Ficha

País

Japón

Año

2001

Título original

Koroshiya 1

Duración

120min

Dirección

Takashi Miike

Guión

Sakichi Satô

Reparto

Tadanobu Asano, Nao Omori, Shinya Tsukamoto, Paulyn Sun

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Crítica de Ichi the killer
Autor: malabesta
Fecha: 08/12/2006.
Póster Ichi the killer

Ichi the killer

Digerido por malabesta

Probablemente “Ichi the killer” fue la película que lanzó a la fama internacional a Takashi Miike, con mucha alegría de los carniceros, que veían como el negocio de la venta de vísceras crecía gracias a los émulos del japonés. Contiene la película todos los elementos típicos del director: montajes espectaculares, sexo, humor negro, y mutilaciones, dentro y fuera de la pantalla, pues rara vez sus películas pasan de país a país sin que algún fotograma particularmente explícito se quede en la cuneta.


“Ichi the killer” cuenta la historia de Kakihara (Tadanobu Asano), un matón yakuza sadomasoquista que ha de encontrar a su jefe, que se ha perdido junto con unos cuantos millones de yenes que había en su habitación. Detrás de esta desaparición está Jijii (Shinya Tsukamoto), el jefe de una banda de asesinos, cuyo mayor activo es Ichi (Nao Omori), un hombre tímido y retraído que, como muchos, cuando pierde el control se convierte en una sádica máquina de matar. Es el número uno (ichi, en japonés), y una leyenda en la calle. Claro que lo que la leyenda no cuenta es que es un desequilibrado que sólo busca venganza de los matones que, cuando estaba en el instituto, abusaban de él y terminaron por violar a la única chica que lo defendía.


El tema central de la película es la violencia. Evidentemente, para muchos, es la violencia explícita que Miike nunca se retracta en mostrar. Pero lo que realmente mueve a la película son los efectos de la violencia. Todos los personajes están marcados de alguna manera: Kakihara, adicto al dolor, se pasa la vida recibiendo y administrando violencia, y su nada oculta relación sadomasoquista con su jefe es lo que lo mueve a buscarlo, aún cuando todo el mundo lo da por muerto. Ichi se pasa la vida buscando venganza, además de que los abusos recibidos lo han dejado convertido en un ser incapaz de toda relación social. Además, lo que realmente resulta desagradable de la película no es el retrato en sí de la casquería, o ver a diferentes personas sufriendo diferentes tipos de amputaciones. En el mundo del gore y Freddy Kruger, las tripas ya no impresionan tanto y los chorretones de sangre se limpian con cualquier detergente. Lo que realmente marca son las secuelas de la violencia. “Ichi the killer” es particularmente concienzuda a la hora de mostrar rostros deformados por los golpes o cicatrices horribles.


Aunque la película en sí es soportable en lo que a lo desagradable se refiere, no lo es tanto en lo que a aburrir toca. El ritmo es bastante desigual, y a veces se acumulan los sucesos, mientras otras Miike parece más interesado en mostrar como alguien se arranca la lengua que en hacer que la película avance un poco. Eso sí, los montajes de Miike son bastante espectaculares, aunque el ritmo frenético de los primeros minutos se pierde rápidamente, lo que evita muchos ataques de epilepsia. Hay que concederle que tiene una gran capacidad para integrar todo tipo de técnicas y estilos, y el blanco y negro, la cámara digital, los colores degradados o la gente dando volteretas conviven con cierta armonía dentro de la película.


El guión tampoco es perfecto, y la cosa se descompone un poco hacia el final, cuando empiezan a aparecer una serie de personajes de la nada que de repente serán cruciales en la trama, además de que el final está un poco traído por los pelos, añadiendo además que después de la orgía de sangre y vísceras que supone la película, uno esperaría que la gran traca final fuese un poco más espectacular. Da la sensación que tras repartir estopa durante horas y dejar allí por donde pasa las paredes redecoradas con trozos de ser vivo, a Ichi le llega con darle un cachete a Kakihara.

 Los actores responden bastante al estilo japonés, que nosiempre termina de gustar en occidente. Cabe destacar a Shinya Tsukamoto, másque por su actuación (aunque es correcta), porque es otro personaje icónico delcine underground japonés, pues en su momento fue el director de “Tetsuo”.
 
En fin, una película demasiado rompedora, que al final termina por romperse un poco. Recomendada para los que se comen el filete crudo, y además antes le han metido el dedo en el ojo a la vaca.
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