Ficha

País

USA

Año

2008

Título original

Never back down

Duración

110min

Dirección

Jeff Wadlow

Guión

Chris Hauty

Reparto

Sean Faris, Djimon Hounsou, Amber Heard, Cam Gigandet, Leslie Hope

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Crítica de Rompiendo las reglas
Autor: malabesta
Fecha: 16/04/2008.
Póster Rompiendo las reglas

Rompiendo las reglas

Digerido por malabesta

En las notas de producción de "Rompiendo las reglas" se puede leer que Craig Baumgarten, el productor, supo inmediatamente, tras leer el guión, que “…era una gran idea para una película". Claro que sí, pero esa película era "Karate Kid".

Además, no conviene confundir "una gran idea para una película" con "una idea para una gran película". "Rompiendo las reglas" se enfrenta a su primer problema en el propio concepto, el "conceto" que diría Manquiña: se centra en el mundo de las Artes Marciales Mixtas (MMA) un postmoderno estilo de lucha, que aglutina diversas competiciones y divisiones (K1, Ultimate Fighting, Shooto, PRIDE, etc. incluso hay quien lo relaciona con el pankratos griego) pero cuyo nombre más ilustrativo es el de los combates brasileños que fueron su origen: "tudo vale". Si todo esto les ha sonado a chino, están como más o menos todo el mundo en España, país en el que la fiebre de este deporte no ha llegado ni siquiera a constipado. Así que sin duda el mayor interés de la película aquí cae al agua.

Además la película sufre de la esquizofrenia moral de muchas otras; mientras que las artes marciales clásicas suelen ir acompañadas de un corpus filosófico pon-cera-quita-cera que acompaña a la noble actividad de arrearse yoyas en un ring, imagínense qué enseñanzas vitales puede ofrecer algo que viaja bajo el nombre de "tudo vale". Así en "Rompiendo las reglas" nos encontramos que mientras se glorifica una de las más abiertamente brutales actividades deportivas posibles, se nos pretende aleccionar sobre lo mala que es la violencia.

De la misma manera que las MMA vienen a ser una mezcla de todo tipo de artes marciales, "Rompiendo las reglas" es una mezcla de todo tipo de películas de artes marciales. Su pariente más cercano es "Karate Kid", pero "Rocky", "Kickboxer" y demás también tienen sus minutillos. El chico nuevo en la ciudad (Sean Farris), huérfano de padre, se enamora de la chica más popular del instituto (Leslie Hope), recibe una paliza de su novio (Cam Gigandet) y gracias a las enseñanzas del entrenador que guarda un secreto (como los huevos Kinder) de turno (Djimon Hounsou) encuentra su lugar en la vida, se enfrenta al malo de turno en el aparcamiento del torneo y se lleva a la chica.

Desde luego la película carece de la inocencia de "Karate Kid", lo que se evidencia entre otras cosas en la suciedad de las peleas (por mucho que se empeñen en lavar la cara de su protagonista, que es mucho más benévolo con sus adversarios que los demás luchadores). Ahora además los personajes, por muy superficiales que sean (así se quedan, además), necesitan todo un trasfondo de alcoholismo y malos tratos para poder aparecer en pantalla.

Tanto Sean Faris como Cam Gigandet parecen no tener más motivo para sonreír que el de enseñar sus perfectas dentaduras, inmaculadas a pesar de lo brutal de su pasatiempo elegido.
Cualquiera que haya visto uno de estos combates de MMA se habrá percatado de lo poco estéticos que son. En la mayoría de las divisiones gran parte del tiempo uno de los luchadores, o ambos, están en el suelo, intentando estrangular a su oponente o recibiendo mamporros de éste. Así que en "Rompiendo las reglas" las peleas, el meollo de la cuestión al fin y al cabo, no terminan de tener la espectacularidad que las artes marciales más estilizadas suelen ofrecer, y por lo general tienen más pinta de pelea de patio de colegio, sustituyendo eso sí los empujones de gallito por patadas en la cabeza.

Más allá de las horas de entrenamiento que sin duda han puesto detrás de su papel, los tres protagonistas no tienen mucho más que ofrecer. Quizá se pueda salvar a Djimon Hounsou gracias al único momento dramático de toda la cinta, que salva sin problemas. Por lo demás, tanto Sean Faris como Cam Gigandet parecen no tener más motivo para sonreír que el de enseñar sus perfectas dentaduras, inmaculadas a pesar de lo brutal de su pasatiempo elegido.

En fin, mediocre película, sólo recomendada para los que de pequeños le robaban el bocadillo a otros.

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