Ficha

País

USA, Italia,, Luxemburgo, UK

Año

2004

Título original

The Merchant of Venice

Duración

138min

Dirección

Michael Radford

Guión

William Shakespeare, Michael Radford

Reparto

Al Pacino, Jeremy Irons, Joseph Fiennes, Lynn Collins

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Crítica de El mercader de Venecia
Autor: bronte
Fecha: 24/09/2005.
Póster El mercader de Venecia

El mercader de Venecia

Digerido por bronte

Cuánto tienen que aprender los americanos de los españoles. Mientras nosotros nos gastamos los dineros públicos en grandes películas como "Kárate a muerte en Torremolinos", ellos se dedican una y otra vez a inmortalizar a sus clásicos con la veneración propia de quien los entiende. Y eso que son unos ignorantes y no han generado ningún tipo de cultura, como todos sabemos. Es "El mercader de Venecia" una de las obras cumbre de Shakespeare, y debido a la controversia sobre su antisemitismo, muy raras veces llevada al cine. Pero resulta dificil creer que alguien como Shakespeare fuera antisemita, sobre todo teniendo en cuenta que es posible que no llegara a conocer a ningún judío en su vida, ya que todos ellos habían sido expulsados de Gran Bretaña siglos antes.

Yo, sin embargo, me inclino a pensar que así como las nuevas investigaciones sostienen que el tan manido honor calderoniano no es más que una denuncia de semejantes prácticas de lo que podríamos mal-llamar ahora "violencia de género", Shakespeare en su Mercader, no hace sino que evidenciar lo injusto del comportamiento cristiano con los judíos. Y parece también que es ésta la intención de la película que nos ocupa, pues ya en sus momentos iniciales nos instruye (que falta hace) en el por qué los judíos acostumbraban a comerciar con dinero (por lo que eran acusados de usureros). El origen de tal costumbre está en la vil prohibición legal por parte de los gentiles de poseer cualquier propiedad, lo que les obligaba a especular para poder sobrevivir. Y sí, este tipo de leyes tenían vigencia en toda Europa, incluso en la avanzada Venecia.

En este contexto sitúa Shakespeare su obra construida a través de diferentes tramas ya existentes en relatos anteriores (la libra de carne por un lado, y el juego de acertijos por el otro): la rica República de Venecia aumenta sus ganancias gracias a las ayudas económicas de los prestamistas judíos, lo que no impide que se les insulte, desprecie, se les haga llevar un gorro rojo para distinguirlos cuando salen del Ghetto, y se les encierre en el mismo por las noches. Como se puede ver, unas prácticas muy caritativas. Shylock presta al mercader Antonio, por quien ha sido vejado repetidas veces, 3000 ducados que éste necesita para prestárselos a su vez a su amigo Basanio, para que éste pueda cortejar a la rica Porcia. El pagaré incluye que si no se devuelve el dinero en el momento acordado, Antonio pagará con una libra de su carne. Con los 3000 ducados del judío, Basanio acude a Belmonte, donde resolviendo el misterio de las tres arquetas logra la mano de Porcia. Entonces, ante la ruina comercial de Antonio, Shylock reclama su deuda. Si llega o no llega a cobrarse su libra de carne cercana al corazón, es mejor descubrirlo en el visionado de la película.

Lo más fascinante de Shakespeare no es la hondura de sus caracteres, ni la belleza de sus versos. Lo más fascinante de Shakespeare es la extrema modernidad de sus obras. Un cineasta puede coger un texto del autor de Stradford Upon Avon, llevarlo tal cual a la pantalla, y todo el mundo creería que está escrito por el más innovador de los mejores guionistas. En "El mercader de Venecia" hay amor, hay filosofía, hay intriga, hay política, hay pasión, hay misterio, hay denuncia y hay erotismo. Por haber, hasta hay juicio con sus argucias y triquiñuelas legales. Y todo ello está en la versión de Michael Radford, que además ha querido poner el acento en el apuntado por algunos estudiosos, componente homosexual entre Antonio y Basanio. Pero sobre todo ha querido resaltar el drama del judío Shylock, que incluso en un estado tan respetuoso con la ley (de ahí su esplendor) como la Venecia renacentista, no consigue justicia ni respeto.

Si por algo es impactante "El mercader de Venecia" es por como refleja una concepción del mundo aún vigente. A ninguna raza o etnia se le niega la posibilidad, no ya de venganza, sino de justicia, como se les niega a los judíos. Shylock, después de encajar los númerosos agravios a su gente y a sí mismo, accede una vez más a ayudar a los gentiles a través de su dinero. Cuando reclama lo que por ley y por legitimidad es suyo, acabará perdiéndolo todo. Nadie aceptaría esa resolución en una trama de gentiles sin entender que ese final es injusto (hagan la prueba de imaginar que Antonio fuera el judío y Shylock el gentil). Pero siendo un judío el protagonista, parece que es lo que corresponde por naturaleza. Shylock, por perder, hasta perderá lo que más aprecia: su religión. Detalle en el que se ve la clarividencia de una mente privilegiada como Shakespeare, pues si algo no han aceptado nunca los gentiles, ha sido justamente que los judíos prefirieran seguir siendo judíos, sin aceptar al nuevo profeta. Algo que secularmente los cristianos difícilmente han asumido, obligándoles a través de los tiempos a renegar de su credo. Porque "El mercader de Venecia" también habla de la intolerancia religiosa.

La película es una adaptación extremadamente fiel, que pone en práctica una sana y valiente denuncia: el por qué la humana necesidad de justicia y castigo del culpable parece lo legítimo salvo que semejante petición provenga de un judío, con lo cual inmediatemente se ganará el adjetivo de cruel, pareciendo que tuvieran que soportar resignadamente cualquier tipo de agravio. Aunque el filme a veces se hace algo lento, el haber conservado intactos los versos de Shakespeare, hace que el conjunto sea un placer para los sentidos. La ambientación, iluminación y fotografia son notables, a pesar de que mucho se siente que los planos de Venecia sean tan cortos. Esto es entendible si se tiene en cuenta que la ciudad más hermosa del mundo está ahora copada por anuncios de "panini" para los millones de turistas con chancletas que ayudan a hundirla un poco más cada año, y es imposible hacer una panorámica en condiciones. Para quien aun así se quiera acercar por allí, informar de que todavía existe el ghetto del que se habla en la película, ahora dividido en Nuovo y Vecchio.

Las interpretaciones están a la altura de las circunstancias, y puedo decir que Jeremy Irons está más espabilado que de costumbre, y hasta añadiría que su amor por Basanio está apuntado de manera magistral. Lynn Collins parece la doble de Cate Blanchett, a la que sustituyó en este reparto, y defiende su papel con solvencia y seguridad. Joseph Fiennes sigue igual de enjuto y afectado, pero ni siquiera con su empeño (que lo tiene) puede hundir a don Guillermo. Y, qué les voy a decir que ustedes no sepan. Que no me extraña nada que uno de los más grandes actores del mundo mantenga este "idilio" con el mejor autor en lengua inglesa de la historia. Se necesita un actor con la sensibilidad de Pacino para pronunciar aquello tan famoso de "Si nos herís, ¿no sangramos?; si nos envenenáis, ¿no morimos?; si nos agraviáis, ¿no debemos clamar venganza?".

Una película que merece ser vista, aunque sólo sea porque el guionista es muy bueno. Si alguien duda en algún momento de cuál es la auténtica víctima en esta versión de Radford, baste tan sólo con repasar las dos últimas secuencias. Recomendada para gente que rehusa llevar distintivos que les marquen como de una u otra tribu. Puntuacion