Ficha

País

USA, Alemania, Holanda

Año

2009

Título original

He's just not that into you

Duración

129min

Dirección

Ken Kwapis

Guión

Abby Kohn, Marc Silverstein

Reparto

Ben Affleck, Jennifer Aniston, Drew Barrymore, Jennifer Connelly, Kevin Connolly, Bradley Cooper, Ginnifer Goodwin, Scarlett Johansson, Justin Long

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Crítica de ¿Qué les pasa a los hombres?
Autor: bronte
Fecha: 28/08/2009.
Póster ¿Qué les pasa a los hombres?

¿Qué les pasa a los hombres?

Digerido por bronte

Dice por ahí la publicidad que "Qué les pasa a los hombres" fue número 1 en América. No voy a pasar el trabajo de ponerme a revisar estadísticas y recaudaciones, pero si fue número uno en América lo fue durante dos minutos, porque la película es bastante pesadita. Otra émula de "Short cuts", o "La Colmena", para ponernos en plan castizo, donde un grupo de mujeres con vidas que se tocan tangencialmente, luchan por alcanzar el amor. Y aunque también hay hombres, no duden que la cosa está planteada desde la (supuesta) óptica femenina y como prueba, el título original es "He's just not that into you" lo que viene queriendo decir "No está tanto por ti como quieres creer". Este título está inspirado en una frase de un capítulo de "Sexo en NYC" que también vi, y que sin lugar a dudas resultó diez millones de veces más interesante que esta película. Que no se me olvide decir que está basada en un libro de "auto-ayuda".

A ver que me acuerde: está la historia de Jennifer Aniston, que se quiere casar, pero su novio, Ben Affleck, dice qué "pa' qué, pa' qué", si están muy bien como están y es como si ya estuvieran casados. Aclaro que a mí, como persona, no como crítica, este conflicto me incomoda en grado sumo, porque si para uno no significa nada, y para la otra, todo, me parece de egoísmo sin igual no darle el capricho a la pobre mujer. Por eso me resulta difícil empatizar con las razones del mozo y básicamente lo que estoy viendo es ahí un caprichoso tocar la badana durante dos horas. Luego está la historia de Jennifer Connelly, que sospecha que su marido, Brad Cooper, le engaña y la buena señora lo sublima todo en si está fumando o no, como le prometió dejar de hacer. Conste que dicen que a este Bradley Cooper le pagan incomprensiblemente de vez en cuando por hacer comedia. Mucho más incomprensiblemente por hacer drama. Conste también que a la enésima referencia y griterío de la Connelly sobre si el tipo ha vuelto a fumar, con lo malo que es, dan directamente ganas de quemar el cine. Pero pregúntale ya si tiene un lío y déjate de dar la tabarra con el fumeque, cielo santo. Y si fuma en casa y no puede parar, déjale, habilítale una habitación y déjanos vivir, aunque él se muera. Es una vida por todas las nuestras, por Dios. También está la historia de Drew Barrymore, una aguachirle descafeinado sobre los nuevos amores cibernéticos y cómo nos escondemos tras nuestros alias de la red a la hora de buscar el amor en vez de descubrirnos tal y cómo somos blablablabla, por supuesto, con sus dos comparsas gays, que no pueden faltar. Aunque este tema es ciertamente interesante porque no cabe duda de que está provocando ciertos cambios en el cortejo del mundo occidental, en esta película se queda a medio gas. Creo que algo dicen como "si quiero hacerme un cambio de imagen no tengo más que actualizar mi profile", y frases así son las que hacen que ésta sea la historia más interesante, en gran parte porque evita en mayor medida las escenas de intensidad dramática de mucho lloro y mucho "desgarramiento íntimo" y "desnudez de las emociones" y va más a la esencia conductista en plan "cómo se comportaría una persona sola e insegura con todas estas nuevas herramientas que la vida le ofrece".

Finalmente está la historia de Gigi y Alex, interpretados por Justin Long y Ginnifer Goodwin. Si yo fuera una "wasp" les juro que en este momento exclamaría algo como "que alguien me pegue un tiro, por favor". Como soy una alegre sureuropea, excusaré hacer tal cosa, pero no duden que ese es mi sentimiento más íntimo. Va esta historia de una loca que persigue a los hombres. Una de esas mujeres que nos da mala fama al resto y que parece que no puede estar sola y que tiene que estar pegada a la pata de un macho en todo momento. Se cruza en su camino un alma caritativa del sexo masculino que le da consejos sobre cómo enamorar o repeler a los caballeros y... ¿qué creen que hace la loca? Efectivamente, se le adosa al pobre chico y ella en su cabeza ya cree que está casada con él. Si la historia en sí no fuera ya poco crispante, ahí tenemos a Ginnifer Goodwin pegando grititos y poniendo cara de "oops" toda la película mientras en el patio de butacas recargamos nuestras recortadas. Absolutamente cargante. Menos mal que Dios escribe derecho con renglones torcidos y su partenaire es Justin Long, de verdad, de verdad, la única presencia con potencia de la película. De hecho, lo de este chico es bastante llamativo, porque mira que el destino estético fue cruel con él, y sin embargo, no sólo acostumbra a robar cualquier escena en la que comparta cámara, sino que además es capaz de convertirse en un galán de los de verdad sin ningún tipo de esfuerzo. Gracias al cielo por habernos dado ese respiro.

Que no se me olvide decir que también aparece Scarlett Johansson como, lo que podríamos llamar, un "alivio sexual" y haciendo básicamente lo que más hace: pasearse por la pantalla muy ligera de ropa, con grandes escotes, marcando trasero y "exudando sexo" hasta depilándose los dedos de los pies. Conste que yo no tengo nada en contra de las figuras carnalmente sexuales, pero a ver, la metáfora, la insinuación, el subtexto. Se trata de una película mediana en todos sus aspectos. Una dirección mediana, una estética mediana, un montaje mediano. Todo en la más pura medianía salvo el guión que en numerosas ocasiones baja a la zona gélida de la mediocridad. Suele pasar con estas historias basadas en casos de auto-ayuda, que procuran reflejar todos los casos posibles, de la manera más tópica posible para que todo el mundo se sienta extensivamente identificado y con unos conflictos cuya resolución pasan por una receta mágica de consultorio televisivo, en vez de centrarse más en hacer arte y menos en hacer psicología.

Sin embargo, estas películas, tan supuestamente basadas en la realidad, en mi caso particular me hacen reflexionar sobre si las personas son de verdad como aparecen reflejadas en estos filmes. Me pregunto cosas como si una mujer, ante la sospecha de que su marido la engaña, se rebajaría en serio a montarle un numerito de barra americana para volver a llamar su atención, en vez de darle una patada en las posaderas directamente. Y me pregunto si las mujeres están realmente tan preocupadas por encontrar marido que se convierten en descifradoras de gestos, palabras, gruñidos, y consumen en ello su vida, que sólo tienen una, en vez de dejar que las cosas fluyan, y si sí, sí, y si no, no, y si es que no, no pasa nada, que Platón se equivocaba y nadie está más completo por encontrar a su alma gemela. Y me pregunto si realmente somos así las personas o nos hacen creer que somos así de poca cosa con películas como ésta...

Gustará mucho a los consumidores de cierto tipo de auto-ayuda y hará bostezar al resto. Recomendada para fanáticos de la terapia en grupo.
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