Ficha

País

USA

Año

2007

Título original

Transformers

Duración

144min

Dirección

Michael Bay

Guión

Michael Bay

Reparto

Shia Labeouf, Monica Fox, Josh Duhamel, Rachael Taylor,John voight, John Turturro

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Crítica de Transformers
Autor: malabesta
Fecha: 04/07/2007.
Póster Transformers

Transformers

Digerido por malabesta

Desde su primera aparición allá por los años cincuenta, los robots gigantes han sido un producto netamente japonés, que a partir de los setenta/ochenta consiguió ser importado a occidente. “Transformers” ha sido una de las implementaciones más exitosas del género. Nacidos como juguetes de la compañía Takara a principios de los ochenta, Hasbro (que los importó a Estados Unidos), para facilitar su venta decidió crear una historia de fondo en la que dos facciones de androides extraterrestres se enfrentaban en la Tierra; esto terminó por convertirse en una serie de comics, varios productos televisivos y algún largo de animación. La última iteración de los robots transformables viene de la mano de Michael Bay, de nuevo un cuatro de Julio.

“Transformers”, en cambio, es un producto netamente Michael Bay. Una película con un trasfondo y desarrollo convencional pero visualmente espectacular, cuyos únicos factores diferenciantes son sus protagonistas mecánicos, y la apabullante cantidad de explosiones que con el paso del tiempo ha aprendido el director americano a colocar en dos horas de metraje.

¿Es entonces una película mala? No. Entretiene todo el rato, salvo quizá media hora que tiene de más. ¿Será vapuleada por la crítica? Desde luego. Una historia mediocre, unos personajes esquemáticos, una puñetera cámara lenta sin la que la película duraría veinte minutos, total ausencia de desnudos y la repetición del discurso y los procedimientos que todas las invasiones de suelo americano, y aquellos que han luchado contra ellas, han enarbolado desde que Colón lo pisó. A los que quieran ver la película frescos como lechugas les aconsejo que se salten el resto de la crítica, hasta la recomendable recomendación final, pues en ella se procede a destripar concienzudamente la trama. Luego no quiero lloros.

A pesar de la presencia de todo el material original, “Transformers” sólo toma de él los personajes robóticos y algún que otro artilugio. Probablemente el referente más cercano que tenga la película de Bay también venga de Japón, y sea la serie que devolvió a mediados de los noventa la vida al género de los mecha, “Neon Genesis Evangelion”.

Las semejanzas entre ambas historias son grandes en lo externo. “Evangelion” contaba la historia de una organización gubernamental japonesa (llamada NERV), en un futuro cercano, que tras un holocausto global es responsable de la defensa nacional -principalmente del ataque de unos seres gigantes y de mal humor llamados Apóstoles- y lo consigue mediante el uso de androides igualmente grandes -los EVA-, pilotados por unos adolescentes seleccionados en base a su capacidad genética para tal arte. La tecnología detrás de estos artilugios se basa en un extraño ser (oculto en una instalación subterránea de alto secreto), también gigante y espacial, que el padre del piloto protagonista encontró en el casquete polar, capaz de animar a los robots y cuyo rescate resulta ser razón de los ataques evangélicos.

Michael Bay nos cuenta la historia de Sam Witwicky (Shia Labeouf), un adolescente que se da cuenta de que su coche se puede transformar en un enorme androide extraterrestre. Cuando otros robots, la facción de los Decepticons, comienzan a atacar a los humanos, Bumblebee (que así se llama el robot) llama a sus compañeros, los Autobots, para luchar contra sus enemigos jurados.

Los androides han llegado a nuestro planeta para recuperar una reliquia, igualmente alienígena, capaz de otorgar la vida a las máquinas. ¿Dónde está? La tiene una secreta organización americana (el Sector 7), junto con uno de los androides (Megatrón, el líder de los Decepticons, al que ellos pretenden rescatar también) en una base subterránea (bajo la presa Hoover). Con ambos artilugios pretendían crear algún tipo de arma. ¿Quién encontró todo esto? El Capitán Witwicky, abuelo del niño protagonista, que a la sazón se ha convertido en el guía terrestre de los Autobots. ¿Dónde y cuándo? Hace unos años, en una expedición al Polo Norte, congelados bajo la capa de hielo.

Incluso hay ciertas semejanzas visuales entre el rostro de Megatron (y en menor medida el resto de los robots) y las líneas estilizadas de los EVA, muy diferentes -los EVA tienen un aspecto mucho más orgánico- a la estética tradicional de los robots gigantes. El género de los mecha siempre ha sido una manera de explorar las relaciones entre hombre y máquina (y las transformaciones de unos en otros), uno de los grandes temas de la filmografía japonesa, desde la visión un poco naif de “Mazinger Z”, hasta la compleja mitología y psicología de “Neon Genesis Evangelion”, pasando por las enfermizas visiones de Shinya Tsukamoto en “Tetsuo” o de Takashi Miike con “Full metal yakuza”.

En occidente este tema no ha tenido tanta suerte. Salvando “Inteligencia artificial”, la olvidada “Almas de metal” y quizá alguna de las entregas de “Robocop”, los androides suelen aparecer en pantalla por su capacidad para disparar mucho y muy rápido. Al igual que los juguetes originales eran la mezcla de un producto japonés con el marketing americano, la película de Michael Bay le da un rebozado más al tema en el storytelling estadounidense, de manera que los Decepticons y Transformers son simplemente máquinas muy hábiles para la destrucción en masa de bienes inmuebles, bastante alejados de diatribas sobre la esencia de la humanidad y de los problemas existenciales de los protagonistas de "Neon Genesis Evangelion", que de tanto retorcerse parecían hasta europeos.

Los humanos no tienen defensa posible contra el ataque, pues además los invasores han eliminado los sistemas de comunicación, haciendo imposible la organización. Pero ahí aparecen la hacker (Rachael Taylor) que descifra el código alienígena, y el valiente soldado (Josh Duhamel), el único capaz de plantarle cara a los Decepticons, a pesar de que su mujer y su joven hija lo esperan en casa. Juntos, y con la ayuda del secretario de defensa (John Voight) descubren que los robots han pasado por alto un antiguo sistema de comunicación que pocos pueden usar ya: el módem de 56k. Eso, el código morse y los walkie-talkies de toda la vida, con los que los protagonistas organizan todo tipo de ataques, bombardeos y explosiones.

Muchas películas similares tienen problemas para combinar tiroteos, peleas y persecuciones con el desarrollo de la historia. Michael Bay sale de este entuerto eliminando la historia y sustituyéndola por tanques. Sería injusto decir que las escenas de acción de “Transformers” están mal rodadas, o que no llegan a ser emocionantes. Son en su mayoría muy espectaculares, y Bay lo sabe, por eso se recrea en ofrecerlas a cámara lenta. Parece además que el cineasta ha entrado en esa fase que atraviesan algunos directores, en la que sólo se referencian (o se copian) a sí mismos. Nos ofrece en esta película todo su repertorio de planos y montajes, sus chistes y gags, incluyendo la inevitable escena en la que los protagonistas caminan en formación hacia la cámara, la cámara lenta.

Si uno no acude a ver la película con la esperanza de profundas reflexiones vitales y torrentes de sentimientos de personas humanas, pasará un buen rato. Se le puede achacar, no obstante, que casi dos horas y media para un blockbuster de acción es mucho, y tal vez sobra media hora de “Salvar al soldado Ryan” que se ha colado por ahí.

En fin, entretenimiento al 98%. Recomendada para aquellos que de pequeños no jugaban con muñecos de Dostoyevski y Lope de Vega.
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