Ficha

País

España

Año

2006

Título original

Mia Sarah

Duración

103min

Dirección

Gustavo Ron

Guión

Gustavo Ron, Edmon Roch

Reparto

Daniel Guzmán, Verónica Sánchez, Manuel Lozano, Diana Palazón, Fernando Fernán Gómez

Enlaces

Externos

Críticas

por autor

por título

# A B C D E F G H
I J K L M N O P Q
R S T U V W X Y Z
Crítica de Mia Sarah
Autor: bronte
Fecha: 20/07/2007.
Póster Mia Sarah

Mia Sarah

Digerido por bronte

"Mía Sarah" no tiene ni pies ni cabeza, los actores son bastantes malos y el director no sabe muy bien por dónde va. Con todo, posiblemente es la mejor película española que se ha estrenado en los últimos doce meses. ¿Qué la hace tan especial? Es un intento de salirse del neorrealismo cochambroso que acapara sin escrúpulos a todo nuestro cine. No es de extrañar que sea desde Galicia desde nos viene este intento medio mágico, medio confuso, en el que se intenta mostrar una historia "romántica y bonita" llena de ingredientes a lo Jiménez del Oso. Ahora eso sí, pocas veces se ha visto La Coruña peor fotografiada. Según "Mía Sarah" la ciudad "donde nadie es forastero" tiene exactamente una calle que desemboca en una plaza (bonitas ambas) y que se muestran poquito, como si les diera vergüenza. Cosa algo incomprensible, porque La Coruña, fea, lo que se dice fea, no es.

La trama de Mía Sarah es un guirigay de elementos atemporales y aespaciales, que sinceramente se agradecen en esta era de "ortodoxia étnica". Pese a estar ambientada en Galicia (cosa que creo recordar nunca se explicita) no sale ninguna gaita, ninguna vaca y ningún pulpo "a la gallega". Más bien se intenta mostrar una cultura urbana de la que poco presumen los gallegos o que al menos, poco exportan, y para justificar tal valentía, mezclan en la trama elementos británicos, donde justamente reside la clave de la película. El director, Gustavo Ron, quiere ser británico o americano, y por eso su obra se sale tanto, tanto, tanto de lo que nos ofrecen habitualmente por aquí. Él quiere gente fina, intelectual, creativa, con el dedo estirado a la hora de tomar el té y pasa olímpicamente de los valores "propios". Claro que ahí tiene detrás para apoyarle a Julio Fernández, superjefe de Filmax, que aunque bastante "oriundo" por su parte, tiene la inteligencia suficiente como para promocionar proyectos menos "de la tierra".

Marina es una camarera con un hermano adolescente enfermo de agorafobia y un poco loco. Por ello, nuestra protagonista busca sin cesar psicólogos que puedan ayudarle, auque éste, tarde o temprano, acaba echándolos a todos con sus extravagancias y locuras. Finalmente Marina encuentra a Gabriel, un joven psicólogo algo alternativo que intenta demostrar que su método funciona. Pero lo que no sabe Gabriel es que Samuel (que así se llama el enfermo) no quiere salir de casa porque en ella reside el fantasma de su abuelo Paúl, un famoso escritor, fallecido recientemente, y casado en sus tiempos con una famosa actriz del West End. La casa, escenario principal en la película, es una especie de biblioteca a lo gótico inglés (aunque matizada por las limitaciones propias de la trama), y la figura del abuelo, pues prácticamente inédita en nuestra cinematografía actual. Un contador de historias, con un algo mágico, pero una magia más tipo Munchausen que "noche de San Juan", a ver si nos entendemos.

El abuelo utiliza al nieto para que escriba su biografía, mientras que al mismo tiempo hay que establecer estrategias para deshacerse del psicólogo. Todo lo que se le ocurre a los guionistas tiene buen fondo, pero es un batiburrillo sin dirección ni sentido. Al mismo tiempo que se desarrolla la trama principal, bastante incomprensible, quede claro, porque finalmente todo se trata de encontrar a la abuela que nadie entiende lo que pasó con ella ni como un señor de las Rías Altas andaba metido en semejante berenjenal, también se va fraguando la historia de amor entre Gabriel y Marina, muy todo a base de "detallitos bonitos", más por intención que por resultado, porque de vez en cuando quedan un tanto cutres, siento decirlo. En todo caso, hay un muy mal encaje entre el abuelo fantasma que parece que está contando historias de los años 20 (¿pero qué edad tenía ese hombre?) y la teoría cognoscitiva psicologista que campa por la trama, y personificada en el personaje de Diana Palazón, una psicóloga de ballenas con trastornos obsesivos. Si la hubieran ambientado en los años 50 o 60 cuando la psicología estaba en fase embrionaria, no sólo hubiera sido más aceptable un terapeuta tan alternativo como Gabriel, sino que toda las referencias a los grandes bailes en los palacios no hubiera quedado tan "fantasma" (y nunca mejor dicho).

Desde bailar con una fregona, hasta resguarse de la lluvia no falta nada en una película que ha querido tocar todos los palos con pobre resultado. Con respecto a Daniel Guzmán, Verónica Sánchez y Manuel Lozano, no se puede decir más que lo que todo el mundo sabe: que son muy malos los tres, y los secundarios que los acompañan, igual de malos o peores. Daniel Guzmán, que tiene la ductilidad de una viga de acero, aún va saliendo del paso con esa cara de buen chico que Dios le dio,  y Verónica Sánchez, que siempre se queda pero que muy cortita, hace lo mismo tirando de sonrisita y mirada escapadiza. A Manuel Lozano no hay quien lo pueda salvar.

Mala, pero se libra del infierno de las películas por su intento honesto de hacer algo diferente y que no dé grima en términos generales. Recomendada a todos aquellos que participaron en ella.
Comentar esta crítica/Ver los comentarios Puntuacion