Ficha

País

Japón

Año

2006

Título original

Hana yori mo naho

Duración

127min

Dirección

Hirokazu Koreeda

Guión

Hirokazu Koreeda

Reparto

Rie Miyazawa, Junichi Okada, Tadanobu Asano, Susumu Terajima, Renji Ishibashi, Teruyuki Kagawa, Yui Natsukawa

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Crítica de Hana
Autor: malabesta
Fecha: 16/07/2007.
Póster Hana

Hana

Digerido por malabesta

“Hana” es la siguiente película de Hirozaku Koreeda, tras “Nadie sabe”. Para desgracia de los fabricantes de pañuelos de papel y de cuchillas de afeitar, Koreeda abandona el descorazonador tono de sus anteriores películas y nos ofrece una agradable comedia.

Ambientada en el siglo XVIII, cuando los samurai empezaban a perder su utilidad y prominencia en una sociedad mucho más comercial tras una larga paz, la película cuenta la historia de Soza (Junichi Okada), uno de ellos. Pobre, cobarde, tímido y un espadachín incompetente, malvive en un barrio pobre de Edo -hoy Tokyo- esperando poder encontrar en la capital al asesino de su padre, vengar la muerte de éste y poder recuperar su lugar dentro del clan. Pero su falta de valor unida a la atracción que siente por Osae (Rie Miyazawa), una vecina viuda, hacen que la vindicación se retrase bastante, y Soza empieza a dudar del código samurai que hasta ahora ha regido su vida y la de sus parientes.

Independientemente de a qué hora la vea usted, “Hana” comienza una mañana, muy temprano, y en los primeros minutos de la cinta se nos muestra cómo el barrio en el que vive Soza, y los diferentes personajes que con él conviven, se van despertando. El hecho de que el protagonista sea el último en salir es un indicativo del peso que ocupa dentro de la película, y aunque se supone que sus peripecias vitales son las que articulan el guión, muchas veces se pierde su historia entre las de todos los demás personajes, lo que hace mucho por alargar el metraje más allá de las dos horas, que se hacen un poco cuesta arriba.

Parece Koreeda, un poco harto de la visión romántica que sus congéneres tienen del mundillo de los samurais y de su código de conducta, ambientó “Hana” en los días anteriores a uno de los eventos más importante de la leyenda de dicha casta. En el barrio de Soza viven parte de los 47 ronin que pasarían a la historia tras vengar a su señor -obligado a suicidarse- y acto seguido quitarse ellos también la vida. Dicho acontecimiento ha pasado a ejemplificar el sentido del honor y la devoción que se esperaba de un samurai.

Curiosamente siendo “Hana” una pieza costumbrista, de época y ambientada en el Japón feudal, es muy europea en espíritu, pues se sustituye a todos los héroes por antihéroes, dejando la película mucho más cerca del realismo que nos es propio. En cierto modo, la historia de Soza no deja de ser incluso una perversión de “Hamlet”, en la que el vengador, sobrepasado por el peso de su empresa, la burla usando -como descubrirán los que acudan a ver “Hana”- los mismos métodos que el príncipe danés. El tono de la historia es de comedia, muy apropiado, y con momentos auténticamente divertidos (el barrio cuenta con una letrina pública, cuyos residuos se venden como abono, por lo que cada vez que alguien la usa el encargado de su mantenimiento le anima a que sea abundante, con gritos y canciones), aunque tampoco faltan ciertos tintes bastantes negros. Todos sus protagonistas viven en la más absoluta de las miserias, y no faltan ciertas escenas violentas (física y psicológicamente) que al público occidental a lo mejor le parecerán un poco fuera de lugar. Dichas salidas de tono parecen ser una constante en el cine oriental, cuyo público oriundo parece aceptar sin mayor problema.

Al igual que la fotografía y la dirección, el trabajo de los actores intenta reforzar el realismo propio de “Hana”. Gracias a la actuación y al carisma de Junichi Okada, y sus defectos y su bondad innata, Soza resulta un protagonista con el que es imposible no empatizar. Los personajes son sin duda el fuerte del guión de “Hana”, y todos tienen su punto de ternura y/o simpatía, lo que ayuda un poco a difuminar un poco el protagonismo entre los vecinos del barrio, pues todos tienen también su momento de gloria y su propia historia, ninguna de las cuales queda inconclusa.

En fin, una buena comedia -quizá un poco larga- pero que se hace querer. Recomendada para gente que pida “triste vendedor/con el cerezo en flor/dos pa la cinco”.
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