Ficha

País

USA, Canadá

Año

2007

Título original

Pathfinder

Duración

99min

Dirección

Marcus Nispel

Guión

Laeta Kalogridis

Reparto

Karl Urban, Moon Bloodgood, Russell Means, Clancy Brown, Jay Tavare, Ralf Moeller

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Crítica de El guía del desfiladero
Autor: malabesta
Fecha: 09/07/2007.
Póster El guía del desfiladero

El guía del desfiladero

Digerido por malabesta

“El guía del desfiladero”, un remake de una película noruega del mismo título y temática, es lo que los americanos llaman un “starring vehicle”, una película hecha para mayor gloria y lucimiento de su protagonista, Karl Urban, y con la que se espera que éste alcance el estrellato, la gloria y el oropel vacuo. Entonces, mientras componían “El guía del desfiladero” no estaban pensando tanto en cómo conseguir una experiencia de cine total, sino más bien cómo sacar a Urban una vez más con el torso al aire, con la esperanza de provocar otro tipo de experiencias.

Allá por el s. X parece que los vikingos llegaron a la costa este americana, tras pasar por Groenlandia e Islandia, (y antes de invadir Marbella y las Canarias), y pretendieron establecerse allí. Algunos historiadores explican el que no consiguieran prosperar en aquellas tierras en parte debido a su belicosidad propia, a lo largo de los inviernos y lo solitario de sus noches y a la escasez de mujeres entre los integrantes de las misiones de exploración. Es decir, presa de sus urgencias, los nórdicos se pelearon entre ellos por las pocas féminas disponibles. Cómo murió el último vikingo, el que ganó, sigue siendo un terrible misterio.

En lugar de narrar esta epopeya, más próxima a los gustos de Mel Brooks, “El guía del desfiladero” juega con la posibilidad de que un niño invasor fuese criado por los indígenas, y que fuera él quien ayudase a repeler las hordas vikingas. Karl Urban da vida al chaval, abandonado por su padre cuando se niega a matar a un niño indio en una de las sangrientas incursiones de los nórdicos.

Criado entre los aborígenes, y a pesar de su pelambrera rubia, termina por convertirse en una especie de Rambo pielroja, sin que por ello sus compañeros de tribu dejen de mirarlo con cierto recelo, especialmente cuando empieza a hacerle ojitos a la hija del jefe (Moon Bloodgood). Cuando los vikingos vuelven para arrasar con lo que queda, el protagonista ha de enfrentarse a ellos, a los fantasmas de su pasado, al indio más machote de la aldea y su rival, a su confusa identidad y a la pulmonía que le va a dar por tener que ir correteando por ahí ligero de ropa.

Antes de seguir, he de decir que la película entretiene. Es relativamente corta (no llega a los cien minutos) y siempre está pasando algo en pantalla, por lo que resulta complicado aburrirse. Pero no por ello se deja de dar cuenta uno de que el guión es bastante predecible y convencional, recurriendo uno por uno a los tópicos de esas películas en las que un extranjero, generalmente americano, es recibido en alguna comunidad tradicionalmente cerrada. El rival fuerte que termina reconociendo el valor del protagonista, el jefe sabio, la hija del jefe y novia del rival, etc.

Luego en su contra también tiene otras cosas, pero que ya son mucho más livianas, y que cualquiera con intención de disfrutar mínimamente de la película puede pasar por alto. Por ejemplo, los vikingos arrasan sin despeinarse poblados enteros, a pesar de que luego cuando cogen a cualquiera de los indios con derecho a primer plano en solitario, éstos son capaces de ventilarse a cuatro o cinco fornidos guerreros, armados simplemente con un mísero palo. O tal vez por qué el personaje de Karl Urban es un guerrillero de miedo y sus compañeros de tribu tienen la capacidad táctica de un botijo. O quizá se podría entrar en detalles de índole histórica, como el que los vikingos citen alegremente la biblia o que América esté llena de caballos antes, durante y después de la invasión. Pero desde luego el objetivo de “El guía del desfiladero” no es la veracidad histórica.

En lo que a espectáculo se refiere, las escenas de lucha están rodadas de manera muy moderna: no se ve un pepino. El trabajo más serio de la película probablemente venga de la mano del diseño de producción. Los vikingos son todos enormes y vestidos de un amenazante negro, repletos de artilugios de hierro y acero, para aumentar la sensación de indefensión que transmiten al espectador los protagonistas, mucho más bajitos y delgados, y todavía en la edad del palo.

La calidad de las actuaciones se mide más bien en proezas físicas, y Karl Urban salta y corre mucho y bien. Su partenaire Moon Bloodgood hace lo propio, pero ninguno de los dos ofrece nada más allá de los gritos y peleas.

En fin, entretenimiento sin pretensiones ni contraindicaciones. Recomendada para usuarios de taparrabos.
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