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Autor: farrell
Fecha: 20/04/2008.
Las ruinas
Digerido por farrell Cuatro amigos de vacaciones en México deciden, después de haberse pasado la semana en la playa borrachos, hacer una excursión a unas antiguas ruinas mayas que ni siquiera salen en los mapas. Una vez allí son obligados por los lugareños a subir a lo alto de la pirámide, donde serán sitiados por los indígenas, temerosos del terror que esconde el lugar. Los cuatro temerarios norteamericanos pronto sufrirán en sus carnes el refrán ese que dice que “mala hierba nunca muere”.
Verán en revistas y páginas especializadas que se define a “Las ruinas” como una película de terror-thriller. Yo diría que es un thriller poco al uso con dos o tres sustillos bastante bien puestos. No hay asesino, ni monstruo, ni niños diabólicos ni nada, tan sólo una planta con bastante mala leche que, aparte de provocar ese par de sustos, sirve más como espoleta de las paranoias de estos personajes que como fuente de terror en sí misma. Es decir, la planta es carnívora, eso es verdad, pero lo que da canguele de verdad es ver lo irracionales y carniceros que se vuelven los cuatro amigos, que en dos días prácticamente barren 10.000 años de evolución humana. La estética final del personaje interpretado por Jena Malone da buena muestra de ello.
No se puede negar que la historia está contada con cierta originalidad, ya que estéticamente se aleja de dos de los tópicos más importantes del thriller o del género de terror: no hay música, así que la tensión no es acentuada por ningún elemento externo a la acción, y el recurso de la oscuridad se usa solamente en un par de momentos, ya que la mayoría de la película transcurre bajo el sol brillantísimo de lo que se supone que es la península de Yucatán. Así, el espectador tiene siempre una perspectiva general del escenario en el que se mueven los personajes, que es bastante limitado.
¿Cómo entonces consigue Carter Smith la emoción, la intriga y el dolor de barriga? Bueno, pues porque, fruto de la tensión del momento, de ver que están atrapados en lo alto de una pirámide perdida, sin cobertura, sin agua y rodeados de una planta carnívora que los indígenas temen (por eso no los dejan bajar, por si los contagian o algo), los cuatro amigos empiezan a desconfiar los unos de los otros y a tontas y a locas toman una serie de decisiones desacertadísimas (que incluyen hacer ahí una carnicería humana) que los llevan a ir muriendo uno por uno. La planta, que de vez en cuando vemos que hace ruídos extraños y es muy mala, es sólo una excusa para ver en el jardín (nunca mejor dicho) en que se meten estos cuatro, que al final sólo les falta comerse los unos a los otros.
Una de esas películas a la que uno no le sacaría defectos pero que tampoco volvería a ver, porque como ésta hay muchas.
Recomendada para turistas precavidos.
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