Ficha

País

Francia, Alemania, Uk, Polonia

Año

2002

Título original

The pianist

Duración

150min

Dirección

Roman Polanski

Guión

Ronald Harwood

Reparto

Adrien Brody, Thomas Kretschmann, Frank Finlay, Maureen Lipman, Emilia Fox, Ed Stoppard

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Crítica de El pianista
Autor: bronte
Fecha: 19/02/2007.
Póster El pianista

El pianista

Digerido por bronte

De "El pianista" se pueden extraer varios hechos: 1-Es una película profundamente dolorosa. 2-Un filme como éste justifica la carrera de un director. 3-"El pianista" nos recuerda, y para ello sirve fundamentalmente, la poca autoridad moral (más bien nula) que los europeos tienen para dar lecciones de ética y humanidad a nadie.

En "El pianista", Polanski se atrevía finalmente a dar su propia visión sobre el Holocausto, y en vez de retratar una obra abiertamente autobiográfica se inclinaba por plasmar la odisea vital (y real) de Władysław Szpilman, un excelente pianista polaco, que ay, cometió el error de ser judío en un continente que no perdona semejante condición. La película, de 150 minutos de duración, se divide en tres claras partes. En la primera (mínima, un pequeño prólogo), se observa la vida de la familia judía en la Varsovia de 1939 y en cómo las noticias van anunciando progresivamente el oprobio de la población israelita, concluyente con la vergüenza de tener que identificarse por la calle con un brazalete que mostrara la estrella de David; en la segunda parte, Polanski se emplea a fondo durante una hora en explicar el trato inmoral, infrahumano, imperdonable, que los judíos reciben en el famoso Ghetto de Varsovia, donde 500.000 personas fueron recluidas en un espacio mínimo y donde sus derechos fundamentales como seres humanos eran brutalmente diezmados. El hacinamiento, la falta de comida, la exigencia de certificados de trabajo, las purgas, los asesinatos indiscriminados, además de los simples desprecios por las calles, las humillaciones, las enfermedades, y los cadáveres acumulándose en las calzadas. Este acto finaliza con la deportación de la familia Szpilman a Treblinka y la manera, prácticamente casual, en la que Vladyslaw consigue evitar el envío al famoso campo de concentración. Pasaje que por cierto está ligeramente basado en una experiencia del propio Polanski. Para que se hagan idea de lo que significaba Treblinka, sólo el somero dato de que los 1500 trabajadores que allí eran esclavizados, eran totalmente reemplazados cada 5 días más o menos. Y no porque los mandaran de vacaciones.

Cuando se informa de que Wladyslaw ha logrado evitar una muerte segura, el espectador respira aliviado durante unos segundos pensando que ya ha pasado lo peor. Bueno, lo cierto es que después de eso, nuestro pianista se vio obligado a trabajar como obrero en Varsovia, una vez más recluido en el apestado grupo de los judíos. Los fusilamientos por diversión siguen a la orden del día, hasta que Szpilman decide escapar, ayudado por unos amigos artistas. La tercera parte de la película y última hora de metraje, está dedicada a retratar los tres años que el protagonista pasó encerrado en varios pisos de Varsovia, solo, virtualmente encarcelado, sin poder hacer un mínimo ruido, esperando que los miembros de la "resistencia" le trajeran comida, cosa que pasaba muy de vez en cuando, contrayendo enfermedades de urgente tratamiento, viviendo con el terror de ser encontrado y denunciado por judío, en un país, Polonia, que tampoco se ha distinguido excesivamente por respetar a la población hebrea. Finalmente, la película retrata a un hombre inocente, desnutrido, acabado física y moralmente, arrastrándose por los escombros de una Varsovia destruida buscando algo para comer. En los últimos minutos de "El pianista" el director nos narra el encuentro que éste tuvo con un oficial nazi, que seguramente sabedor de que el final estaba cerca, no sólo no le denuncia sino que respeta su escondite, e incluso le alimenta de vez en cuando.

Tras todos los horrores antes relatados, merece la pena subrayar este pasaje, porque, pese a que la intervención del alemán tan sólo ocupa unos cuantos minutos finales, cuando la película acaba se dedica un rótulo a informar de qué fue tras la guerra de Szpilman, y sorpresivamente (o no tanto), se dedica otro rótulo a explicar cuál fue el destino del oficial nazi (quien por cierto murió preso en un campo de trabajo comunista en 1952). Y pese a ser un personaje secundario, es totalmente cierto que el espectador necesita saber qué fue de aquel alemán compasivo. Porque quizás sea el único rasgo de humanidad que Polanski se permite retratar en una película, que a fuer de estar basada en "hechos reales", se convierte en una pesadilla insoportable. Pese a que los humanos participemos en multitud de ocasiones en hechos abominables (no olvidemos nunca que mientras que Hitler cogía impulso, la gloriosa y vieja Europa prefería mirar hacia otro lado, silbando, si cabe), es posible que siempre quede en nosotros un ansia de bondad, de moral, que es justamente lo que representa este alemán, que como todo, también fue real en esta historia. Y también quizás por eso, el gran significado de que el protagonista sea un músico, pues en la belleza de las piezas que se interpretan a lo largo del filme permanezca el hálito de esperanza sin el que nos es imposible vivir.

Es posible que "El pianista" sea una de las mejores películas que se han hecho sobre el Holocaustro Judío, y quizás porque no necesita trasladar su cámara a los campos de concentración, ni a las cámaras de gas. Mucho antes de llegar a tal grado de deshumanización, la historia del terror nazi y de todos aquellos que no hicieron nada por impedirlo, ya incurre en la más indigna de las abyecciones. En este filme, Polanski es capaz de permitirse el lujo de ser aceradamente distante, de no adentrarse en exceso en la sentimentalidad de los personajes, y en prácticamente prescindir de todos menos del protagonista, inolvidablemente interpretado por Adrien Brody. La carga emocional está basada en una historia espeluznante y absurda, ayudada por una planificación de la imagen gloriosa, en la que no sólo el color juega un papel fundamental, sino que la escenografía contribuye en todo momento a remarcar esa ambiente de degradación moral que obligatoriamente ha de sentir el espectador al ver esta película.

Y con ser esta cinta un testimonio impresionante, se equivocan aquellos que creen que su afán no es más que el de relator. Durante toda la película, el guión de Ronald Harwood (un guionista que a veces ha estado desacertado, pero desde luego no en esta ocasión), pone en boca de varios personajes frases de reproche por cómo los judíos han respondido siempre con la política de brazos cruzados ante los diferentes exterminios que han sufrido durante la historia, e incide en la necesidad de reaccionar de una vez por todas, dejarse de tanta mansedumbre, y responder efectivamente a todos aquellos empeñados en borrarlos del mapa.

Así que, una película imprescindible. Recomendada para todos aquellos que no logran entender qué es un Holocausto y qué no es un Holocausto, y para todos aquellos que aún no han entendido por qué los judíos no van a permanecer inmóviles, esperando a que alguien haga algo, a que alguien les socorra (cosa que nunca pasa), mientras haya quien jura "echarlos al mar", nunca más.
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