Ficha

País

USA

Año

2006

Título original

Fur: An imaginary portrait of Diane Arbus

Duración

122min

Dirección

Steven Shainberg

Guión

Erin Cressida Wilson

Reparto

Nicole Kidman, Robert Downey Jr., Ty Burrell, Emily Bergl, Harris Yulin, Jane Alexander

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Crítica de Retrato de una obsesión
Autor: malabesta
Fecha: 03/05/2007.
Póster Retrato de una obsesión

Retrato de una obsesión

Digerido por malabesta

“Fur: An imaginary portrait of Diane Arbus” se estrena en España como “Retrato de una obsesión”. Mientras que el título original recalca la idea de que la película es una biografía ficticia de Diane Arbus, la versión patria hace que ésta parezca estar protagonizada por Chuck Norris y Sharon Stone y además contener numerosas escenas subidas de tono.

Nada más lejos de la realidad, al menos en lo que a Norris y Stone se refiere; lo otro está por ver. Aunque Nicole Kidman tiene sus escenas tórridas, al verla ligera de ropa lo que uno siente principalmente es la necesidad de darle un bocadillo. Especialmente si es al lado de Robert Downey Jr, que parece que ha empleado sus temporadas en la cárcel para ponerse a levantar pesas.

“Retrato de una obsesión” es una visión y versión imaginaria de la vida de Diane Arbus, una influyente fotógrafa americana cuya obre se compone principalmente de retratos de freaks. Es decir, de marginados, gente con deformidades, enanos o gigantes, no de ávidos jugadores de “Dragones y Mazmorras”. Comienza con una Diane (Nicole Kidman) felizmente casada con Allan (Ty Burrell), un fotógrafo publicitario, al que ayuda en su trabajo. A pesar de que Allan insiste en que Diane emprenda una carrera como fotógrafa por sí misma, ella no lo hará hasta que Lionel (Robert Downey Jr.) se convierta en su vecino y mentor, le descubra lo reprimida que está y lo opresor que es el matrimonio y su adinerada familia, destapando a la fotógrafa revolucionaria que lleva dentro.

La película es de mucho arte, como podrá apreciar el fino observador que se dé cuenta de que a los cinco minutos de proyección ya ha podido ver a más de tres sexagenarios, hombres y mujeres, desnudos. Como el tema de una mujer que se enamora de un monstruo que resulta tener el corazón de oro está un poco visto, para que la película no pierda el aire de vanguardia, es indispensable que el sexo esté presente en el mayor número posible de diálogos y escenas.

Así, comienza un poco como “Amelie”, con una Diane un poco mojigata maravillada por la aparición de su misterioso vecino, un hombre enmascarado de extraño comportamiento. Pero en cuanto el secreto de Lionel se descubre (esto es, tiene el cuerpo cubierto de pelo), la película da un giro y se convierte en una especie de iniciación para su protagonista, a base de diálogos sobre la represión, el exhibicionismo y el sexo, la visita a extraños personajes por lo normal sexualmente desviados, etc. La explicitud de los diálogos resulta molesta, no porque nadie se vaya a sonrojar por ver a dos adultos hablar sin tapujos, sino porque se vuelven tremendamente declarativos; si hay que mostrar que Diane está muy reprimida, Lionel le pregunta si está muy reprimida y ella contestará que sí, que está muy reprimida, y que siempre ha deseado hacer el amor con un crítico de cine sobre el cadáver de un chimpancé pero que su educación pequeñoburguesa se lo impide. Además, a medida que pasa el metraje, la película se convierte progresivamente en una pasarela de extraños personajes, y va perdiendo más y más interés, a medida también que la historia de amor Diane/Lionel se vuelve más preponderante. Hasta que ésta alcanza su clímax con uno de los strip-tease más extraños que uno haya visto en su vida.

La dirección de la película es muy reposada, y Steven Shainberg, que ya en “Secretary” había tocado el tema de los amores extraños, intenta (suponemos) imitar un poco el estilo de Arbus a base del uso frecuente de grandes primeros planos de sus personajes, además de buscar siempre ángulos de cámara un tanto peculiares, para hacerse notar.

Como era de esperar la fotografía de la película está muy cuidada, y a medida que Diane se va encontrando a sí misma parece los colores de la película se vuelven más y más vivos. El mismo efecto puede uno seguir en el vestuario de la protagonista, e incluso en la actuación de Nicole Kidman. Para representar el cambio entre la Diane reprimida y la liberada, Nicole pasa de actuar como si tuviese problemas para moverse (es decir, más de los que el botox le puede provocar) a comportarse como una ardilla que acaba de encontrar una nuez y mira hacia todos lados para ver si la ha visto alguien.

A su lado está Robert Downey Jr., cuyo personaje resulta tremendamente peculiar. Físicamente, gracias a la capa de pelo que le cubre la cara y a sus enormes ojos, parece un ewok o el típico monstruo que viviría en el armario de la niña de un telefilme de Disney, pero luego se comporta como un estibador del puerto. Y a pesar de que durante casi todo el metraje parece el hermano de Chewacca, Robert Downey Jr. es capaz sólo con sus ojos de darle vida a su papel, claro que tampoco se llega a apreciar mucho más.

En fin, una película bastante pretenciosa, que se llega a hacer aburrida. Recomendada para los que se pregunten cómo es su abuela (o la de otro) sin ropa. Puntuacion