Ficha

País

España

Año

2004

Título original

El séptimo día

Duración

104min

Dirección

Carlos Saura

Guión

Ray Loriga

Reparto

Juan Diego, José Luis Gómez, Eulalia Ramón, Yohana Cobo, Ramón Fontseré, Victoria Abril, Carlos Hipólito

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Crítica de El séptimo día
Autor: bronte
Fecha: 20/11/2006.
Póster El séptimo día

El séptimo día

Digerido por bronte

Pero será posible. Después de la polémica "GAL" me pongo a ver "El séptimo día" para despejarme un poco, y, ¿no me encuentro otra vez con José García enseñando los pechos? Esos pechos turgentes que Dios le dio. Me pregunto si será una cláusula exigida por el interesado en sus contratos. Pero no nos distraigamos. Volviendo al tema que nos ocupa, pocas veces se ve en el cine español una película tan desangelada y con tan poca gracia. Y reparen bien el en contenido de esta última frase. "El séptimo día" nos habla de un Carlos Saura que utiliza la cámara como podía abanicarse con un pay-pay. Mecánica y desmayadamente. Y nos habla de un guión tan malo, que hasta parezca increíble que sea español. Ray Loriga se llama el autor. Recuedo haber leído hace años que era la esperanza de la literatura española, y recuerdo también haber leído un libro suyo titulado "Héroes", con dos o tres destellos de gracia, pero irremediablemente condenado a sumirse en el polvo de la estantería, en el estante de arriba de todo. Con todo, es mucho mejor escritor que guionista. Que ya es decir.

Y como yo nunca hablo gratuitamente, les voy a explicar por qué sostengo todo esto, en relación a esta recreación de los crímenes de Puertohurraco. En principio tenemos la voz en off de Yohana Cobo, esa belleza evidente cuestionada por el 98% de la población mundial, machacando el oído del sufrido espectador durante todo el metraje con un soniquete extrañamente parecido al de un robot: "bip, bip, en los pueblos pequeños todo se sabe, bip, bip", "bip, bip, el pasado de un pueblo es como la mancha de la tinta china, que ya no hay manera de deshacerse de ella, bip, bip", o la frase cumbre de la película, textual, no me la invento: "y así se va la gente que una más quiere: llevándose trozos de lo que les has dado". Para que lo entiendan: usted por ejemplo le regala un jersey a alguien que quiere mucho, y cuando se va, se lleva sólo una manga. En fin.

Resumiendo, por un lado tenemos voz en off, como sabemos, recurso pobretón como pocos en el cine, salvo en excepciones. Por otro lado tenemos la voz en off introduciendo el origen del conflicto: hace muchos años uno de una familia sedujo a una de otra familia, dejándola luego tirada, y la familia de la ultrajada se venga, matando al seductor pueblerino. Vale. De acuerdo. Estos recuerdos encarnados por unos actores. Y luego, de pronto, todos esos mismos personajes, sin que nadie sepa por qué pasan a ser interpretados por otros actores, de manera que en los primeros minutos no hay manera de saber quién es quién, quien pertenece a que familia, y quién se comió su queso. Véase, la presentación de los personajes, nefasta.Y ahí es donde primero se descubre un buen o un mal guión.

Más tarde la película se pierde en numerosas historias sobre los personajes del pueblo. Se conoce que el guionista quiere dar su minuto de gloria a todos aquellos que al final van a morir a manos de los hermanos Fuentes, y así nos encontramos con subtramas que a nadie interesan, metidas con calzador, de una duración mínima, y en general con un resultado surrealista. Obviando la subtrama del novio de la niña protagonista, de necesidad similar a la de una nevera en el Polo Norte, ¿a quién le importa que la mujer del dueño del bar se la pegue con todos los camioneros de la zona, y que uno de ellos quiera llevársela? Para ver cómo recibe un balazo en los últimos diez minutos, todo eso no hacía ninguna falta. Con que salga pegando gritos del bar diciendo "¡Manolo, Manolo!" y se abrace al cadáver, ya todo el mundo sabe que es la mujer, y nos ahorrábamos la escena de sexo cutre. Y aún diré más. ¿Alguien, por el amor de Dios, me puede explicar a que viene retratar a las tres niñas, hijas de José García, a la sazón hermano del primer muerto, bailando a saltos en su habitación la canción "Una rosa es una rosa" de Mecano... integra? Repito: el director pone el disco, deja pasar la canción entera, y las únicas imágenes que la acompañan son las tres niñas bailando al corro de la patata en su habitación. ¿Realmente esto y de esta manera, aporta algo a la historia? Inaudito. Y no me quiero olvidar de la ambientación. La familia Fuentes, los asesinos, viven como en los años 20 en Las Hurdes, con sus moños y sus refajos. Los Jiménez, muy al contrario, son personas humanas con su microondas y su utilitario recién comprado. Muy coherente y algo que ayuda mucho a establecer una tensión congruente entre ambas familias.

También están las interpretaciones. José García con su problema habitual de nasalidad francófona y pechonalidad, así que no me detendré más en ello. Eulalia Ramón, como siempre, al borde de la muerte, con las constantes vitales en el suelo, muy en la línea de ese estilo interpretativo tan español que yo misma, y muy acertadamente, he bautizado como "naturalismo amomiado". Yohana Cobo, pero qué maravilla, cómo abre los ojos esta niña, como platos los pone, oiga, y qué expresividad, en su cara se puede leer hasta un estado anímico en dos horas. Ramón Fontseré, como actor de teatro que es, nos hace ahí una stanislaskiada, o una meyerholdada, no logró decidirme, que pone los pelos de punta al espectador. Él hace así, "como de que se vuelve loco" y empieza a gritar y a mover la cabeza, que da gloría verlo. Victoria Abril, que interpreta a una de las hermanas perturbadas de los asesinos en masa, ella misma dice de su interpretación, muy humildemente: "salgo 30 segundos y doy mucho miedo". Tiene toda la razón, pero no por el motivo que ella cree. Y por último, Carlos Hipólito, rematado, indescriptible en su interpretación mezcla de afectación y afectamiento. Pero qué le pasa a este hombre: ¿es que nunca ha visto un tonto del pueblo? Pues bien que va en ocasiones a la entrega de los Goya.

Los únicos que se salvan, sin lugar a dudas y con nota, Juan Diego, y José Luis Gómez, como asesinos trastornados, en una película en la que en ningún momento hay posibildad de empatizar con los personajes, ni se refleja la España negra, y en la que ni siquiera se tiene la valentía de poner a los personajes sus nombres reales, que parece que empieza a ser moda esto de poner un acontecimiento histórico perfectamente reconocible, y cambiarles a todos el nombre. Una cosa es dramatizar, totalmente necesario, y otra esta mojigatería incomprensible. Una historia real que da para mucho, perdida en un guión que vagabundea por los campos de Castilla sin tener muy claro en qué gasolinera quiere parar, desaprovechando la ocasión de plantear una trama atemporal de odios y patetismos. Malos diálogos, mala estructuración de la historia, malas interpretaciones y muy mala dirección. Sería posible detenerse más a fondo en por qué no hay que gastar dinero en esta película, pero esperemos que lo antes descrito no haga más explicaciones necesarias.

Recomendada para asesinos, como parte del castigo. Puntuacion