Ficha

País

China, Hong Kong

Año

2006

Título original

Man cheng jin dai huang jin jia

Duración

114min

Dirección

Zhang Yimou

Guión

Zhang Yimou

Reparto

Chow Yun-Fat, Gong Li, Liu Ye, Jay Chou, Junjie Qin

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Crítica de La maldición de la flor dorada
Autor: malabesta
Fecha: 23/04/2007.
Póster La maldición de la flor dorada

La maldición de la flor dorada

Digerido por malabesta

“La maldición de la flor dorada” es una película excesiva en todos sus aspectos. Excesiva en sus decorados, en sus batallas, en su trama, en sus escotes, en su duración, en sus interpretaciones, en sus colorines, en el precio de la entrada y, en mi opinión, hasta tiene un título demasiado largo.

La película de Zhang Yimou, de corte histórico, es la tercera de lo que esperemos se quede en trilogía. Mientras que "Hero", a pesar de los excesos visuales, resultaba una película interesante merced principalmente a su historia, y en “La casa de las dagas voladoras” el exceso melodramático y el gusto por las postales ahogaban el resultado (y al espectador), “La maldición de la flor dorada” no tiene ningún tipo de tasa. Se centra en las desventuras de la familia imperial china, allá por el s. X, pero más que una visión histórica, Zhang Yimou ofrece un melodrama absolutamente increíble y lacrimógeno. La principal diferencia entre su película y un culebrón venezolano pasado de vueltas radica en que el protagonista de “La maldición de la flor dorada” se llama Ping, y nombre tan conciso nunca se ha visto en las sobremesas televisivas.

Para que se hagan una idea del asunto, baste decir que la familia imperial está compuesta por cinco miembros, el emperador (Chow Yun-Fat), la emperatriz (Gong Li), el primogénito Wan (Liu Ye), el segundo hijo Jai (Jay Chou) y Ju (Junjie Qin), el menor. Entre los cinco acumulan incestos, infidelidades, celos, odio, envenenamientos, traiciones, amores prohibidos, hijos secretos, parricidios, espionaje y hasta me atrevería a decir que especulación urbanística. Todo ello ambientado en el suntuoso marco de la Ciudad Prohibida, que Zhang Yimou retrata de una manera barroca y recargada. En el vestuario de sus personajes predomina el oro, con unos mantos y armaduras imposibles que llegan a hacer que los protagonistas resulten ridículos.

En los decorados reina lo sobrecargado. Todo en la película tiene infinidad de grabados, dibujos y figuras, desde las cucharillas del té o las uñas de Gong Li a las paredes del palacio, y está pintado de tonos dorados o chillones, todo para robar la atención de los personajes. Por si fuera poco, para dar idea de grandeza, casi todas las escenas están planificadas con infinidad de extras, reales o virtuales. Raro es ver a alguno de los protagonistas rodeado de menos de cinco sirvientes haciendo cosas de fondo, y en las pocas batallas que intentan amenizar la de por sí tediosa película, el número de combatientes resulta casi risible.

Todo ello, intuyo, para fortalecer la imagen decadente y pervertida de la monarquía imperial, muy de acuerdo con el nuevo estándar histórico chino. Así, no hay ni un solo personaje auténticamente positivo en toda la película. El que más se acerca a la bondad, se acuesta con su madre, como se lo cuento.

Por supuesto, gracias a todo esto la película tiene resulta totalmente increíble de principio a fin, con lo que la historia pierde todo su interés y la proyección se hace infinita y aburrida. Lo poco que sacará del sopor a los espectadores son las dos o tres batallas que “La maldición de la flor dorada” tiene aquí y allá. Pero incluso estas escenas están rodadas de tal manera que producen rechazo. No sólo porque van más allá de lo que una persona está dispuesta a soportar en términos de credulidad (podemos ver a una mujer ya entrada en años enfrentándose con las manos desnudas a cientos, y digo cientos, de ninjas) sino porque la planificación, coreografías y montaje recuerdan más a los Power Rangers, con esos efectos de sonido que acompañan a los movimientos de los brazos del protagonista o esas armas generadas por ordenador, que a cualquiera de los cientos de películas que salen al año de Honk Kong, con mucho menos presupuesto.

Las actuaciones se pierden en el maremágnum de decorados, velos, sirvientes, cascos dorados y tapices con dragones que pueblan la película. Chow Yun-Fat y Gong Li brillan por encima de sus hijos en la ficción, aunque ella tiende un poco al histrionismo y el a la inmovilidad. En todo caso, resulta imposible hacer creíble, no ya humano, a cualquiera de los personajes.

En fin, un aburrido drama histórico, recomendado para diseñadores de Ikea con ganas de purgar el estómago. Puntuacion