Ficha

País

USA

Año

2008

Título original

Jumper

Duración

88min

Dirección

Doug Liman

Guión

David S. Goyer, Jim Uhls

Reparto

Hayden Christensen, Samuel L. Jackson, Diane Lane, Jamie Bell, Rachel Bilson

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Crítica de Jumper
Autor: bronte
Fecha: 15/02/2008.
Póster Jumper

Jumper

Digerido por bronte

La teletransportación junto con el dominio mental son dos de mis superpoderes favoritos. Vamos, con que son dos de mis superpoderes favoritos no quiero decir que  yo tenga esos superpoderes, sino que si pudiera elegir, y encima me los dieran, sin lugar a dudas esos dos estarían los primeros en mi lista. Por eso cuando empecé a ver  "Jumper" y vi a ese mozo tan borbónico, Hayden Christensen, yendo de un lado a otro como quien no quiere la cosa, se me hizo la boca agua y hasta me palmearon un poco los pabellones auriculares. Se producía el milagro del cine y el espectador, espectadora, soñaba con verse en esa misma situación, elevándose sobre la monotonía de la vida no ficcional y pudiendo celebrar la merienda sobre la cabeza de la esfinge.

Pero claro, la alegría dura más que poco en la casa del pobre. Después de un inicio prometedor, y hasta rodado con tensión, un inicio en el que aparece por ahí AnnaSophia Robb, a la que ya habíamos visto en "Charlie y la fábrica de chocolate" y que viene siendo como la versión guapa de  Natalie Portman, aquello es todo cuesta abajo. Cuando los adolescentes se hacen menos adolescentes, AnnaSophia Robb es sustituida por Rachel Bilson, y eso es un no parar. En cuanto aparece sirviendo cervezas en un bar de pueblo, la Bilson da un aire verbeneril a la película, no sé si me entienden, que la cosa que ya pierde toda la gracia. Que un chico con tal superpoder ande toda la vida colgado de semejante pingo, quita emoción al conjunto. Además el personaje de la liberal hasta se llama Millie, como Pili y Mili. En fin.

Pero eso no es nada en el conjunto de la globalidad.  Por supuesto el amorío fastidia cosa fina. Si yo tuviera el superpoder de la teletransportación con esas me iba a andar, ahí llorándole al encaprichamiento del bachillerato. Lo cierto es que a partir de la media hora de película eso ya es un salto continuo. Salto para aquí, salto para allá, y de paso un semi-documental de lugares turísticos. Que si las pirámides, que si Londres, que si Roma. Hombre, mira, a mí si me sacan Roma, ya no me da tantas ganas de quemar el cine. También hay que reconocer que los efectos especiales y sobre todo el diseño visual a la hora de mostrar los saltos es bastante apañado. Pero ya se sabe que la acción acabó matando la historia. Nada de ciencia-ficción: meneo.

Se supone que hay unos cuantos con el poder éste en el mundo, y viven bastante bien, comiendo en NYC y cenando en París, lo típico. Pero un comando especial dirigido por Samuel L. Jackson, con el pelo blanco, que parece que lleva el casco de Merlín en "Excalibur", les persigue desde que la historia es historia, argumentando que "sólo Dios puede estar en todos los sitios". Pues bueno, eso se verá, tal y como adelantan las ciencias, que es una barbaridad. La película se hace aburridísima, y sólo escuchar el british accent de Jamie Bell, desentonando como un pulpo en un garaje (para aquellos que vean la v.o.), tendrá un poco de gracia. Que por cierto, ha crecido mal el muchacho.

Si la película es bastante olvidable, lo que seguramente les quedará en la mente a los espectadores es el final, porque es el final peor construido de los últimos treinta años. Es de esos finales o bien no teníamos ganas de seguir trabajando, o bien se nos acabó el presupuesto o bien se nos acabó la cinta. La película acaba a media película. Allí plantan el "The End" y que les quiten lo bailao. Diane Lane aparece unos 30 segundos. Samuel L. Jackson está de prestado. Mal.

Recomendada para gente con sueños pequeñitos.
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