Ficha

País

España

Año

2003

Título original

La suerte dormida

Duración

105min

Dirección

Ángeles González-Sinde

Guión

Ángeles González-Sinde, Gopegui

Reparto

Adriana Ozores, Félix Gómez, Pepe Soriano, Carlos Kaniowsky

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Crítica de La suerte dormida
Autor: bronte
Fecha: 26/10/2003.
Póster La suerte dormida

La suerte dormida

Digerido por bronte

Cuando en una película americana un personaje tiene que rebozar unos boquerones, lo ponen tres meses a estudiar con el mejor rebozador de boquerones del mundo, de manera que cuando llega la secuencia, el actor reboza con tal maestría y naturalidad que ni nos percatamos de lo que está haciendo porque es como si lo hubiera hecho toda la vida. En "La suerte dormida", José Soriano (por otra parte, un gran actor), coge un boquerón como con asco, lo pasa por encima del plato de la harina a diez centímetros, le dice al boquerón "saluda a la harina con la manita", lo medio baña en el huevo y ¡hala! ¡p'alante!. Este bien podría ser un ejemplo representativo de porque nuestra cinematografía no acaba de funcionar. No es por el dinero, ¡qué va!... es porque las cosas se hacen a medias y chapuceramente. Resumiendo: La cosa va de una mujer que ha perdido a su marido y a su hijo en un accidente de coche, y que vuelve a la vida investigando un caso de accidente laboral con resultado de muerte por negligencia de la empresa.

La película es europea, eso no lo puede negar nadie, porque es de una lentitud pasmosa. Y es española, sin lugar a dudas, porque pese a ser lentísima, la historia avanza a trompicones. Vamos por partes. El cine, nos guste o no, es un tipo de arte dramático. Drama significa acción. Pues de lo que se trata esencialmente es de crear acciones. Los europeos están empeñados en que cada secuencia sea monovalente y carente de acción. Si la protagonista está triste, se emplean diez secuencias en mostrar esa tristeza. Pepi triste paseando por el parque, Pepi triste dando de comer a las palomas, Pepi triste planchando toda la colada... Y mientras la historia empantanada. El truco está en que se puede mostrar a Pepi muy triste mientras hace cincuenta cosas más, el resto de los personajes accionan por su cuenta y pasan cosas. No como en "La suerte dormida", que de pronto, sin previo aviso, la abogada y su joven ayudante se enrollan. Pero ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Cuándo es que se han enamorado? ¿Dónde está la justificación a este giro de la historia? ¿Se enamoraron cuando él se puso gracioso en la biblioteca? ¿Por qué a todo el mundo le parece esto un arreglo de última hora?.

El desarrollo de los personajes es más bien pobre. Adriana Ozores, que a mí me consta que es una gran actriz, se pasa todo el metraje sin cambiar la cara de acelga pocha, sin una sola transición, mientras le grita a todo el mundo a la primera de cambio, sin que nada justifique tal rabanería. Se hace realmente insoportable y aniquila cualquier identificación del espectador con su personaje. Eso sin contar detalles que podríamos calificar de pueriles en la historia. No porque lo sean en sí, sino porque rompen con el rigor interno de la trama. Por ejemplo, no está mal que se incluyan amoríos si la película va de drama social/intriga/trama judicial, pero si el filme pretende dar el pego de "drama social de denuncia" (con mensaje antiglobalización y demás parafernalia incluida), esto de enamorisquear a la protagonista (una mujer golpeada por la vida) de un niñato al que saca 20 años, como que le quita seriedad a la cosa. Otra detalle: si se supone que se está denunciando todo un entramado de miles de millones, responde a un planteamiento de andar por casa que lo relacionen con que si fulanito es hijo de menganito. Eso sin contar a la inspectora, que por supuesto, sin venir a cuento, y sin que nada lo justifique, decide ayudar a nuestra intrépida protagonista (del golpe y porrazo) convirtiéndose en una especie de garganta profunda al pronunciar una de las frases más hilarantes del film: "Busque a un padre y a un hijo". Podrían haberla llamado la fumadora.

Es de reseñar que como buena película española no se les entiende nada. Cuanto más jóvenes, menos se les entiende. Con la excepción de Joaquín Climent, que ya no es un niño y que se trabajó tantísimo el acento eusquera, que no se sabe si habla en español o en vasco. Y esto me recuerda otro detalle que da idea de los pocos vuelos que tiene esta película. Cada vez que quieren comprar a alguien, absolutamente todo el bufete de abogados de la superempresa malhechora, cual excursión de los hermanos escolapios, se traslada de sitio en sitio para amenazar al portero de la esquina o a quien haga falta. Que no hombre, que no... que cuando se trata de tantos miles de millones, las cosas no se hacen así. Puede que España sea un país patatero en muchas cosas. Pero no tanto. Incluso para prevaricar tenemos métodos más refinados y sofisticados. Ay...

En definitiva, ruego a los sufridos espectadores de esta película, que me escriban un mail informándome sobre como están Adriana Ozores y Félix Gómez sentados en el coche después de la fornicación, teniendo en cuenta que no es un monovolumen y que tienen el espejo retrovisor interior a sus espaldas. Corren rumores de que se colocaron unas banquetas en el espacio trasero para las piernas. A ver quien da más.

Recomendada, en fin, para todos aquellos a los que "Erin Brockovich" les pareció demasiado buena y exigían con ahínco una versión dominguera que bien podríamos titular "Erin Broccoli". Puntuacion