Ficha

País

USA

Año

2007

Título original

Ghost Rider

Duración

114min

Dirección

Mark Steven Johnson

Guión

Mark Steven Johnson

Reparto

Nicolas Cage, Eva Mendes, Wes Bentley, Sam Elliott, Peter Fonda

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Crítica de Ghost Rider: El Motorista Fantasma
Autor: malabesta
Fecha: 16/02/2007.
Póster Ghost Rider: El Motorista Fantasma

Ghost Rider: El Motorista Fantasma

Digerido por malabesta

“Ghost Rider: El Motorista Fantasma” es el último producto ambientado en el universo Marvel que llega a nuestras pantallas. Protagonizado por Nicholas Cage, un gran fan de los comics, que parece que incluso ha “ayudado” con el guión. Es tal su afición a los tebeos que a uno de sus hijos lo ha bautizado como Kal-El (el nombre original de Superman). Si ha sido capaz de cometer esa crueldad con un pobre niño, imagínense lo que puede hacer con una película.

Resumiendo, la película cuenta la historia de Johnny Blaze (Nicholas Cage), un motorista acrobático que para salvar a su padre de una muerte segura hace un pacto con el diablo (Peter Fonda). A cambio de la salvación, Blaze se convierte en un esbirro de Satanás, cuyo trabajo es recolectar las almas que el señor de abajo requiere. En moto. Cuando aparece en escena un poderoso contrato manuscrito por la venta de mil almas, que tanto Mefistófeles como su hijo Blackheart (Wes Bentley) quieren, Blaze ha de apañárselas para salvar el legajo, patear el trasero a los malos y ligarse a Roxanne (Eva Mendes), y todo ello sin que se le caiga la peluca. Porque oigan, Nicholas Cage lleva una peluca que parece que le han untado la calva en brea y lo han obligado a correr por una peluquería de caballeros. Espantoso.

El director y guionista es Mark Steven Johnson, que aquellos que sigan el género de los superhéroes recordarán como el perpetrador de “Daredevil”. Aquí vuelve a hacer de las suyas. Cualquier atisbo de interés más allá de los efectos especiales que el personaje del Motorista Fantasma pueda tener, se ha ido por el retrete. La historia original, que se desarrollaba en gran parte en torno a un hombre que había vendido su alma al diablo pero que encontraba el perdón ante Dios gracias al amor verdadero, un tema que ha dado lugar a grandes clásicos de la literatura como “Fausto” o hasta cierto punto “Don Juan”, aquí se convierte en un ring de peleas ridículas. Pero qué se espera de un hombre que ha dicho sobre su personaje: “un héroe vengativo demoníaco, una suerte de Orfeo o Fausto”. Definir a Orfeo como un héroe vengativo demoníaco viene a ser igual que decir que la Gallina Caponata es un ave de rapiña, más o menos.

El guión, además de pisotear el personaje original, se pisotea a sí mismo. Los personajes son todos increíblemente malos. El protagonista tiene intelecto y diálogos propios de un fronterizo; Eva Mendes se limita a enseñar el escote y a poner cara de tonta. Satanás parece un presentador de teletienda y tiene menos autoridad que un guardia urbano. Blackheart, el temible antagonista venido del mismo infierno, resulta tan amenazador como un hombre con una resaca muy mala. Además, ninguno de ellos parece tener unas motivaciones claras, o al menos la película no se molesta en mostrarlas. Para qué. El caso es sacar muchas motos.

El desarrollo de la historia es muy irregular. Tarda mucho en arrancar, tras una larga presentación de personajes que no sirve para nada, porque a pesar de que plantea las relaciones básicas entre ellos, pasa por alto detalles insignificantes como por qué Satanás escogió a Johnny Blaze, o qué es lo que le ha hecho, o para qué. Por supuesto, todo ello se aclarará más adelante, cuando un personaje lo explique de viva voz. El antagonista verdadero aparece bien pasados los tres cuartos de hora, y todo termina por resolverse aprisa y corriendo, cuando más o menos todos los protagonistas se encuentran al doblar una esquina.

A nivel visual, “Ghost Rider” es un auténtico espanto. La mayor creación de la película, el Motorista, es espantoso, y tiene unas proporciones que más que semejar al Motorista Fantasma, hacen que parezca el Motorista Microcefálico. Los efectos especiales son bastante pobres. No técnicamente, sino en su diseño. Todos los demonios, espíritus y fantasmas que pululan por ahí parecen haber sido sacados de otras películas, y nada sorprende en ningún momento, salvo Nicholas Cage.

Miren que en esta página siempre esperamos poco de Cage. Esperamos que nos duela poco verlo en pantalla. Pero en “Ghost Rider” nos agracia con la que es, sin duda alguna, su peor interpretación hasta la fecha. Es absolutamente ridícula. Sus dos personajes son un motorista solitario y taciturno y un demonio que por cara tiene una calavera cubierta en llamas, y Cage consigue que ambos tengan la misma expresividad: la de un mechero. Su lenguaje corporal es el de Elvis en su peor época, y por encima parece que no lleva del todo bien el tema de su envejecimiento, lo que motiva planos ridículos en los que enseña su poderosa musculatura, esconde uno de los lados de su cara (que a mí me da que ha pasado por el quirófano, muy malamente), lleva un maquillaje horrible, o directamente le ponen una media delante de la cámara.

Sus compañeros de reparto hacen lo que pueden. Eva Mendes tiene un personaje ridículo, la quintaesencia del personaje femenino florero que le ríe las gracias al protagonista y que ha de ser salvado. Peter Fonda, quién te ha visto y quién te ve. Y por ahí aparece también Sam Elliot, que hace lo de siempre: de vaquero que escupe al suelo.

En fin, una aburrida película, digna sucesora de “Daredevil” en la carrera de su director. Recomendada para los que le hayan puesto el Metra-Kit a su scooter. Puntuacion