeron que estaban allí para matarles. Al final, como no podía ser de otra forma, todos amigos. A causa de, gracias a, por culpa de (lo dejo a su elección) la evangelización y de su condena de la venganza y del asesinato, los waodani dejaron de ser cuatro gatos al borde de la desaparición y volvieron a reconstituirse como grupo humano. Quien quiera ver más de cerca la historia siempre se puede atener a "Beyond the gates of splendor", el documental que sobre el mismo tema hizo el mismo director de esta película, Jim Hanon. que es un poco explícitamente monotemático.

Se le podrán achacar muchas cosas a esta película, pero desde luego nadie podrá decir que entren a saco en el tema de religioso ni doctrinal. De hecho, llama la atención que siendo como es una película sobre misioneros, casi parezca una convención de educadores para la ciudadanía. Con un presupuesto más bien limitado, Jim Hanon ha hecho una película digna, algo telefílmica y bastante sensiblera, cuyo mayor error de facturación reside en la banda sonora, siempre grandilocuente y un poco tipo "recepción de hotel". Claro que nada comparable a las pelucas de los pobres indios, lo cual podría ser fácilmente considerado un atentado del hombre blanco contra las minorías étnicas. Quien haya tenido una "Nancy" alguna vez cerca, que se acuerde del modelo afroafricano y ya tendrán una idea de cómo es ese pelo. Lo peor de todo sean quizás los dos protagonistas. Por un lado Chad Allen, quien interpreta al misionero protagonista muerto a lanzazos como quien no quiere la cosa, y después a su hijo, cuya perspectiva se utiliza para contar la película, y Louie Leonardo, quien interpreta a Mincayani, y como ya he dicho previamente, atractivo musculoso del filme. Todo parecido de Louie Leonardo con el auténtico waodani es una broma de mal gusto, y el actor, con dar de sí lo máximo, no deja de tener un estilo interpretativo exagerado y afectado. Las últimas escenas, casualmente las únicas completamente ficticias, son terribles. Algo así como si hubiéramos trasladado a Gary Oldman a la selva.

Con todo es una película que se deja ver, y la prueba está en que casi no pasan cosas, porque realmente lo único que pasa es que establecen contacto, van, los matan, y luego van allí las viudas, y se acabó la cosa, pero no aburre. Y eso es de mucho mérito. E insistiendo en lo de la pobreza intelectual de por aquí, siendo como es una película modesta, humilde, que pide permiso antes de sentarse, aún da para plantear algún debate: Mincayani al principio está en contra de los misioneros porque cree que su sistema de valores los debilita. Bueno ¿sí o no? ¿Debilita como individuo, como comunidad, poner la otra mejilla? ¿Tenían derecho los misioneros a ir allí y enseñar que matarse durante generaciones no conduce a nada? Hasta da un poco de pena ver a esos esplendorosos guerreros años después ataviados con gorra de béisbol sobre las pelucas, gordos y sedentarios, en comparación a lo atléticos que estaban cuando andaban a matanza limpia. Dicho esto con humor, pero no exento de sustancia. ¿Estuvo bien o mal lo que se hizo yendo allí a sofisticar su cultura de masacre? A la elección de los espectadores de la película dejo la respuesta. "El final del espíritu", aunque claramente decantada, tiene la decencia de presentar argumentos para los que estén en contra.

Pobre pero honrada. Recomendada para todos aquellos que saben del plus ultra.


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