Ficha

País

USA

Año

2008

Título original

The Spirit

Duración

103min

Dirección

Frank Miller

Guión

Frank Miller

Reparto

Gabriel Macht, Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson, Sarah Paulson, Eva Mendes, Paz Vega, Jaime King

Enlaces

Externos

Críticas

por autor

por título

# A B C D E F G H
I J K L M N O P Q
R S T U V W X Y Z
Crítica de The Spirit
Autor: malabesta
Fecha: 30/12/2008.
Póster The Spirit

The Spirit

Digerido por malabesta

Aunque no soy un fiel seguidor del original, ni mucho menos, y por lo tanto no tengo particular interés en defenderlo, pocas veces una película ha hecho tanto por ridiculizar y pisotear la obra original en la que se basa (en los nombres, el antifaz y poco más, la verdad). No se trata de que “The Spirit” sea una mala película, como “Daredevil”, por ejemplo. Es que es un completo despropósito de principio a final.

Spirit (Gabriel Macht) es un ex-policía que volvió de entre los muertos para luchar contra el crimen en Capital City, personificado en la figura del vil Octopus (Samuel L. Jackson) y su ayudante Silken Floss (Scarlett Johansson). Además de ser invulnerable y bastante apañadito para saltar de tejado en tejado, tiene dos particulares poderes: una increíble facilidad para aflojar ciertas prendas femeninas -junto con las damas que las habitan- y la capacidad de hablar consigo mismo durante horas. Parece ser que Frank Miller antes prefiere perder un brazo que la voz en off.

Uno desearía que el guión, obra también de Miller, fuese incomprensible. Pero no. A falta de un término mejor, podríamos decir que es infantil. Una historia que no tiene ni pies ni cabeza, acompañada de personajes mucho más bidimensionales que las hojas impresas que los parieron y unos diálogos que son, sin duda, lo peor que se ha visto en una pantalla de cine en mucho tiempo. Miller siempre ha tenido esa tendencia a la dureza y el chulerío verbal propio del cine negro, y en sus comics a menudo lo conseguía. Pero en “The Spirit” parece que le ha dado una vuelta de más al sombrero, y sus personajes ya no hablan entre ellos. Se limitan a recitar líneas propias de un libro de citas o del extracto de la contraportada del último éxito de la literatura de autoayuda.

Y es que está claro que Miller no tiene ningún tipo de mesura. Bruce Willis en “El último boy scout” es más chulo que un ocho y remata todos sus diálogos con un mítico “one liner” (estilo “si me tocas te mato”), la gracia reside en eso mismo, en que los remata. Uno no tiene problemas en imaginarse a Willis comprando el pan sin tener que ponerse un cigarro entre sus labios ensangrentados para pedir la vuelta con alguna respuesta ingeniosa y amenazadora. Pero no; en esta película no se habla ni inglés ni castellano. El idioma es el chulesco trascendental, y la tercera vez que un personaje le dice a otro -así sin calentamiento ni nada- que camina al borde de un abismo o que la vida es como una caja de bombones y algunos tienen chincheta, aquello ya parece una parodia de Martes y Trece y ya no hay manera de tomársela en serio.

Frank Miller es una de las pocas personas que puede conseguir que Jackson, Johansson y Eva Mendes resulten completamente ridículos, y todos a la vez.
Los mismos excesos se trasladan al plano visual, heredero (e igual de cargante, a la larga) de “Sin City”. Colores planos, infografía a todo trapo y blancos y negros omnipresentes, pero combinados con un acabado chapucero que resulta evidente: las patillas mal pegadas de Samuel L. Jackson, los zapatos de Gabriel Macht que aparecen y desaparecen entre planos o los maquillajes barrocos pero apresurados de Scarlett Johansson a veces dan la impresión de que más de un becario andaba por ahí haciendo sus prácticas.

No ayuda mucho el hecho de que el diseño de producción en general, y el vestuario en particular, sean espantosos. Frank Miller es una de las pocas personas que puede conseguir que Jackson, Johansson y Eva Mendes resulten completamente ridículos, y todos a la vez. Muchos capítulos de los “Power Rangers” tratan con más dignidad a su reparto. En particular a Paz Vega, que puede estar orgullosa de la profundidad y dignidad de su personaje, que hace honor a cientos de años de lucha feminista.

Sinceramente, después de haberla visto, sólo encuentro consuelo en la evocación de las carnes prietas de Eva Mendes, pasión que no es compartida por todo el público y que por lo tanto de poco sirve. Recomendada entonces para reos en el corredor de la muerte.
Comentar esta crítica/Ver los comentarios Puntuacion