Ficha

País

USA

Año

2006

Título original

An inconvenient truth

Duración

100min

Dirección

Davis Guggenheim

Guión

Reparto

Al Gore

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Crítica de Una verdad incómoda
Autor: malabesta
Fecha: 02/11/2006.
Póster Una verdad incómoda

Una verdad incómoda

Digerido por malabesta

Cualquiera que haya acudido a un congreso internacional de lo que sea, ha de rendirse a la evidencia de que a la hora de hacer presentaciones, muy poca gente está a la altura de los americanos;  es el fruto de un sistema educativo en el que hay equipos de debate y un sistema económico en el que hay que vendérselo todo a todo el mundo (en lugar de conseguirlo con unas oposiciones). Las presentaciones de gente como Steve Jobs, dirigente de Apple, son seguidas casi con fervor religioso. Durante muchos años, Al Gore ha ido dando por el mundo una charla para alertar sobre el cambio climático, centrado en el efecto invernadero, y  también usa un Mac.

Ante todo, Gore es lo que en Estados Unidos se conoce como un "enviromentalist". Esto es, alguien que no tiene ni idea de ciencia ni de la física que hay detrás de la atmósfera, pero que no obstante es un creyente fervoroso y predica los inminentes peligros de la contaminación y el efecto invernadero. Esto en sí no es malo, puesto que sólo con este tipo de fervor uno puede arrastrarse por el mundo con la intención de cambiarlo, pero tiene su lado negativo, pues Gore pasa del razonamiento a la evangelización. Su objetivo no es presentar una serie de datos y dar una visión sobre ellos, sino convencer a sus oyentes de que el CO2 es el hombre del saco. Y en aras de esta evangelización, la verdad no es un obstáculo insalvable.

Ciertamente, Gore casi no miente, pero muestra las verdades que le interesan. Su charla sobre el calentamiento global incluye numerosas imágenes sobre grandes desastres climáticos, inundaciones en India, el Katrina, que abiertamente poco tienen que ver con el efecto invernadero. No habla de otros fenómenos como El Niño o las teorías de forzamientos externos, por ejemplo, que también tiene su parte en estas cosas de los cambios climáticos. Retuerce otras verdades, dándole incluso varias vueltas a lo largo de su charla. Afirma, que según un estudio, de algo más de seiscientos artículos publicados en revistas de "peer-review", ninguno alzaba la voz en contra de la relación contaminación-cambio climático. Por un lado, seiscientos artículos no son, ni de lejos, representativos de la comunidad científica (casi no son representativos ni de una semana de actividad), como sabrá cualquiera que tenga acceso al aberrante número de estudios que se publican sobre cualquier tema y especialidad. Además, inherente al sistema de "peer-review" (esto es, revisión de pares, en el que las contribuciones de un científico son decididas aptas o no por otros científicos especialistas en el mismo campo) es la castración de las ideas opuestas al establishment. Casi nadie es capaz de dejar que en su revista se publiquen resultados opuestos a los suyos propios.

El núcleo de la charla es una gráfica, muy espectacularmente presentada, en la que se detalla como el crecimiento del CO2 en la atmósfera y la temperatura media de la Tierra tienen una evolución paralela. Como suele decir en sus charlas una (relativamente) conocida historiadora de la ciencia llamada Virginia Trimble, la manera más efectiva de terminar un eclipse, es salir a la calle con un tambor. No falla nunca. El hecho de que dos cosas estén correladas no implica que haya una relación de causalidad; casi todo el mundo que muere de cáncer lleva calcetines, y nadie alza la voz para frenar la perversa industria. Mucho menos es así en un sistema tan complejo como la atmósfera.

Respecto a los escépticos que no creen, ojo, en la relación entre el cambio climático y las emisiones de origen humano, Gore tiene una actitud mucho menos que elegante. Parece ser que todos los que alzan la voz en contra de esta visión relacional son secuaces de las Grandes Petroleras, así, con mayúsculas, cuyo único objetivo es sembrar el caos social. Y no estoy exagerando ni un ápice. Recuerda mucho, y curiosamente, a "Gracias por fumar", pero vista desde el otro lado.

Estos coqueteos con la realidad tienen el peligro de que para mucha gente esta es la única exposición a la controversia del cambio climático, y aunque a cualquiera con una cierta formación e información habrá cosas que le huelan a chamusquina, el público objetivo de Gore no posee estos datos, por lo que nada tienen para contrastar la visión bastante sesgada del casipresidente. Además, redundando en el tema de los olores, se nota cierto tufillo demasiado verdoso, que hace que Gore no se atreva a dar un paso más allá en sus planteamientos. Mucho habla de la necesidad de revisar nuestras fuentes de energía, pero nada dice de las alternativas, ni del boyante debate sobre la necesidad de volver a las centrales nucleares como alternativa a los combustibles fósiles. A pesar de que son notablemente más ventajosas en todos los aspectos, el tema nuclear es un tabú para los verdes, que Gore no se atreve a romper.

No obstante, como charla instructiva, la de Gore es de una calidad insuperable. Además, la posición que defiende, la de reducir las emisiones de CO2 y pivotar hacia un cambio de las fuentes de energía, independientemente de que eso vaya a terminar con el calentamiento global o no, es un objetivo altamente deseable. Eso sí, como película, "Una verdad incómoda" deja bastante que desear. La hora aproximada de charla está intercalada con unos cuarenta minutos de escenas en las que Gore nos muestra partes de su vida personal, y de los eventos que le han convertido en un hombre tan concienciado, y que de no ser porque él no es como el "water, my friend", bien podrían estar sacadas de un anuncio de BMW. Además, son de una emotividad artificial que las hace odiosas. Ya me dirán ustedes qué tiene que ver el cambio climático con el hecho de que el hijo del casipresidente fuese atropellado cuando tenía seis años, o con que pasase su infancia en una granja. Este predominio del personaje sobre el mensaje, quizá heredero de su actividad política, le resta bastante fuerza a la película.

Además, todo por que rías, que dirían Les Luthiers, Al Gore también le da unos cuantos manotazos a la verdad. De su bucólica infancia dice que no distinguía el placer del trabajo, incluso cuando ayudaba a recoger el tabaco de la plantación paterna. Claro. Por eso los esclavos cantaban esas canciones tan animosas y alegres mientras recogían tabaco. O también cuenta la divertida anécdota de uno de sus compañeros de clase, que ante la visión de un mapamundi, preguntó a su profesor si América del Sur y África habían estado alguna vez unidas. Eso son tonterías, contestó el profesor (que según Gore expresaba la opinión del establishment científico de la época), que terminó por ser asesor científico de Bush hijo. Bueno, yo no sé cuánto tardaría Gore en sacarse el EGB, o si iría a uno de esos colegios en los que se sigue enseñando biología con el Génesis en la mano, pero la teoría de la deriva continental es bien conocida desde 1900, y establecida como dominante allá por los cincuenta tempranos.

Por supuesto, la película es totalmente estadounidensecentrista, y su objetivo primordial es concienciar al público americano de que son capaces de grandes cambios, el nacimiento de la nación, la abolición de la esclavitud, el sufragio universal, así que también pueden frenar el cambio climático. Esto por aquí escocerá bastante, sobre todo por Gore afirma, no sin parte de razón, que Estados Unidos es la primera nación del mundo creada sobre el respeto a los derechos individuales de las personas. Pero también les resultará agradable a muchos descubrir como los americanos son más burros y contaminan más que nosotros. El que no se consuela es porque no quiere.

En fin, una película hecha con medias verdades: "Una verdad incómoda" puede que no sea del todo verdad, pero sí bastante incómoda. Aún así merece la pena verla. Recomendada para los que pegan el chicle a la butaca del cine.

 
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