Ficha

País

España, Méjico

Año

2007

Título original

El orfanato

Duración

110min

Dirección

Juan Antonio Bayona

Guión

Sergio G. Sánchez

Reparto

Belén Rueda, Fernando Cayo, Roger Príncep, Mabel Rivera, Geraldine Chaplin

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Crítica de El orfanato
Autor: malabesta
Fecha: 11/10/2007.
Póster El orfanato

El orfanato

Digerido por malabesta

De “El traje nuevo del emperador” -o puede que antes- en adelante, la historia del niño que ve lo que los adultos no pueden ha sido mil veces versionada, desde cualquier ángulo posible. Todas las combinaciones han sido explotadas: niños muertos que ven vivos, niños vivos que ven muertos, muertos vivos que ven niños, viva el muerto que viene el niño, etc. “El orfanato” no aporta nada nuevo al género; esencialmente se trata, (como muchas otras) de una nueva versión de “Poltergeist”.

Laura (Belén Rueda) es una ex-huérfana que junto a su marido Carlos (Fernando Cayo) y su hijo Simón (Roger Príncep) regresa a la institución que la crió, pues la ha comprado para montar en ella de nuevo una residencia para niños. Cuando los amigos imaginarios de Simón comienzan a cerrar puertas y a dejar cosas en la puerta de casa, las felices perspectivas de la pareja (empezar una nueva y tranquila vida en un aislado y terrorífico caserón al lado de un acantilado) se ven truncadas.

A pesar de que el planteamiento no sea la repanocha, “El orfanato” le saca un partido más que digno. La verdad sea dicha, hace mucho tiempo que no se veía una película española (aunque ésta tenga algo de mejicana) tan pulcra, tanto técnicamente como en lo visual. El guión, más allá de su adecuación al género, es notable.

La cinta tiene algún que otro punto muerto -nótese la ironía- que quizá se podrían haber arreglado recortando el metraje. Además ha de satisfacer esa imperiosa y molesta necesidad de justificarse a sí misma (con un horrendo flashback) de la que sufren todas las películas modernas; hoy en día sería imposible rodar “Poltergeist” sin incluir al principio una escena de los indios enterrando sus muertos debajo de la piscina, para luego recuperarla hacia el final a golpe de flashback. También tiene “El orfanato” una cierta tendencia a unos diálogos un tanto sentimentaloides que más parecen cosa de Isabel Coixet.

A pesar de estos defectillos, el guión es notable, y compensa de sobra la historia un tanto trillada -y a veces un poco rocambolesca- sobre la que se desarrolla. Combina muy bien los momentos climáticos con algún que otro descanso humorístico, en el que el espectador suele bajar la guardia. Y aunque a veces la película es un poco tramposa con el espectador (generando tensión donde no la hay para luego no ofrecer ninguna resolución que la rompa, a través por ejemplo de cuentas atrás que no llevan a nada) la verdad es que es complicado no sentarse en el borde de la butaca la mayor parte del tiempo. Quizá se le pudiera achacar que hacia el final la película se vuelve demasiado melodramática, pero al menos a mí me pareció que era coherente con el desarrollo de la misma, y que para nada estaba fuera de lugar.

Se percibe un gran trabajo de composición de las escenas para fomentar la inquietud y el sobresalto sin necesidad de echar mano de la ruedecilla del volumen.
También se agradece bastante que Juan Antonio Bayona no recurra siempre al cacharrazo orquestal para asustar al personal, y se percibe un gran trabajo de composición de las escenas para fomentar la inquietud y el sobresalto sin necesidad de echar mano de la ruedecilla del volumen. Aunque por supuesto tampoco faltan los chirriantes clichés del género, que por lo general tiene preferencia por las casas con suelos de madera y muchas puertas; qué dura sería la vida de los aparecidos si los caseros usaran más a menudo el 3 en 1.

El reparto de “El orfanato” se reduce, en todos los aspectos, a Belén Rueda. He de reconocer que nunca ha sido una de mis actrices preferidas, pero este probablemente sea su mejor papel, a un nivel excelente. Sin ir más lejos, y por facilidad de comparación, resulta bastante más convincente que la Nicole Kidman de “Los otros” (y lleva mucho el paso del tiempo). También merece una mención Roger Príncep, el niño de la película; aunque no es Haley Joel Osment, está muy por encima del “kof, kof, me cuesta respirar mañana no podré bailar” que suele marcar el nivel de la mayoría de actores infantiles.

En fin, una buena película, que probablemente le hará derramar las palomitas sobre sus veciones. Aunque no es perfecta, resulta una impresionante ópera prima. Recomendada para
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