Ficha

País

USA

Año

2006

Título original

Texas Chainsaw Massacre: The Beginning

Duración

91min

Dirección

Jonathan Liebesman

Guión

Sheldon Turner, David J. Schow

Reparto

R. Lee Ermey, Jordana Brewster, Andrew Bryniarski, Taylor Handley, Matthew Bomer, Diora Baird

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Crítica de La matanza de Texas: El origen
Autor: malabesta
Fecha: 30/10/2006.
Póster La matanza de Texas: El origen

La matanza de Texas: El origen

Digerido por malabesta

"La matanza de Texas: El origen" es la última precuela, secuela, aversicuela de la conocida saga de Leatherface. Contar el puesto que ocupa dentro de las numerosas partes, revisiones y nuevas versiones es oficio que dejo para alguien con más interés en la materia; hay un límite a las veces que nos pueden contar una y otra vez lo mismo, y si bien "El equipo A" lo pudo hacer unos cientos de veces, está claro que Leatherface no es M.A., y por lo tanto, personalmente espero que el tema de la dichosa matanza se quede aquí.

La historia es la de siempre. Campistas/excursionistas caen presa de maníaco con una motosierra y una careta hecha con retazos de otros campistas/excursionistas. La mayor novedad parece recaer en el hecho de que en este caso el asesino no es un ser descerebrado de pura maldad; los descerebrados parece que estaban más bien detrás de la máquina de escribir, intentando justificar los crímenes. Resulta que cuando el matadero de un pequeño pueblo tejano cierra, el patriarca de los Hewitt (R. Lee Ermey) pierde un poco la chaveta, y para alimentar a su familia hambrienta hace lo que aprendió a hacer cuando era un prisionero de guerra en Corea. Mata al sheriff Hoytt, se lo cenan y él asume su personalidad. A partir de entonces a Dios pone por testigo que no volverá a pasar hambre, y él y su familia emprenden una dieta rica en proteínas, gracias a la cuchilla experta de su sobrino, Thomas Hewitt (Andrew Bryniarski), al que han entrenado para ser matarife desde que lo encontraron en un cubo de basura, entre otras cosas porque ya de pequeño el crío apuntaba maneras.

Así que una de los grandes interrogantes de la sociedad moderna queda resuelto: los horrores de la guerra, la depresión económica y el sistema vuelven en maníacos caníbales a los Hewitt. Echo de menos que no culpen a la bomba atómica, al agujero de la capa de ozono y a internet. Tanta justificación y supuesta profundidad no sirve de mucho en una película como ésta; uno de los propios productores declaró que cuando la MPAA (los que ponen la calificación por edades en Estados Unidos) le dieron un no recomendada a menores de diecisiete años, qué deshonra, rápidamente tuvieron que añadir escenas para subir la categoría a R, y que sólo los mayores de edad pudiesen entrar. Esto da una idea del interés que todo el mundo tenía por el fondo de la película; además, nunca pierde el tufillo snob que tiene el enfrentamiento de unos jóvenes sanos y ricos con los paletos gordos y pobres que al fin y al cabo vienen a ser los malos de la película.

El montaje hacen honor al personaje principal, puesto que parece que la película la han cortado con una motosierra. La dirección se mantiene fiel a los estándares del género: mucho movimiento de cámara, unos colores muy tratados y la estética feista y sucia oficial; qué lejos quedan aquellos tiempos en los que los psicópatas se duchaban. Por supuesto, la película se apoya en la banda sonora, compuesta con la intención de ser lo más desagradable posible. Sus canciones están mechadas con esos ruidos desagradables que a todos nos llevan a escenarios terroríficos llenos de asesinos psicópatas, como puede ser el rascar de un tenedor contra un plato. Por lo demás, el técnico de sonido encargado de que el volumen suba a las nubes cuando algo, ya no terrorífico, si no ligeramente desasosegante pasa en pantalla ha resultado ser de gatillo fácil, y yo diría que le sesenta por ciento de los planos van acompañados de un golpe de orquesta.

El reparto es el cóctel habitual: dos chicos guapos (Taylor Handley y Matthew Bomer), la chica guapa y lista (Jordana Brewster), y una playmate (Diora Baird); todos gritan y corren con habilidad y realismo, e incluso Diora Braid demuestra que también se desenvuelve bien con la ropa puesta. Del lado de los malos destaca R. Lee Ermey, porque suya es la mayoría del metraje, encarnando a un convincente sheriff sureño.

En fin, una película que ya hemos visto todos. Recomendada a los amantes de las dietas radicales. Puntuacion