Ficha

País

UK

Año

2006

Título original

The history boys

Duración

109min

Dirección

Nicholas Hytner

Guión

Alan Bennett

Reparto

Samuel Anderson, James Corden, Stephen Campbell Moore, Richard Griffiths, Frances de la Tour, Andrew Knott, Russell Tovey, Jamie Parker, Dominic Cooper, Samuel Barnett

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Crítica de The history boys
Autor: bronte
Fecha: 13/05/2007.
Póster The history boys

The history boys

Digerido por bronte

Esto no es muy halagador para los guionistas, pero empieza a ser una mala costumbre que cuando una película dice algo interesante, o bien está basada en una obra de teatro (la mayor parte de las veces) o bien en una novela que no necesariamente ha sido un best-seller. Y cuando digo interesante, no me refiero explícitamente a que estemos de acuerdo en ello o no, sino a que simplemente intente salirse de lo de siempre. Ni expresiones formulaicas del recorrido del héroe ni panfletos condenando la diabólica sociedad de consumo. Algo diferente. En este caso, como bien indica el título, la historia gira en torno al concepto de la Historia.

Principios de los años ochenta. Aprovechando una promoción de un británico colegio masculino de la que muchos de sus miembros tienen la posibilidad de entrar en Oxford o en Cambrigde, ahí es nada, la película se centra en el trimestre en que tan aventajados alumnos pasan intentando adquirir ese "algo más" que se requiere para entrar en elitistas (intelectualmente hablando) instituciones. No se trata tanto de conocimiento, como de saber estar, tener un barniz personal que se haga merecedor de poder entrar en uno de esos famosos colleges.

Dos profesores serán los encargados de tan ardua tarea: Héctor, profesor de literatura, anarquista e Irwin, recién salido de Oxford y buscando siempre el más difícil todavía en la capacidad analítica de sus alumnos en cuanto a la historia. La trama principal se ve cruzada así mismo por una subtrama con la que se retroalimenta, y que sinceramente es la parte débil del conjunto. Me refiero a cierta homosexualidad de continua presencia entre alumnos, y entre alumnos y profesores. Parece que desluce en relación a otros pasajes mucho más profundos y tal conducta exige una madurez personal en los alumnos, además de cierto desparpajo, que acaba resultando un tanto increíble y desmerecedora del talento creativo del autor de la obra y el guión, Alan Bennett. No es que esté mal enmarcado, puesto que las relaciones que se establecen o no establecen entre los personajes sirven al narrador para establecer paralelismos con los mecanismos de la Historia, pero ni siquiera ambientar la trama en los ochenta justifica que un alumno le pida una felación a un profesor. Y menos en un colegio como el descrito. Todo tan "british".

Evitando ese componente, que no desentona por el contenido, sino más bien por el continente, estrambótico y estridente, nos queda una maravillosa reflexión sobre el conocimiento en muchas de sus expresiones. La literatura (magnífica la secuencia en la que se recita el poema de Hardy), materia sobre la cual se articulan momentos logradísimos y sobre la que se pronuncian frases como ésta: "Los mejores momentos de la lectura son cuando encuentras algo, un pensamiento, un sentimiento, un punto de vista que habías creído que era especial o particularmente tuyo. Y helo ahí escrito por otra persona, por alguien que no conoces. Quizá por alguien que murió hace mucho tiempo. Es como si una mano hubiera salido para tomar la tuya". Imagínense mi gozo escuchando estas palabras en la magnifiquísima interpretación de Richard Griffiths, al que muchos recordarán por ser el impedido que enseñó las nalgas en "Aterriza como puedas".

También se reflexiona sobre las diferentes perspectivas sobre la historia, no se vayan a creer que siempre se ha estudiado de la misma manera, o sobre los estudios de género, sin ir más lejos. La película brilla cuando se solaza en la mayéutica socrática, y desciende al subsuelo cuando convierte a sus protagonistas en sujetos de las pasiones más primarias. No esperen  tampoco una serie de opiniones compactas sobre diversos temas intelectuales sino más bien una serie de diálogos que cuestionan dudas e intentan abrir puertas y ventanas.

Tanto director como guionista, Nicholas Hytner y Alan Bennett, ya hicieron pareja artística en "La locura del Rey Jorge" y aunque el estilo de dirección es más convencional y utilitario, merece la pena verla por ser quien es el dramaturgo.

Recomendada para todos aquellos que quieren más, pero de verdad.
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