Ficha

País

USA

Año

2007

Título original

Sleuth

Duración

8min

Dirección

Kenneth Branagh

Guión

Harold Pinter

Reparto

Jude Law, Michael Caine

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Crítica de La huella
Autor: malabesta
Fecha: 14/10/2007.
Póster La huella

La huella

Digerido por malabesta

Remake libre de “La huella” del 72, esta nueva versión da fe de que Jude Law no es Michael Caine, Michael Caine no es Laurence Olivier, Kenneth Brannagh no es Joseph Mankiewicz y a Harold Pinter mejor no mencionarlo.

Andrew Wyke (Michael Caine) es un famoso escritor de novelas policíacas, cuya mujer está liada con Milo Tindle (Jude Law), un actor joven y en paro. Wyke decide invitar a éste a su casa, y Milo acude con la intención de obtener el divorcio de su amada, pero se encuentra con que Andrew le ofrece un trato un poco más oscuro: intentarán fingir un robo en casa del escritor para que uno cobre el dinero del seguro y el otro pueda vender los bienes.

Más o menos esto -y la participación en ambas de Michael Caine- es lo que “La huella” comparte con su homónima de los setenta. Mientras que tanto la obra de teatro original como la primera adaptación se mantenían cómodamente dentro de un ambiente propio de los trhiller de cuando no se había inventado la palabra thriller, estilo “La ratonera” de Agatha Christie, la versión de 2007 se aleja del entretenimiento para bucear en las honduras del alma de las personas humanas, con el inevitable naufragio consiguiente.

La adaptación está envenenada con lo mismo que muchas otras modernizaciones de obras clásicas; una actualización del escenario, que pasa del viejo castillo lleno de los recuerdos y las obsesiones del Wyke de Laurence Olivier a un moderno caserón con una decoración llena de neones, mobiliario imposible y esculturas  metálicas, y equipado con la última tecnología en sistemas de seguridad y cámaras de vigilancia. Vamos, como la casa del anuncio de “El Piponazo”. Pero se trata de un cambio hueco, porque mientras en la original la escenografía era parte integrante de la trama, en esta nueva versión lo único que hace es entorpecerla y en algunos momentos a empujar a la película al ridículo.

Harold Pinter, con su premio Nobel bajo el brazo, ha escrito un nuevo guión en el que prima mucho más la interacción entre los personajes que la acción. Esto lo hace muy diferente al de Anthony Shaffer (autor también de la obra de teatro), y en él radica la mayor virtud de la película. Al ser tan diferente de la original, no estropea el visionado de ésta. Por lo demás, se queda en hora y media -al menos es corta- de ampulosa cháchara vacía entre dos hombres sin personalidad definida, y que a mi modo de ver estarían bastante mejor en una institución mental.

Además, en su afán por explorar la relación entre Milo y Andrew, Pinter parece olvidarse de todo lo demás, de manera que la trama, muy descuidada, comienza a flaquear pronto y luego desaparece por completo. Da una idea de la seriedad con la que está enfocada cuando el personaje de Caine insiste en que Milo recibirá a cambio de las joyas que va a robar ochocientas mil libras, pero no libras normales, sino ¡libres de impuestos!; de todos es conocido la preocupación que los ladrones tienen respecto a cumplir sus sacrosantas obligaciones fiscales.

Abundan los rebuscados planos y las composiciones rocambolescas, que no se diga que el director era el menos artista de todos.
La dirección de Kenneth Branagh, hombre también de teatro, es bastante pretenciosa, aunque cierto es que tiene algún que otro buen momento, especialmente hacia el final. Eso sí, abundan los rebuscados planos y las composiciones rocambolescas, que no se diga que el director era el menos artista de todos..

Al igual que en “Alfie”, Jude Law recicla un papel de Michael Caine, pero esta vez tiene al propio Caine para darle réplica. Sin ser un mal actor, al lado de este último, Law pierde bastante. Tampoco creo que el guión le ayude mucho, pues sin duda ha de ser complicado meterse dentro de un personaje (por otro lado igual al de Caine) que no tiene una personalidad definida y pasa de ser santo a vicioso, de maníaco a asustado y luego a resentido sin motivos demasiado claros.

En fin, una pretenciosa y, a pesar de su hora y media escasa, aburrida película. Recomendada para interioristas en apuros.


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