Ficha

País

USA

Año

2008

Título original

Get Smart

Duración

110min

Dirección

Peter Segal

Guión

Tom J. Astle, Matt Ember

Reparto

Steve Carell, Anne Hathaway, Dwayne Johnson The Rock, Alan Arkin, Terence Stamp, James Caan, Bill Murray

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Crítica de Superagente 86 De pelÝcula
Autor: bronte
Fecha: 25/07/2008.
Póster Superagente 86 De pelÝcula

Superagente 86 De pelÝcula

Digerido por bronte

No, no se parece en nada a la serie. Da igual que el título sea el mismo, que los personajes se llamen igual, que aparezca el zapatófono. Incluso da igual que a Mel Brooks, co-creador de la serie le haya parecido la bomba y se haya reído mucho en el preestreno. La misma historia de siempre. Una serie con sus peculiaridades, buenas o malas, que acaba en el turmix de la fórmula mágica para gustar al máximo de gente. Ello se consigue añadiendo los conflictos del momento y las tensiones de moda.

No es que yo sea una experta en el producto televisivo, pero no recuerdo que 99 se pasara los capítulos poco menos que insultando a 86. El tipo es un inútil, ya lo sabemos. Resulta que ahí radica la gracia de la cosa. Y sí, la situación de las mujeres en el siglo XXI es algo diferente a los años sesenta de la pasada centuria, pero una equiparación de derechos no quiere decir que no haya película en la que la moza no sea una superwoman que no tiene reparo en hacer notar a su compañero de reparto que es un menerre. Y menos en "Superagente 86".

El intríngulis de la serie estaba en su total inocencia y en el absurdo que suponía la mínima reacción existente ante los despropósitos de Maxwell Smart. En esta ocasión la torpeza del agente va y viene. A veces es listo, a veces tonto, a veces muy listo, otras veces parece estar en estado catatónico. Si mueve un dedo, 99, su sagaz compañera, lo pone de chupa de dómine y rompe totalmente con espíritu del producto televisivo mostrándonos a una Lara Croft pero más resabiada aun si cabe. Los demás ni se enteran.

La versión americana de Mortadelo y Filemón sabía sacar juego de los gadgets más costumbristas. Aquí los aparatos son de mucho nivel. Créanme, del grado de ingenio del antiguo cono del silencio, una especie de secador de peluquería, a la sofisticadísima ingeniería virtual del actual cono, va un trecho. Maxwell Smart ha crecido, se ha hecho mayor, como también se ha hecho mayor nuestra sociedad. Pero hacer crecer a Maxwell Smart es algo así como hacer crecer a Peter Pan. En resumen se hace la cosa aburrida.

Para ponerlo al ritmo de los tiempos, además de sofisticarlo para depurar en él toda la gracia american-cañí que le caracterizaba, le añaden una tensión sexual que de verdad, ni estaba, ni falta que le hacía. Pero como parece ser que o hay sarao o la película no vende (eso dicen), ahí tenemos a dos adultos acusando lo doloroso de la falta de comunicación entre sexos. Qué bárbaro. Menos mal que aparece The Rock, luciendo sonrisa y las penas con pan son menos.

Aunque tenga un aire a Don Adams, la interpretación de Steve Carell es poco menos que penosa. Pero, ¿qué le ha pasado a este hombre que últimamente no mueve un músculo? Buster Keaton sólo hay uno y la efectividad del laconismo/hieratismo acostumbra a radicar en la falta de emoción en la resolución del gag. Pero hombre, estar como a la luna de Valencia durante dos horas es mucho. No tiene gracia. Tampoco el espíritu original de la serie era tan quietista. Por supuesto, Bill Murray en su intervención de veinte segundos es la aparición más memorable de la película. Terence Stamp compone el persona más desaborido de su carrera y los demás, más o menos. Anne Hathaway muestra muslo y demuestra que necesita doble incluso para bailar.

La trama es ramplona de necesidad, el humor simploide. Tan sólo dos momentos lucieron mi donosa dentadura. Ambos protagonizados por Ken Davitian, un esbirro del villano y el único con vis cómica de todo el metraje. El resto de los alivios cómicos, para hacer algo de lo que después arrepentirse. Es como una película normalucha de acción con un protagonista un poco torpe. Ni rastro del chispeo de Maxwell Smart. Pero sale el Museo Guggenheim de Bilbao aunque aquí se llama Disney Hall y está en Los Ángeles y para rematar no le falta sus gotitas de moral/moralina: "Son los actos los que hacen a un villano, no su manera de ser". Ahora eso sí, mucha gracia a costa de los obesos mórbidos que a esos aún no les ha llegado la moda de la corrección política.

Es un producto de buen acabado, que tampoco hablamos de una corrala, pero gris y olvidable. Recomendada para los que con dos yogures se hacen un teléfono.

 

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