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Autor: malabesta
Fecha: 16/08/2007.
El ultimátum de Bourne
Digerido por malabesta Nueva –y parece que última- entrega de la trilogía protagonizada por Matt Damon, que ha terminado por imponer un nuevo estándar en las películas de espías (al que las nuevas entregas del 007 rubio intentan acercarse). Si Bond todo lo arregla con un llavero láser que llama a su Bentley con misiles ocultos en los dados que cuelgan del retrovisor, Bourne con un bote de desodorante, un móvil de pega, un tomo de la Espasa y liándose a mamporros con todo el que se cruza en su camino, lía unas de aúpa.
La película comienza donde terminó la segunda parte. Perseguido y tiroteado en Moscú, Jason Bourne (Matt Damon), lucha por recuperar su memoria y vengarse de los asesinos de su novia. Para conseguirlo, necesita encontrar a Simon Ross (Paddy Considine), un periodista de The Guardian que parece tener una fuente en la CIA con información sobre el programa que creo a Jason; información que pondría en peligro a Noah Vosen (David Strathairn), responsable del mismo y que no tiene ningún interés en que Bourne consiga información sobre su pasado.
Las primeras escenas de “El ultimátum de Bourne” transcurren en la estación Waterloo de Londres, en la que el personaje de Matt Damon ha de enfrentarse a numerosos equipos de la CIA para ponerse en contacto con el periodista de The Guardian. Tras los emocionantes enfrentamientos, no se produce un descanso en el que Jason –y el público- asimile la información conseguida. En esta película se pasa de una escena de acción a una persecución y luego a una pelea, que termina con una carrera por los tejados que da paso a un accidente de coche del que los personajes salen a tiros, para luego, cuando todo el mundo ya respira aliviado, pisarse un cordón y caerse al suelo.
El ritmo frenético y la práctica carencia de historia pueden hacer la película odiosa a algunos, pero como producto de acción es una maravilla. Tiene momentos auténticamente espectaculares que ni el abuso que Greengrass hace de la dichosa cámara al hombro puede estropear. No hay en “El ultimátum de Bourne” nada nuevo, ninguna persecución que no hayamos visto alguna vez y ninguna pirueta que Jackie Chan o algún otro no haya hecho antes. Pero está muy bien rodado, de una manera tan espectacular, que uno no puede evitar maravillarse ante las gestas de Bourne; hazañas que siempre son humanamente posibles pero que ningún ser humano podría realizar juntas. Tanta sucesión de saltos, patadas y cabriolas puede llegar a cansar al espectador.
La mínima historia se centra en torno a un grupo de agentes de la CIA muy malos y desalmados, que guardan la clave del pasado de Bourne. Parece ser una velada crítica al clima de seguridad post 11S, la Patriot Act y todo eso, pero “El ultimátum de Bourne” no se pierde demasiado en diálogos, y aunque efectivamente los servicios de inteligencia son los malos, dentro de ellos también trabajan individuos honorables que compensan la balanza para que todo el mundo esté contento.
Matt Damon en principio podría parecer poco apropiado para interpretar a un asesino desalmado, pero con su imagen de muchachote americano cien por cien (y más horas de gimnasio que nadie), consigue hacer cuajar su imagen de machote patriota. Aunque eso sí, Jason Bourne no es el tío más expresivo del planeta. “El ultimátum de Bourne” tira además de todo un carrusel de actores secundarios, como Daniel Brühl, Paddy Considine, o Julia Stiles (que siempre se agradece), a los que no trata demasiado bien y de los que se deshace a la primera de cambio, pero que le dan solidez a un reparto que cierran muy bien David Strathairn y Joan Allen desde los despachos de la CIA.
En fin, una notable película de acción, y nada más. Recomendada para los que creían que la letra con sangre entra.
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