Ficha

País

UK

Año

2006

Título original

The last king of Scotland

Duración

121min

Dirección

Kevin Macdonald

Guión

Jeremy Brock

Reparto

Forest Whitaker,James McAvoy, Kerry Washington, Gillian Anderson, Simon McBurney

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Crítica de El ˙ltimo rey de Escocia
Autor: bronte
Fecha: 22/02/2007.
Póster El ˙ltimo rey de Escocia

El ˙ltimo rey de Escocia

Digerido por bronte

Hubo un tiempo en que a Occidente le iba mucho poner y quitar dictadores en el tercer mundo, con el resultado lamentable que todos conocemos. Afortunadamente parece que esos hábitos van cayendo en desuso, aunque ahí tenemos a Asia cogiendo el relevo en el tema de fomentar la corrupción en Africa y otras zonas deprimidas. El caso que nos ocupa se ubica en Uganda, donde un personaje llamado Idi Amín subió al poder gracias a un golpe de estado que derrocó a otro elemento llamado Obote, demostrándose al final que eran tal para cual. O al menos que ambos pertenecían al mismo saco. El protagonista de este filme fue aupado básicamente por Gran Bretaña, aunque luego se rebelara contra esta nación, haciéndose más amigo del mundo musulmán. Un cuadro de comedor, vaya.

Kevin Macdonald, director procdente del documental, se pasa a la ficción con un tema que aún así tiene mucho de "basado en hechos reales". A través de la figura de un ficticio doctor escocés (aunque es cierto que Idi Amín tuvo como médico personal a un hijo de Escocia) nos cuenta el auge y caída de uno de los dictadores más sangrientos y al parecer extravagantes de la historia. Subido al poder para ayudar al pueblo, y convertir a Uganda en una nación independiente y yo nunca he comido si no habían comido antes mis soldados, y toda la perorata que se le supone, el buen hombre así se vio encaramado al pedestal, se dedicó a hacer lo que dos dedos de sentido común podían haber previsto. Se calcula que aniquiló a 300.000 ugandeses en poco menos de una década de mandato, impuso un reinado del terror, expulsó a la minoría hindú del país, y hasta llegó a tener fama de canibal, cosa que parece ser desmentida en la película. Todo esto con un gran "charm" personal y un caracter popular y bonachón de esos que te descerrajan un tiro en la boca a la primera de cambio.

La película, lejos de ofrecer una reflexión geopolítica, se ciñe básicamente al "biopic" y nos muestra muy de cerca al dictador con sus paranoias, sus cambios de humor, su crueldad y su diáfano desequilibrio mental. Deja muy clara la responsabilidad británica en el desaguisado, siendo como es británica la película, pero tampoco incide excesivamente en los intereses de estos para apoyar a semejante monstruo (al principio). Ahora bien, si es cierto que la representación de Idi Amín es bastante convencional porque tampoco hay mucho en lo que rascar, el gran acierto del filme es el personaje del Doctor Garrigan, auténtico protagonista del filme, y exponente de ese claro tipo de occidental-anti-occidental que tanto pulula por nuestras calles. Ese tipo de psicología que con tal de oponerse a las estructuras y formas creadas en este lugar del mundo, son capaces de respaldar cualquier aberración en cualquier rincón del planeta.

De hecho, el personaje de Garrigan es de una solidez intachable. De ser un jovenzuelo recién licenciado que se va a Uganda a buscar aventura y diversión, a ser posible en la cama de todas las nativas, accidentalmente pasa a ser el médico del dictador, y más tarde su consejero personal. Al principio está convencido de que Amín es un libertador de esos maravillosos, pero el tiempo, y algún que otro asesinato, le van persuadiendo del tipo de abominación que supone el susodicho. El arco psicológico del personaje está trazado con mano certera y acaba ratificándonos a todos los que estamos por aquí en que "virgencita, que me quede como estoy". Tras defenderle a capa espada ante los comisionados británicos, que ya miran con recelo al asesino en masa, el pobre acaba gimiendo "me quiero ir a Escocia, a mi hogar". A buenas horas. Y no sin antes haberse pegado una vidorra que el director ha decidido plasmar muy en plan "Uno de los nuestros" con un montaje muy rápido, música rock, y mucha fiesta y mucho despiporre. Y al parecer también con mucho sentido del humor, aunque a mí, maldita la gracia que me ha hecho esta película.

El terror de la cinta está concentrado en Forest Whitaker actuando como un orate, y salvo cierta secuencia final de esas que hieren la sensibilidad del espectador, el filme evita en gran medida retratar el estado de terror y crueldad que Amín impusoen Uganda. "El último rey de Escocia" peca de falta de contexto, elemento que parece inexcusable en este tipo de película, y prefiere concentrarse en la espiral de fiestas, locura y crímenes que rodean la vida del dictador. Por ello, parece en ciertos momentos más "Black Boogie Nights" que otra cosa, y quizás sobren algunas situaciones tipo chascarrillo que parece que le quitan profundidad al tema.

Forest Whitaker, sería injusto no reconocerlo, está magnífico encarnando al vesánico dictador, y más allá de seguir fielmente al original configura su propia creación de dictador zumbado, de esos que abundan en Asia y en África. Zumbado estentóreamente, vamos. James McAvoy, el médico con menos sentido que el sombrerero loco, logra hacer creer al espectador su personaje, y tan certeramente, que a duras penas logra la empatía con el público, porque sólo a él se le ocurre confiar y apoyar a un personaje de semejante calaña. La película podía servir como tirón de orejas a ciertas políticas del primer mundo, pero más bien funciona en última instancia como colleja a todos aquellos occidentales que aún siguen creyendo que se puede traer la libertad a través de una dictadura.

Una película con la que no se va a aprender mucha historia, pero que a lo mejor ayuda a que alguno valore más los sistemas que nos hemos dado por aquí. Recomendada, claro está, para hinchas dictatoriales del s.XXI. Puntuacion