Ficha

País

USA

Año

2006

Título original

Rocky Balboa

Duración

102min

Dirección

Sylvester Stallone

Guión

Sylvester Stallone

Reparto

Sylvester Stallone, Burt Young, Antonio Tarver, Geraldine Hughes, Milo Ventimiglia, Tony Burton, A.J. Benza

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Crítica de Rocky Balboa
Autor: bronte
Fecha: 12/01/2007.
Póster Rocky Balboa

Rocky Balboa

Digerido por bronte

Un respeto. Estamos ante la presencia de un mito. Tenían que verme la noche antes de asistir al pase de "Rocky Balboa". Tuve una pesadilla horrible en la que por arte de la desorganización o "spanish procedure", no había sitio para mí en la sala y me quedaba sin ver la película. Se preguntarán a qué viene tanto revuelo, y es que por vicisitudes de la vida, es la primera vez en mi primorosa existencia que acudo a una proyección de la saga de Rocky en pantalla grande. Y es que hablamos de uno de los iconos del siglo XX. Tan logrado y polimórfico que en cada una de sus seis entregas ha cambiado de registro y de tono sin dejar de ser él, sabiendo adaptarse a las tendencias del momento, y en mayor o menor medida, sin llegar nunca a decepcionar.

En "Rocky Balboa" nos encontramos con la lectura revisionista y crepuscular del mito. Una cosa así como "Sin perdón", pero sin que muera nadie y con personajes que definitivamente hablan más. De hecho, este sesentón Rocky Balboa habla muchísimo (aunque siempre lo ha hecho). Tanto que los seguidores del héroe pueden llegar a inquietarse en la butaca preguntándose cuándo diantres empieza el combate. A riesgo de machacarles la película se lo voy a decir yo para que luego no digan que iban engañados. El boxeo en este "Rocky VI" ocupa exactamente los últimos diez minutos de la cinta. Los quince minutos previos un poco de entrenamiento y ahí se acaba la cosa. Pero es que esta película no va ni mucho de menos de boxeo. Va de un boxeador, que no es lo mismo. Aunque podía haber tenido cualquier profesión y el resultado sería el mismo. Lo que es indudable es que el deporte pugilístico empata bien con la metáfora de la vida como un encaje permanente de golpes. Sin lugar a dudas una réplica fidelísima de la primera película en su estructura.

Dicen que en este filme Stallone ha volcado gran parte de su experiencia vital. Bueno, qué les voy a decir yo, que soy una de sus más rendidas admiradoras. Y menos que nada porque hasta bien entrados los ochenta tuviera un cuerpo literalmente apolíneo, uno de los mejores físicos que ha dado el cine. Lo realmente importante de Stallone es que es ese hombre que ha sido capaz de crear dos mitos incontestables, Rambo y Rocky y con la primera entrega del púgil conseguir el Oscar de mejor película. A su fortuna hay que sumar su impresionante colección de arte o su rendida admiración por Leonardo Da Vinci, y aún así a estas alturas hay que escuchar a los "listos de cafetería" que es un "musculitos sin cerebro". Bueno, de eso trata "Rocky Balboa": no importa lo que uno luche en la vida, o lo que consiga; siempre que hay que estar empezando de nuevo y siempre que hay que estar recibiendo y contestando golpes.

A los sesenta años, el boxeador gallego, porque Balboa es un apellido gallego aquí y en Tombuctú, es un hombre decrépito que posee un restaurante italiano, donde cuenta una y otra vez las mismas anécdotas pugilísticas a los clientes, mientras se saca fotos con ellos, de una manera un tanto patética. Tampoco muy patética, porque toda la película conserva un halo de respeto sumo a todo aquel que ha hecho algo en la vida, pero lo suficientemente sombría como para que el espectador se sienta incómodo ante la decadencia del protagonista. Rocky ha recibido el golpe de su vida con la muerte de Adrian, su esposa, por causa de un cancer cinco años atrás. Ahora su existencia se compone de regentar el "ristorante" y ayudar a todo aquel que pase por su lado. Porque otra cosa no será, pero Rocky siempre ha tenido un fondo humano innegable en el que, aunque no lo parezca, reside el secreto de su éxito en taquilla. Pero Rocky aún es un boxeador y siente que el combate no ha acabado. La oportunidad se le presenta cuando el actual campeón de los pesos pesados, un hombre que siempre ha ganado por k.o. y jamás ha podido medirse con un rival a su nivel, le ofrece un último combate. Si se preguntan por el desenlace de este enfrentamiento, les informaré de que la película conserva la dignidad desde el primer hasta el último minuto. Incluida en la interpretación de su protagonista.

Hasta llegar a ese climax final en el que nos mordemos las uñas por si le saltan los dientes o no a Rocky, el guionista/director nos presenta una serie de situaciones relativas a los diferentes personajes por todos bien recordados, Paulie, Rocky Jr, y otros olvidados como Marie o Spider, en las que el mito tiene ocasión de explicar largo y tendido su filosofía de la vida. Algunas frases son decididamente buenas y otras pueden llegar a sonar a literatura de auto-ayuda a oídos de los muy snobs. Pero en definitiva, no son más que recetas éticas de supervivencia, por las que todos hemos pasado en algún que otro momento. Es la doctrina del superviviente mostrada una vez más en la pantalla de la manera más sencilla y directa posible. Acompañando a esa receta básica pero honesta, un tratamiento muy nostálgico y melancólico de la historia que hará sufrir a más de uno. La prueba de ese matiz sensible la encontrarán ustedes en el desahuciado y perruno acompañante que Rocky se ha buscado para volver a subir sus muy famosas escaleras. Rocky siempre ha sido muy amante de los animales, como corresponde a los grandes hombres.

Y no sería justo no reconocer que Stallone dirige las escenas de entrenamiento y boxeo como nadie, que para eso está más que especializado. Y que quien vaya buscando eso lo encontrará, aunque escaso y pasado por el tamiz de la narración visual contemporánea. Planos mucho más cortos, más abruptos y más desenfocados, dan paso a "atrevimientos" visuales como presentar la película en blanco y negro, con la presencia de un sólo color. Para compensar todo lo que pudiera no gustar también se cuenta la excelentísima banda sonora de "Rocky", obra de Bill Conti y que con su "Gonna fly now" alcanzó sin lugar a dudas el Olimpo musical. En esta ocasión este tema se repite con unos arreglos bastante tristes y como es fácilmente entendible se prescinde de glorias como "Hearts on fire" o "The eye of the tiger" (lo cual no quiere decir que no se echen de menos), aunque se incluyen obras maestras clásicas abiertamente pesarosas como el "Adios a la vida" de Puccini.

Para acabar, confesar que lo que más me ha gustado del filme, y sin segundas intenciones, son las imágenes que acompañan los títulos de crédito finales, en las que se pueden ver a un gran número de desconocidos subiendo los famosos 72 escalones del Museo de Arte de Philadelphia y levantando los brazos en señal de victoria como en su día hizo el primer Rocky. Ya en su momento el alcalde de la ciudad dijo que este personaje era quien más había hecho por Philadelphia desde Benjamin Franklin. Por Philadelphia y por todos aquellos amantes del fetichismo icónico. Subir corriendo unas escaleras y levantar los brazos al llegar al último escalón se ha convertido en el signo universal más reconocible de que "jamás el combate está acabado hasta que suena por última vez la campana". Un más que merecido homenaje al que me sumo.

No es perfecta, pero merece la pena ser vista. Recomendada para todos aquellos que entiendan que esto merece un respeto. Estamos ante la presencia de un mito.

Y ésta es la crítica en la que me he quitado la ropa interior y la he arrojado contra la pantalla.
Puntuacion