Ficha

País

Canada, UK

Año

2005

Título original

Tideland

Duración

122min

Dirección

Terry Gilliam

Guión

Tony Grisoni, Terry Gilliam

Reparto

Jodelle Ferland, Janet McTeer, Brendan Fletcher, Jennifer Tilly, Jeff Bridges

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Crítica de Tideland
Autor: bronte
Fecha: 22/11/2006.
Póster Tideland

Tideland

Digerido por bronte

De no ser por mi natural sofisticado y prosopopéyico, de todos bien conocido, sin lugar a dudas empezaría esta crítica diciendo: "Joé, qué cosa tan rara". Ahora bien, fíjense que es lo que "diría" y no lo que "digo". "Tideland" otra cosa no será, pero rara, es rara de puntos suspensivos. De hecho, reparen en mi estado de estupefacción durante todo el metraje, que con la frecuencia de un minuto, me entregaba a mí misma esta nota mental "Pero, ¿esto qué es?". Sobra decir que después de 90 notas mentales con el mismo mensaje, porque la cosa no daba para otro, me entró una modorra que había que verme. Permanecer en un mismo estado, sin idas ni venidas, aunque ese estado sea el de la más absoluta estupefacción, es lo que tiene.

Al parecer "Tideland" es una película basada en una novela de Mitch Cullin, que a su vez es una revisión de "Alicia en el país de las maravillas". Debo de reconocer que a mí el famoso libro de Lewis Carroll me deja un poco así como tibia en comparación a otros muchos, de tal manera que sus diferentes variaciones tampoco es que me hagan sollozar de placer. Si encima es una versión como ésta, pasada por el turmix de los barbitúricos (¡aún más!), imagínense lo poco que conectarán las personas de bien con semejante ensalada. La historia (aparentemente) carece de principios u objetivo. No dudo que su visionado, una vez más bajo la ingesta de estupefacientes, dé para mucha interpretación kafkiana y dantesca, pero así de buenas a primeras, en la sobremesa, sin ningún tipo de perturbación mental, resultará bastante inconexa. O quizás no, porque bien pensado tampoco pasan cosas rarísimas como puede ser que un hombre verde se desintegre en la sopa de la cena. Ahora que, cosas raras pasan. Como que hay por ahí una disecadora sin mucho criterio a la hora de elegir los seres a los que disecar. Pero lo realmente raro es la óptica con que todo está retratado.

Lo cierto es que Jeliza-Rose es la hija de una pareja de yonkis. Su madre, Jennifer Tilly, muere a la primera de cambio de una sobredosis, y su padre, el otro yonky, Jeff Bridges, se lleva a la niña a la casa de la abuela en las praderas. La abuela también murió hace tiempo, pero yo quiero creer que no por cortar mal la heroína. El ver a una niña preparando el chute de su padre ya es como poco una visión un tanto desasosegadora. Si encima es a través de la cámara de Gilliam, que con este formato anamórfico se ha quedado tan contento, ya se pueden figurar el resultado. Es como estar dentro de una pesadilla en la que aunque no pasa nada, una siempre tiene el corazón encogido creyendo que a la pobre niña le va a ocurrir una desgracia, pero de verdad.

Al llegar a la casa en la pradera, la historia de Jeliza-Rose no puede ser más desafortunada. Casi se muere de hambre y conoce gente muy rara entre los que sobresale un lobotomizado con el que Gilliam hace a la niña jugar inocentemente, pero con connotaciones sexuales durante gran parte del metraje. Imagínense el agobio pensando que a la pobre cría le va a pasar algo muy malo. Y no quiero entrar en la valoración ética del tema, pero sí que quiero hacer constar lo habitual de la presencia sexual de los niños en el cine contemporáneo, dato a tener muy en cuenta o por lo menos que merece ser estudiado. Menos impresiona el tema de los sueños y el escapismo, sobre todo en la filmografía de Terry Gilliam, pero pone los pelos como escarpias ver a la niña manteniendo animosos diálogos con las cabezas de sus muñecas. Que no tienen cuerpo. Hablando de la niña, y este es un punto importante de la película, Jodelle Ferland, la infanta protagonista, es absolutamente increíble. Puede que la película les parezca una absoluta pérdida de tiempo y de dinero, pero aún así merecerá la pena verla por contemplar la niña actriz más impresionante de la historia del cine. Y con eso queda todo dicho al respecto. Con respecto a lo demás, "Tideland" es una película perfectamente realizada, con una cinematografía personalísima, y con una historia semejante a un perro verde que ladrara en chino.

El truco de este filme radica en si el espectador se deja atrapar por su ambiente onírico e indescifrable. Si hay una conexión sensorial con el universo propuesto por Gilliam, se lo pasarán bomba, acompañando a Jeliza-Rose en su peripecia emocional, que de eso se trata básicamente. Si por el contrario es usted una persona relativamente normal, con su hipoteca y todo el petate, saldrá muy enfadado del cine, levantando los puños al cielo, gritando "estafa" y reclamando justicia, ante el tamaño absurdo que habrán contemplado sus ojos. Casi estoy por asegurar que esta será la reacción de la mayor parte de la parroquia. Algunas personas hasta han encontrado lecturas políticas a la película, pero a mí sinceramente me parece que son ganas de marear la perdiz y buscarle tres pies al gato. Además de cobijarse bajo buen árbol. El director se ha consagrado a sí mismo y ha pasado bastante del establishment, del público, y de las reglas mínimas de comprensión. Gilliam seguramente es una persona encantadora, pero... empieza a dar un poquito de miedo, ¿no?

Recomendada para puntos suspensivos. Puntuacion