Ficha

País

USA

Año

2009

Título original

Invictus

Duración

133min

Dirección

Clint Eastwood

Guión

Anthony Peckham

Reparto

Morgan Freeman, Matt Damon, Marguerite Wheatley, Patrick, Matt Stern, Julian Lewis Jones, Penny Downie

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Crítica de Invictus
Autor: farrell
Fecha: 03/02/2010.
Póster Invictus

Invictus

Digerido por farrell

"Invictus" no es un biopic sobre Nelson Mandela. Ni siquiera es una película sobre la abolición del Apartheid o sobre la transición hacia la Sudáfrica democrática y reconocida internacionalmente de hoy en día. Quizás esto sea lo que justifique el decir que es ésta una buena película, sí, pero desde luego nada en comparación con lo que Eastwood podría haber conseguido con tal historia y, sobre todo, tal reparto.

El primer presidente negro de Sudáfrica logró, en una “revolución pacífica” conceptualmente similar a la que protagonizara Gandhi, reconciliar a un país que tenía todas las papeletas de convertirse en una de las eternas guerras civiles que azotan muchos otros de sus vecinos africanos, convirtiéndose en uno de esos estadistas que, más que trabajar por la economía o la reducción del paro en su país, logró construir su idea de la Sudáfrica del perdón y del futuro sin mirar atrás. Algo de lo que podrían tomar nota los políticos españoles y sus leyes sobre las fosas comunes.

El director maneja material de primera, con una enorme carga simbólica y sentimental y muy cerca de las coordenadas temporales y sociales del primer mundo: todos conocemos y respetamos la figura de Nelson Mandela. A pesar de esto, Eastwood se pierde en un guión totalmente aséptico que ahonda más en la capacidad oratoria del presidente africano que en explicar y profundizar en las razones que llevaron a éste a apoyar uno de los símbolos más claros del anterior régimen en su país. Las “escenas discurso” (una cada cinco minutos aproximadamente) ayudan a dibujar el personaje de “hombre justo” de Mandela, sí, pero todo eso ya lo sabíamos y lo que necesita esta historia es un desarrollo de la trama que se centre menos en la foto de Mandela sonriendo y más en sus actos. Actos que significaron la reconciliación de un país en el que hasta hacía dos años los negros no podían viajar en autobús o bañarse en las playas de los blancos, por ejemplo.

Aún así, Eastwood sí acierta colocando a Mandela en el brete de tener que lidiar incluso con sus propios asesores y ministros, ayudando esto a dibujar un personaje que no sólo se caracteriza por la sonrisa que vemos hoy en día en los conciertos de la Fundación 46664, sino también por ser un hombre que persiguió un modelo de estado sólido y basado en la razón que ayudó, tanto a los blancos opresores como a los negros salvajemente oprimidos, a construir un país nuevo y a la proa del desarrollo y la prosperidad en África.

Morgan Freeman, Mandela, hace piña con Eastwood en labores de producción y encarna uno de esos personajes en los que se nota que el intérprete tiene una especial implicación personal. Después de todo, el mismo Mandela le confirmó que él era el ideal para interpretarlo. Así, se aconseja sobre todo ver la película en V.O. porque los que han conocido al presidente sudafricano de cerca afirman que cerrando los ojos es imposible diferenciar el timbre y la cadencia de voz entre el actor y el original. Dicho esto, es de recibo también recordar que el trabajo del actor no consiste sólo en la mímesis y que ahí Freeman también aprueba con nota al crear un personaje lleno de bondad y, sobre todo, empatía que logra traspasar las fronteras de la simple imitación y en ocasiones se vuelve, a pesar de la cojera del guión, verdaderamente emocionante.

Al otro protagonista de la película lo han elegido claramente por una cuestión de mandíbula (el tipo Jude Law no pegaba en esta historia) y por tanto Matt Damon cumple razonablemente bien sin llegar a la excelencia interpretativa de Freeman pero aguantándole el tirón como puede. Después de todo, Mandela es una figura de importancia planetaria y François Pienaar simplemente un jugador de rugby colocado circunstancialmente en el centro de la política internacional, sin desde luego ni una décima parte de interés que el personaje de presidente.

Así, “Invictus” pasará a la historia como una de las primeras películas en las que uno de los directores fundamentales de fin de siglo comenzó el camino de muchas otras figuras de la dirección, a saber, que no se va a hacer cada año una obra maestra ultrapersonal y que también se puede dirigir, con excelencia y buena mano, historias que simplemente les interesan y quieren contar.

Recomendada para los redactores de la Ley de la Memoria Histórica.
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