Ficha

País

USA

Año

2009

Título original

Cloudy with a chance of meatballs

Duración

90min

Dirección

Phil Lord, Chris Miller

Guión

Phil Lord, Chris Miller

Reparto

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Crítica de Lluvia de albóndigas
Autor: malabesta
Fecha: 08/12/2009.
Póster Lluvia de albóndigas

Lluvia de albóndigas

Digerido por malabesta

Aunque el "Con la voz de Flipy" que cuelga del cartel haga recordar, de la mano de Dani Martín, los peores momentos de la historia del doblaje, hay que decir que el chaval no lo hace mal del todo. Así que el que quiera lamentarse (o evitar verla), tendrá que buscar otra excusa; tampoco le faltarán.

"Lluvia de albóndigas" cuenta la historia de Flint, un emprendedor inventor cuyo único sueño es volver a traer la prosperidad a Swallow Falls, un pequeño pueblo de la costa estadounidense en crisis desde que las sardinas en lata -junto con el pañuelo con cuatro nudos- pasaron de moda. Su último intento consiste en una máquina de impronunciable nombre que consigue modificar el ADN del agua para transformarla en comida, lo que, tras una larga cadena de acontecimientos, dará lugar a los fenómenos meteorológicos del título.

Basada en un exitoso libro infantil, de que poco más usa que la idea central, "Lluvia de albóndigas" podría haber sido una película mejor si no estuviese dirigida por un equipo que claramente se ha saltado sus últimas clases de yoga, y con la hiperactividad de un hámster en época de celo.

Ver la última producción de Sony Animation es como mirar una tragaperras: un frenesí continuo de luces, colores y campanillas que luchan por llamar nuestra atención. Aunque en lugar de las cerezas de Cirsa, en este caso toman la forma de miles de chistes, gags, gracias, caídas y aspavientos que hacen de "Lluvia de albóndigas", por momentos, algo insoportable. Mucho peor que aquellos capítulos de "Pokemon" que provocaban epilepsia.

Una pena, porque a veces la película es auténticamente divertida, pero estos momentos se pierden en la continua ráfaga de intentos como lágrimas en la lluvia, que diría Rutger Hauer. Al fin y al cabo, tanto frenesí no hace más que intentar ocultar una historia convencional, con una moraleja convencional y un final aún menos sorprendente.

Por lo demás, una hora y media de espectaculares y coloristas imágenes, más que nunca hechas con el 3D en la cabeza, y que muy probablemente sean suficientes para justificar el precio de la entrada.

En fin, una comedia que se queda a medias tintas, recomendada para amigos de los chuletones.
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