Ficha

País

USA

Año

2008

Título original

Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull

Duración

124min

Dirección

Steven Spielberg

Guión

David Koepp

Reparto

Harrison Ford, Cate Blanchett, Karen Allen, Ray Winstone, John Hurt, Jim Broadbent, Shia LaBeouf

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Crítica de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal
Autor: bronte
Fecha: 22/05/2008.
Póster Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Digerido por bronte

Gracias a Dios que aún nos queda Indiana Jones. Spielberg, Lucas y Ford nos sorprenden con una película “crepuscular” que afortunadamente no tiene nada de ocaso. Porque cuando en Hollywood les da por enterrar a sus personajes es para echarse a temblar. Especialmente si son héroes. Fieles al género, los responsables de la saga han eludido la tentación de colocar a su protagonista preguntándose por el sentido de su vida y revisando si sus aventuras fueron tales o tan sólo episodios de represión y colonización de los habitantes del tercer mundo.

Con todo, este “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” no puede zafarse de ciertos peajes, algunos con gracia y otros no tanto. Entre estos últimos la duda de los agentes del FBI sobre si el tal Jones es tal héroe y si merecía tantas medallas, lo típico, el cuestionamiento del héroe por parte de su entorno (menos mal que esto sólo es un apunte), y entre los donosos, aquellas referencias a la edad del arqueológo, que lejos de ser cansinas, como se temía, son contadas, puntuales y con una gran carga cómica.

Soy yo también de las que se asusta mucho con el anuncio de la inclusión de familiares en la trama. A mí los llaneros me gustan, pues eso, solitarios, que se basten y se sobren sin ayuda de nadie. Fui sorprendida gratamente en “Indiana Jones y la última cruzada”, es verdad. Pero un padre es un padre, y un hijo es un hijo, y ya sabemos todos lo repelentes que pueden resultar los hijos críados lejos de la disciplina inglesa. Una vez más mis temores eran infundados. El personaje de Henry Jones III, encarnado por Shia LaBeouf no sólo no molesta sino que además es una prueba más de que esta pandilla no sólo sabe crear aventuras maravillosas sino que tienen un don mágico para construir los personajes, tanto que algunos se han convertido en mitos contemporáneos. No será éste el caso del hijísimo (al menos por ahora, y así lo deja muy claro el último fotograma, que a mí casi me da un vuelco el corazón), pero su personalidad está diseñada con esmero, coherencia y donaire. Y sostiene alguno de los mejores gags de filme. Resuelta esta duda que nos corroía a todos las entrañas sigo con el resto.

Ambientada en el año 1957, uno de los grandes aciertos y encantos de esta entrega es el reflejo de la época, no sólo en la ambientación, sino en los clichés y la ideología. En esta ocasión los malvados son los soviéticos, casi al nivel de maldad de los nazis, aunque el guión no se detenga tanto en reseñar su calidad de escoria. Tal condición propicia que la película ofrezca la opinión de sus responsables sobre la actual situación política en USA, porque ya sabemos que Spielberg no da puntada sin hilo. Y aparece entonces todo el aparato del “miedo”, el “gobierno nos quiere hacer ver comunistas en todas partes” y etc. Es verdad que en los aeropuertos americanos cada diez minutos una voz te recuerda la situación de alarma naranja, pero parece bastante entendible que en los cincuenta estuvieran un tanto espantados con lo de los “rojos”. Al fin y al cabo el bueno de Stalin tan sólo se “cargó” entre cuatro y sesenta millones de personas (lo que hace la politización en los estudios históricos). Que esa es otra. Stalin murió en el 53, pero a Spielberg se lo perdonamos todo. Para dar una de cal y otra de arena, recordar que el capitalismo también puede ser muy sucio. Especialmente si se lava las manos.

Con respeto a los clichés, las peleas entre rockers y quarterbacks, la ciencia-ficción, el miedo atómico y el hongo nuclear entre otros, configuran un producto “de época” cuya mayor tara es la poca localización urbana de la cosa y la mucha selva amazónica. Esto puede hacer un poco repetitiva la película, pero sólo para aquel que vaya buscando la llegada del nuevo mesías. “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” homenajea (algunos dirán que se repite) a su propia saga en no pocas ocasiones (cataratas, arenas entre piedras, bichos) y a otras películas de la factoría, pero también aporta grandes novedades de puesta escena, aunque todo ello con el estilo definido que entrega tras entrega se ha ido configurando. Las peleas en vehículos en marcha, la intervención de animales como gags, la tensión sexual entre el progenitor A y el progenitor B, y tantas otras cosas que no detallaré, porque yo soy de la opinión de que a estas películas y en general a todas, hay que ir sin saber nada. Como en las anteriores tres cintas, dos horas coreografiadas hasta el extremo y en las que cada fotograma esta lleno de significado, gracejo y elegancia.

Como los tiempos han cambiado, no podía faltar la infografía, y aunque también en este tema han estado comedidos, ciertas incursiones como las de las ardillas, y no diré más, simplemente sobran. De hecho, eso es lo único que sobra. Cuando los efectos especiales se utilizan para reflejar fenómenos de la naturaleza y demás proezas, simplemente están pero que muy bien puestos. Algunas escenas llanamente originalísimas y brillantes.

¿Inferior a sus predecesoras? Eso dicen, porque parece que hay una inclinación innata en el ser humano en hacer bajar lo que un día estuvo arriba, pero yo les recomiendo, honestamente, que no se la pierdan.
Otra cosa de agradecer, y mucho, a esta película es que continúa con la impagable labor de los americanos en instruir a los españoles en su propia historia. En esta ocasión le toca a El Dorado y a Francisco de Orellana, que era un conquistador español, nacido en Trujillo, para más señas, y que dió su nombre al río Amazonas. Y sí, una pena que sean los americanos los que aprovechen el filón cuando aquí sigue todo el mundo con el naturalismo sucio del siglo XIX. Hablando de todo un poco, que la historia sea tan lejana a nuestra cultura (al fin y al cabo, ¿qué es eso de las calaveras de cristal?) le hace perder a la cosa la entrañabilidad que podía tener el episodio del Grial, que, reconozcamóslo, todo occidental interpreta como el reencuentro (o encuentro) consigo mismo, pero eso no es mácula de importancia.

La villana es Cate Blanchett, sinceramente en el mejor papel de su vida, guapísima (mucha insistencia en los ojos y poca en los labios), aunque mucha chicha no tenga. Pero sí que da para que el filme destaque el refinado uso de los métodos de propaganda y lavado de cerebro (ya saben, lo del Agit-prop y la famosa frase de Lenin de que la mentira es revolucionaria) de los comunistas para intentar convencer al mundo de que su sistema es la panacea perfecta, incluido su gusto por el recorte de las libertades individuales.

Añada usted algo del kit del pequeño científico, hablar lenguas muertas, cierta habilidad con el látigo y peligros como los de antes (cuánto tiempo hacía que no nos recordaban las temibles arenas movedizas) y tendrá usted una película como Dios manda. ¿Inferior a sus predecesoras? Eso dicen, porque parece que hay una inclinación innata en el ser humano en hacer bajar lo que un día estuvo arriba, pero yo les recomiendo, honestamente, que no se la pierdan.

Recomendada a todos los que algún día soñaron con ser Indiana Jones.
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