Ficha

País

USA

Año

2006

Título original

Idlewild

Duración

121min

Dirección

Bryan Barber

Guión

Bryan Barber

Reparto

André Benjamin, Antwan A. Patton, Paula Patton, Terrence Howard, Macy Gray, Ving Rhames

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Crítica de Ritmo salvaje
Autor: malabesta
Fecha: 10/01/2007.
Póster Ritmo salvaje

Ritmo salvaje

Digerido por malabesta

"Ritmo salvaje" supone la incursión del dúo Outkast, que como actores ya habían hecho sus pinitos, en el mundo del musical. Como dice la RAE: "Incursión: Intromisión en una actividad ajena". Ajena, desconocida y extraña.

Ambientada en el sur americano de los años treinta, plena ley seca, la película viene a contar la vida de Rooster (Antwan A. Patton) y Percival (André Benjamin), amigos y residentes en el pequeño pueblo de Idlewild. Rooster es el típico chuleta que lleva el sombrero calado hasta las cejas, camina como si en lugar de cinturón llevase un hula-hoop y tiene predilección por las corbatas color púrpura. Es la estrella de "La iglesia", un antro de mala muerte, mujeres, música y algún sinónimo de bebida que también empiece por eme. También trabaja allí, pero sólo por la noche, Percival, tímido y apocado pianista lleno de talento que nadie puede ver. De día mantiene el negocio familiar, las pompas fúnebres. El suministro de alcohol lo mantienen Pats (Ving Rhames), el mafioso local, y su matón Trumpy (Terrence Howard). Como era de esperar, todo cambia cuando llega al local Angel (Paula Patton), una guapa y glamurosa estrella de la canción.

Aunque la historia no es excesivamente original, el desarrollo que hace de ella Bryan Barber, guionista y director, la convierte en completamente predecible. A excepción de un par de momentos, que rozan el absurdo, "Ritmo salvaje" parece hilar uno tras otro los topicazos de cien años largos de historia del cine. El tímido artista al que se le caen las partituras que le ayudará a recoger la estrella de turno, el provervial libro guardado en el bolsillo de la camisa, en fin, un rosario de momentos que más bien parecen sacados de anuncios de colonia. Barber los alterna con vídeos musicales, que al fin y al cabo es lo suyo, que aunque probablemente no sean excesivamente malos, terminan por aburrir.

Además, a nivel musical, la fusión de hip-hop, rap, dirty south o como demonios se llame la música de Outkast con el jazz de entreguerras no termina de encajar muy bien, y está dominada por un piano disonante que aporrea sin piedad André Benjamin. Las coreografías están también bastante actualizadas, y no faltan los desnudos, meneos de culo y volteretas propias de cualquier domingo a mediodía en la MTv, y más o menos conservan ese nivel estético. Bryan Barber se sirve de rodarlas con infinitos planos, junto con todo el arsenal visual que cualquier director moderno tiene a mano, stop-motion, cámara lenta y toda la parafernalia. Al final resulta un producto visualmente muy recargado, que no pocos (alguno incluso mayor de edad) intentarán tildar de innovador.

El reparto está descompensado a nivel dramático. Mientras que André Benjamin, que ya tiene un poco de rodaje, se defiende bastante bien y no desmerece al lado de profesionales como Rhames o Terrence Howard, Antwan A. Patton está un punto por encima de la función del instituto. Le faltan un par de tics en la pierna y hablar siempre mirando a la cámara. Musicalmente, todo está más equlibrado. Antwan, André y Paula Patton se defienden en cuanto a lo de rapear, pero a veces intentan profundizar más en esto de la música, dando qué se yo, dos notas, y la cosa ya no luce tan bien.

En fin, musical en lo que lo único blanco son las letras de los cŕeditos. Recomendada para gente que se pise el dobladillo de los pantalones.

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