Ficha

País

UK, Francia, Italia

Año

2006

Título original

The Queen

Duración

97min

Dirección

Stephen Frears

Guión

Peter Morgan

Reparto

Helen Mirren, Michael Sheen, James Cromwell, Sylvia Syms, Alex Jennings

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Crítica de The Queen (La Reina)
Autor: bronte
Fecha: 07/11/2006.
Póster The Queen (La Reina)

The Queen (La Reina)

Digerido por bronte

"The Queen" contentará igual a los espectadores de "La noche temática" como a los de "Aquí hay tomate". Aquellos días del final del verano de 1997 cautivaron tanto a adictos de prensa del corazón como a los que en aquellos momentos, con alborozo u horror, vieron tambalearse la antiquísima y continuadísima monarquía británica. El Rey Faruk de Egipto acosumbraba a decir que en unos cuantos años sólo quedarían cinco reyes, los cuatro de la baraja y la Reina de Inglaterra. Imagínense el alboroto, cuando por causa de la muerte de Diana, la popularidad de Isabel empezó a caer justamente al contrario que como la espuma.

No se equivocan aquellos que califican "The Queen" como un telefilme de lujo. Lo es. Pero no tanto por sus localizaciones y atrezzos, sino por el tratamiento de su argumento tan fácilmente deslizable hacia lo ridículo. Para evitar la tentación, en todas aquellas escenas de escurridizos límites, Frears prefiere decantarse por las imágenes de archivo, con lo cual se produce un curioso efecto. Igual que Hitchcock utilizaba los colores para diferenciar los momentos en los que los personajes mienten o dicen la verdad en "Vértigo", en "The Queen", los personajes queridos por el director aparecen intepretados, y los que no, directamente enlatados. Por eso, la familia real, y la familia Blair están compuestas por actores, lo que obviamente los hace más cercanos al público. La propia Diana, su hermano, o el público que lloró enfervorecido por alguien a quien no conocía, aparecen a través de pantallas en la inmensa mayoría de las ocasiones, con la mediación y distanciación que ello supone.

"The queen" supone una interesante reflexión sobre el fenómeno de la monarquía en la actualidad. No tanto desde una óptica de "monarquía sí/monarquía no-república sí/república no", sino desde la perspectiva de cómo puede mantenerse en comunicación una institución tan añeja con un mundo totalmente diferente a aquel en el que fue concebida. El nudo principal del filme atañe a los momentos en que la ciudadanía británica, delante o detrás de sus medios de comunicación, castigó duramente a los Windsor por no reflejar su luto (si es que existía) en público por la muerte de Lady Di. El gran acierto del guión reside en explicar convincentemente los argumentos de la familia real, que sin embargo, desentonan ya en un mundo histéricamente mediático como es el nuestro. Si la bandera no se ponía en Buckingham, era porque la Reina estaba en Balmoral, purgando su pena y la de sus nietos, y la bandera sólo se iza si la reina está en palacio. Una tradición de cuatrocientos años con la que la audiencia no estaba de acuerdo en aquellos momentos de emociones encontradas. Y esto último sólo como ejemplo de la perplejidad en la que el director sume a su protagonista ante la reacción tan adversa de sus súbditos, porque no olvidemos que la película está reflejada mayormente desde su punto de vista. La tradición y la discreción en la que fue criada como guías de reinado, repentinamente no valen nada al lado del glamour de las estrellas del rock. De pronto la propia reina tiene que salir a leer los mensajes en los ramos depositados a las puertas de Buckingham como un cantante sale a firmar autógrafos. Es más una historia sobre un personaje concreto atrapado en unas circunstancias concretas, que una abstracción sobre una determinada forma de estado.

En medio de todo esto, Tony Blair, cuyas relaciones con Isabel no son retratadas lo que se dice como fluidas, aunque parece ser de conocimiento general que a la soberana no le agrada mucho el líder laborista. Sin embargo, y pese a todo, Frears cifra en la presión de este último para que la Reina tomara determinadas actitudes populistas el hecho de que la monarquía británica no sufriera un deterioro irremediable en aquellos días. En su película, el director trata con un mimo exacerbado la figura de la monarca, y no duda en culpar a la histeria colectiva, (imagenes de archivo que no racanea, y con las que de paso llena un buen lapso de tiempo), de la incomprensión hacia una persona a la que retrata como sacrificada y muy digna. Y aunque en el filme se pueden ver los famosos tupper wares, en los que según la rumorología la reina guarda su comida por cierto problema de tacañería, ninguno de estos defectillos se puede ver en "The Queen".

La película abusa de los planos cortos, pero acierta en cierto tono documental que no muestra la opinión del director de manera explícita, sino que muy implícita. El momento más memorable es aquel en el que Frears establece la metáfora basada en un hermoso y magnífico venado imperial deambulando por un coto de caza. Las interpretaciones son todas de primer orden, en especial la de James Cromwell como el Príncipe de Edimburgo, y por supuesto, la de Helen Mirren, que no sólo "clava" a la reina real, sino que reviste a su personaje de Majestad, nada más y nada menos.

Ahora bien, esta no es una película para todo el mundo. En primer lugar por su marcado talante telefílmico. En segundo lugar, porque me parece a mí que de no interesar el tema puede no resultar del todo entretenida debido a su estatismo, y en tercer lugar porque abiertamente defiende y encumbra a un personaje que por sus connotaciones políticas puede resultar no del agrado de todo espectador. Recomendada para Leonor, para que vaya aprendiendo.

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